10 libros (y uno para llevar), de Guadalupe Alonso

Borges, Munro y Stephen King: ¡Novedades en DeBolsillo!

Ciudad de México, 5 de abril (MaremotoM).- Disfruto los libros que revisan la historia, ya sea a través del ensayo o la novela. En la ficción, busco, sobre todo, relatos cruzados por la filosofía, libros que, al final, nos obligan a reflexionar sobre un hecho, una persona, o sobre nuestra propia vida. Los libros que nos dan pistas para profundizar en la condición humana. Entre mis favoritos, podría mencionar varios de Lev Tolstoi, pero si tuviera que elegir uno, sería Ana Karenina, una historia de la aristocracia rusa de finales del siglo XIX que, ante todo, muestra los claroscuros de un pueblo abatido por la injusticia. Una obra maestra que me provocó muchos sentimientos y me permitió conocer la problemática de la Rusia de entonces.

El tambor de hojalata, de Günter Grass.

A través de la voz de un niño y su tambor, Grass construye un relato que va de la posguerra a la llegada del Tercer Reich en Alemania. Es fascinante el modo como logra sumergirnos en una historia trágica a través de la magia y la inocencia que guarda la niñez.

La montaña mágica, de Thomas Mann

Mediante un grupo de personajes que conviven en un hospital en los Alpes, el autor reflexiona sobre el tiempo, la enfermedad y la muerte. Una novela filosófica en la que Mann logra delinear magistralmente a sus personajes y nos hace cómplices de su problemática y sus eternos e intensos diálogos.

Estas tres novelas retratan un momento histórico, el sentimiento de una sociedad, los dilemas que enfrentan hombres y mujeres tocados por ese tiempo.

Cuando adolescente me volqué en la literatura del Boom. Prácticamente devoré los libros de Bryce Echenique, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Juan Carlos Onetti. Entre estos, me pareció fascinante El túnel, de Ernesto Sábato y La guerra del fin del mundo, de Mario Vargas Llosa.

Te puede interesar:  Juan y Juancito: Lionel Messi se alza con su séptimo balón de oro

En la misma latitud, El Aleph, de Jorge Luis Borges, donde vuelca el poder de imaginación y la sensibilidad que permean gran parte de su obra, ya sea narrativa o poética.

García Márquez se cuece aparte, la mayoría de sus libros podrían entrar en este ejercicio, por lo que merecería un capítulo aparte.

Con respecto a la literatura mexicana, Pedro Páramo, de Juan Rulfo, y Noticias del Imperio, de Fernando del Paso, dos universos contrapuestos situados en una misma tierra. De ambos rescato el dominio del lenguaje, su narrativa poética, la capacidad de entrar en la psicología de los personajes, de describir escenarios y ambientes.

La poesía de Octavio Paz fue por mucho tiempo uno de mis libros de cabecera: Piedra de sol y Nocturno de San Ildefonso, siguen siendo lecturas frecuentes. Cada lectura me lleva a un descubrimiento.

Marguerite Yourenar, la sabia eterna. Foto: Especial

Por último, citaré a una mujer que leí con harto gozo, Marguerite Yourcenar. Disfruté cada uno de sus libros, sobre todo, Memorias de Adriano, novela histórica en la que narra con maestría la vida y muerte del emperador romano.

Me tomo la licencia de agregar uno más: El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, una estupenda y sobrecogedora novela sobre el sentido de la vida.

Resulta difícil hacer un ejercicio de esta índole, aunque una vez puesta en ello, mis dedos sobre el teclado se desplazaron casi por su cuenta, como si guardaran su propia memoria. Por supuesto, he dejado fuera cantidad de obras y autores que han sido esenciales: Dostoievski, Stendhal, Flaubert, Rilke, Kafka, Joyce, Hemingway, Carlos Fuentes, Natalia Ginzburg, Elsa Morante, Herta Müller, Claudio Magris y así podría seguirme con un extenso inventario de títulos que han formado mi educación literaria y sentimental.

Comments are closed.