10 escritores misóginos a lo largo de la historia de la literatura

“Que las mujeres, cuando desprecian o cuando engañan, lo hacen sin saber por qué, pues razonan rarísimas veces”, escribe Enrique Jardiel Poncela. Anna Caballé recopila en Breve historia de la misoginia (Ariel) estas joyitas.

Ciudad de México, 27 de julio (MaremotoM).- ¿Es posible hablar de pensamiento misógino en la sociedad actual? ¿Qué huellas ha dejado la misoginia explícita en tantas obras y autores clásicos?

Un recorrido peculiar por los juicios y las descalificaciones que ha merecido la mujer, por el mero hecho de serlo, a lo largo de los siglos. De la Baja Edad Media al presente más inmediato y desde los grandes misóginos medievales —don Juan Manuel, Jaume Roig, Francesc Eiximenis, el Arcipreste de Talavera— hasta la actualidad, pasando por Quevedo, Gracián, Leandro Fernández de Moratín y Cela, entre otros, por primera vez se propone un itinerario contra fémina ilustrado con citas de las letras hispánicas, algunas de ellas firmadas por mujeres.

Una antología de Anna Caballé especialmente dedicada a las mujeres jóvenes de hoy para que sepan lo que se dijo y aún se dice de ellas y para que procuren que en el futuro nadie tropiece ya con esta piedra infame.

Breve historia de la misoginia
Anna Caballé y una antología imprescindible. Foto: Cortesía

1.LUIS DE LUCENA, Repetición de amores

Piensa, asimismo, cuántos males por las mujeres han venido: cómo Salomón, Holofernes y Sansón fueron por ellas engañados. No creas ser tan fuerte que de ellas no pienses poder ser burlado; pues es verdad que hay en la mujer, alguna firmeza, sino que ahora te ama y mañana te deja, allegándose a otro o juntamente contigo querrá bien a otros. ¿Qué piensas que es tal amor así repartido por muchos? Un hambre mayor que queda y deseo, como si de un buen guisado no alcanzase a nadie más de untarse los dedos. Ninguna mujer pudo así amar a alguno que, viniendo otro de nuevo con nuevas lisonjas y dádivas, no mudase el amor.

2.FRAY MARTÍN DE CÓRDOBA, Jardín de nobles doncellas

El otro dicho es en fin del Eclesiástico, donde dice: “Mejor es la maldad del varón que el bien hecho de la mujer”. Este dicho es maravilloso decir: que el pecado de uno sea mejor que la virtud de otro y para entenderlo es de notar que aquí varón y mujer y se toma por misterio y semejanza, que digamos que aquél es flaco y delicado. Acaece, pues, que el varón firme peca, pero de su pecado luego se levanta y hace penitencia. La mujer hace bien, pero de esto ha vanagloria y soberbia. Pues ved aquí cómo es mejor el pecado de varón que la buena obra de la mujer, que Dios más ama pecador penitente que justo soberbio. Pues la señora, aunque es hembra por naturaleza, trabaje por ser varón en virtud y así haga bien que no se ensalce por vanagloria, más se abaje por humildad.

3.FRANCISCO DE QUEVEDO, España defendida y los tiempos de ahora

las mujeres inventaron excesivo gasto a su adorno y así la hacienda de la república sirve a su vanidad. Y su hermosura es tan costosa y de tanto daño a España, que sus galas nos han puesto necesidad de naciones extranjeras, para comprar, a precio de oro y plata, galas y brujerías.

4.FRANCISCO JAVIER DEL CORRAL, Consejo que don Francisco Javier del Corral, Abogado de los Reales Consejos, escribía a un amigo

(Al matrimonio) no le falta como a tal su árbol de la ciencia y la principal que debe estudiar la mujer casada es el recato (…) Y esto es lo que enseña nuestra madre la Iglesia al tiempo de las velaciones (que de aquí parece deriva su denominación) mandando poner la banda o velo en que se figura el lazo conyugal al hombre por el cuello y a la mujer cubriéndola la cabeza, dándola a entender que el recato que a las mujeres de todos estados es tan propio y necesario lo debe conservar con más razón la casada, por haber de vivir más dentro de los peligros y por haber de dar ejemplo a sus hijas y familia. Esta alhaja del recato que en todas las edades se ha tenido con razón en las mujeres por la más propia a su estimación es la que la escuela de nuestra relajada novelería quiere hoy desposeer de su merecido atributo, graduándola de defectuosa cortedad y culpable grosería.

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5.JOSÉ CLAVIJO Y FAJARDO, en El pensador

¿Qué adelanta un hombre en afanar por el día sobre los libros, si a la noche se ha de ver precisado a hablar de peinado de la nueva moda, de abanicos y encajes?

6.JUAN NICOLÁS BÖHL DE FABER, Carta a Francisca Larrea

La mujer desde la infancia es llamada a la región de la fe, a la cual no llega el hombre más que después de haber agotado los recursos de una razón turbulenta y rebelde.

7.MARIANO JOSÉ DE LARRA, Antony (drama nuevo en cinco actos, de Alejandro Dumas)

Porque desde el momento en que erija usted ese caso como posible, solamente posible, pero siempre raro, en dogma, desde el momento en que generalizándolo presente usted en el teatro una mujer faltando plausiblemente a su deber y apoyándose en la Naturaleza, se expone usted a que toda mujer, sin estar realmente apasionada, sin tener disculpa, se crea Adela y crea Antony su amante; desde ese momento la mujer más despreciable se creerá autorizada a romper los vínculos sociales, a desatar los nudos de la familia y entonces adiós últimas ilusiones que nos quedan, adiós amor, adiós resistencia, adiós lucha entre el placer y el deber, adiós diferencia entre mujeres virtuosas, criminales y mujeres despreciables. Y, lo que es peor, adiós sociedad, porque si toda mujer se creerá Adela, todo hombre se creerá Antony, achacará a injusticia de la sociedad cuanto se oponga a sus apetitos brutales, que encontrará naturales.

8.FERNANDO SAVATER, La mujer

El bello sexo, señores, ha sido arrojado a la tierra para personificar al amor; el orgullo, la vanidad y las demás pasiones que dominan en su corazón, están subordinadas a ésta, que es su todo. Cumpliendo con su apacible destino, la mujer ama cuando niña a sus juguetes con mucho más cariño que nosotros; ama cuando madre a sus hijuelos con fuego más ardientes que nosotros.

9.PÍO BAROJA, Juventud, egolatría

Si la naturaleza tuviera voto en este asunto (el de la sexualidad), seguramente optaría por la poligamia. El hombre es sexual constantemente y de igual manera hasta la decrepitud. La mujer tiene etapas: la de la fecundación, la del embarazo y la de la lactancia.

Con arreglo a la naturaleza, no cabe duda de que el sistema de unión sexual más conveniente, más lógico y más moral, sería la poligamia.

10.ENRIQUE JARDIEL PONCELA, Amor se escribe sin hache

Son las doce de la mañana. Salgo de casa. El calor del mediodía me acaricia la piel. Sigo adelante cada vez más contento. Una muchacha guapísima avanza. ¡Dios! ¡Qué guapa es! Tendrá vacíos el corazón y el cerebro, como todas, claro; pero ¡qué guapa es! ¡Qué piernas las suyas! ¡Qué ojos! ¡Qué boca! ¡Vivan las mujeres lindas!

Todo esto lo leí y aprendí de las novelas llamadas “de amor” o “psicológicas”. Pero ha pasado el tiempo y la vida me ha enseñado estas otra cosas:

Que a las mujeres igual les enamoran los hombres altos que los bajos, que los de ojos verdes, que los de ojos saltones, que los escultores, que los peritos mercantiles, con tal de que tengan dinero para sostenerlas y energías para satisfacer su sensualidad.

Que las mujeres, cuando desprecian o cuando engañan, lo hacen sin saber por qué, pues razonan rarísimas veces.

Que todas las mujeres son iguales, salvo las diferencias de nombre, de físico, de cédula y de cutis.

Que no hay mujer que no ame de un modo vulgarísimo.

Que las muchachas solteras no son susceptibles de división ninguna, porque forman una sola falange de hambrientas de la carne, unas que saben lo que les ocurre y otras que no aciertan a explicárselo.

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