Patricia Highsmith

100 años de Patricia Highsmith: Las buenas narraciones se hacen solo con las emociones del escritor

Solitaria, taciturna, noctámbula, lesbiana, provocadora, sensible. Esta novelista estadounidense, en palabras de Graham Greene, “creó un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde lo penetramos con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro.

Ciudad de México, 19 de enero (MaremotoM).- En Fort Worth, Texas, Estados Unidos, el 19 de enero de 1921, hace exactamente cien años, nació la primera y única hija de Jay Bernard Plangman y María Coates, una pareja de artistas que, diez días antes del nacimiento, decidió divorciarse. Así que podría decirse que Mary Patricia Plangman —ese es el nombre de Patricia Highsmith— no fue deseada. De hecho, ella misma contó que su madre le dijo una vez que había intentado abortarla bebiendo trementina, también conocida como aguarrás. Se crió con su madre y con su padrastro, también artista, Stanley Highsmith, que se casaron cuando ella tenía apenas tres años. Esa difícil relación con su madre la narra, al menos ficcionalizada, en el cuento “La tortuga gigante”, donde un niño maltratado apuñala a su mamá hasta matarla.

Su abuela fue la que la introdujo en la lectura. Uno de los libros de esa biblioteca que la marcaron fue La mente humana de Karl Menninger, una divulgación de la psiquiatría y de Sigmund Freud. Ella tenía nueve años y sentía que un mundo nuevo e infinito se abría ante sus ojos. En 1942 se graduó de Barnard College donde estudió escritura y dramaturgia. Intentó ingresar en revistas como Vogue, Mademoiselle, Time y The New Yorker pero no la aceptaron. Fue gracias a la recomendación de su entonces amigo Truman Capote, que entró a Yaddo, una comunidad de artistas en una enorme finca de Saratoga Springs, Nueva York. Fue en el verano de 1948. Allí comenzó a trabajar en su primera novela, Extraños en un tren, que se publicaría en 1950 y Alfred Hitchcock la adaptaría al cine en 1951.

Según su biógrafo Andrew Wilson, Highsmith tuvo una “vida turbulenta”. Tenía grandes problemas con el alcohol y sufrió varios ciclos depresivos, además de lo que causó su muerte en 1995, a los 74 años: una combinación de anemia aplásica y cáncer de pulmón. “Soy ahora cínica, bastante rica, sola, deprimida y totalmente pesimista”, escribió en su diario en enero de 1970. Pese a todos esos conflictos, la escritura, de alguna manera, la salvaba. Tuvo muchos romances, tanto con hombres como con mujeres, y si bien se definía como lesbiana, le gustaban “más los hombres que las mujeres, pero no en la cama”. Amante de los gatos y criadora de caracoles —crió unos trescientos en el jardín de su casa en Suffolk, Inglaterra— y carpintera amateur. Y escritora, por supuesto.

“Elijo vivir sola porque mi imaginación funciona mejor cuando no tengo que hablar con la gente”, confesó en una entrevista de 1991. Una mujer solitaria, taciturna, noctámbula que no siempre caía bien en sociedad. Otto Penzler, su editor estadounidense, dijo después de su muerte: “Highsmith era un ser humano mezquino, cruel, duro, indigno de amor. Nunca pude comprender cómo un ser humano podía ser tan implacablemente feo. ¿Pero sus libros? ¡Brillantes!” En cuanto a su personalidad, no todos pensaban lo mismo: La guionista Phyllis Nagy, que adaptó al cine su novela El precio de la sal dijo que Highsmith, de quien se hizo muy amiga, era “muy dulce, alentadora y maravillosamente divertida”. Sobre sus libros, en cambio, todos están de acuerdo: son buenísimos.

“Uno no se cansa de releerla”, dijo el escritor Graham Greene, porque “ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde lo penetramos con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío”. Su género era el suspenso y sus temáticas podían ir desde la culpa y la mentira hasta el desamor y el crimen. Muchos de sus personajes son psicópatas y caminan en la línea que separa el bien del mal. La crítica siempre le halagaba la penetración psicológica que lograba y la definía como una de las mejores escritoras de su generación. Sin más preámbulos, a continuación, una lista de cinco novelas imprescindibles de Patricia Highsmith para introducirse en su obra y no salir jamás.

A Patricia Highsmith (1921-1995), le gustaba escribir en la cama, casi en posición fetal, acompañada por sus infaltables cigarros Gauloises y una botella de vodka en la mesa de luz, a la que le marcaba con un lápiz el límite diario de consumo.

Patricia Highsmith
No le interesaba la comida, pero amaba a los animales y en su madurez adoptó los caracoles como mascota favorita. Foto: Cortesía

No le interesaba la comida, pero amaba a los animales y en su madurez adoptó los caracoles como mascota favorita. Fue a un cóctel y en la bolsa llevaba una hoja de lechuga con sus animalitos, de los cuales llegó a tener 300 en su jardín.

“Las buenas narraciones se hacen solo con las emociones del escritor. Aunque un libro de suspense esté totalmente calculado, habrá escenas, descripciones —un perro atropellado, la sensación de que alguien te sigue por una calle oscura— que probablemente el escritor habrá experimentado en persona. El libro es siempre mejor si contiene experiencias como estas, de primera mano, realmente sentidas”, dijo en Sus… pense. Cómo se escribe una novela de misterio, publicado en 1983.

Y vaya si ella supo de relatos perturbadores, prototipos de lo que hoy se considera la novela negra clásica y transgresora, muchos de los cuales fueron llevados al cine, como El talento de Mr. Ripley (Premio Edgar Allan Poe y Gran Premio de la Literatura Policíaca) y Extraños en un tren, una de las obras máximas de Alfred Hitchcock, con guión de Raymond Chandler, protagonizada en 1951 por Farley granger y Robert Walker.

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Escribió también La máscara de RipleyEl amigo americanoCrímenes imaginariosEl juego del esconditeTras los pasos de RipleyUn juego para los vivosRescate por un perroGente que llama a la puertaEl hechizo de ElsieMar de fondoEl cuchilloCarolRipley en peligro, Small g: un idilio de veranoEl diario de EdithEse dulce malEl temblor de la falsificaciónEl grito de la lechuzaLa celda de cristal y Las dos caras de enero.

Además, los libros de relatos Sirenas en el campo de golfCatástrofesLos cadáveres exquisitos, Pájaros a punto de volarUna afición peligrosaPequeños cuentos misóginos y Crímenes bestiales.

Su debut literario se dio con Extraños en un tren, considerado hoy un clásico en la literatura de suspenso. En 1953, debido a una prohibición de su editora, decidió lanzar el libro The price of salt bajo el seudónimo Claire Morgan. La novela que trataba de un amor homosexual llegó al millón de copias y fue reeditada en 1991 bajo el título de Carol.

CAROL Y LAS PASIONES PROHIBIDAS

Precisamente, Carol, esa historia de pasiones prohibidas y amores destructivos, es la que alimenta el nuevo filme de Todd Haynes, que protagonizan con su acostumbrada calidad interpretativa la australiana Cate Blanchett y la estadounidense Rooney Mara.

La película, elogiada en Cannes, ha vuelto a poner en el centro de atención a Patricia Highsmith, una autora moderna, cuyas narraciones tienen todo lo que hay que tener para subyugar a una nueva generación de lectores.

Haynes traslada al espectador al Nueva York de comienzos de los ‘50 para mostrar el amor prohibido -entonces era un delito- entre una mujer casada, sofisticada y acomodada, a la que encarna Cate Blanchett, y una joven dependiente de unos grandes almacenes amante de la fotografía, a la que da vida Rooney Mara.

Carol es ante todo una película sobre el hecho de estar enamorado, sobre ese tsunami que viven las personas, independientemente del sexo que sean, han destacado en Cannes sus protagonistas.

“La sexualidad es un asunto privado. Si no eres homosexual o lo eres parece que hay que hablar sin parar sólo de eso y no de otros aspectos de la personalidad”, dijo Blanchett en Cannes.

“Vivimos (en torno a la homosexualidad) momentos profundamente conservadores” agregó, haciendo sin querer referencia a la propia homosexualidad de la escritora, quien vivió su condición con mucha vergüenza y sentimientos contradictorios.

Amaba las siestas, leía desde los 10 añosautores tan pesados como Fiodor Dostoievski y estudió Filología en la Universidad de Columbia, donde se licenció. Fue Patricia Highsmith, una escritora fundamental de la que nunca podremos hablar en tiempo pasado.

UNA ESCRITORA QUE ROMPE EL MOLDE

El autor vasco Imanol Caneyada (San Sebastián, 1968), autor entre otras de la reciente Hotel de arraigo, es un verdadero conocedor y cultor de la obra de Patricia Highsmith y, como tal, nos explica:

-¿Qué tipo de escritora fue y crees que es?

Patricia Highsmith es esa clase de escritora o escritor que rompe el molde, que es capaz de abstraerse de tendencias, modas o escuelas y crear una literatura personal, viva y original que trasciende el género y el tiempo. Su obra no responde a las pulsiones de una generación o de una coyuntura, como sí lo  hacen, por ejemplo, los escritores de la generación Beat, producto de su tiempo. Es una narradora que dialoga sin miedo, sin concesiones, sin autocensura y sin complejos con los monstruos más sofisticados, anodinos o corteses que ha creado la literatura; por lo mismo, sus novelas y sus cuentos son inquietantes, perturbadores, angustiosos, porque el crimen más abyecto rara vez apela a los arquetipos delincuenciales, sino que late en el corazón de individuos perfectamente adaptados a su entorno; individuos a los que confiarías a tu familia.

-¿Vive su literatura en nuestros días?

Incluso me atrevería a decir que nuestros días viven en su literatura, son producto de ella. Por ejemplo, en “Ese dulce mal”, Highsmith logra el retrato más incisivo y escalofriante de un acosador que se ha hecho en la literatura, pero lo hace en los años cincuenta, cuando no existía el término ni el delito, cuando muchas mujeres terminaban casándose con sus acosadores porque se consideraba una forma de cortejo y no un crimen. La perversidad de los arquetipos femeninos que nos presenta en “Pequeños cuentos misóginos”, contenida en mujeres aparentemente modélicas son de una actualidad devastadora. Creo que toda su obra tiene la vigencia de la literatura que toca los misterios, las contradicciones y las pasiones del comportamiento humano sin importar lugar o tiempo.

-¿Por qué te gusta tanto?

Me apasiona porque es una autora que convierte la novela negra en un complejo e incisivo ensayo sobre el hombre posterior a la Revolución Industrial, ese urbanita sofisticado, educado, prominente, sometido a las tensiones de nuestro tiempo a tal grado que termina por desenmascararse y mostrarse como el monstruo que puede llegar a ser. Haciéndose eco de Goya, la Highsmith nos dice que el sueño de la civilización produce monstruos, y que esos monstruos viven en la puerta de al lado. Y esto lo hace con una prosa impecable, un ritmo que jamás cae en el exceso de la acción gratuita; una tensión narrativa tan sutil que parece que no existe y, sobre todo, con la configuración de personajes de una complejidad sicológica deliciosa.

Fuente: Infobae Cultura / Original aquí.

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