11 de septiembre

11 novelas sobre los ataques del 11 de septiembre y el después: vida cotidiana, trauma y desconfianza

A 20 años de los atentados terroristas en Nueva York y Washington, un repaso de cómo la literatura trató la tragedia que conmocionó al mundo.

Por José Loschi, para Infobae Cultura

Ciudad de México, 11 de septiembre (MaremotoM).- Probablemente ya no sea fácil revivir el asombro y el desconcierto que causaron en el mundo entero los atentados del 11 de septiembre de 2001, aunque cualquiera con edad suficiente para recordar puede indicar con precisión qué estaba haciendo en aquel momento. Considerado por muchos como el evento bisagra que marcó la entrada en el siglo XXI, y a la altura o por encima de otros acontecimientos históricos como el asesinato del entonces presidente John Fitzgerald Kennedy, fue también el primero que aprovechó al máximo las tecnologías disponibles hacia la fecha. Como todo aquel que quiera volver a asombrarse con las imágenes de los aviones secuestrados estrellándose contra las Torres Gemelas, las nuevas generaciones están a un solo click de distancia de ese poderoso archivo visual. Pero para sentir la verdadera magnitud del impacto, sus consecuencias, hoy tal vez lo mejor sea ir a la literatura.

A diferencia de la simultaneidad con la que se transmitieron las imágenes o la velocidad con la que se produjeron películas de grandes presupuestos, los escritores de novelas reclaman sus propios tiempos, siempre más lentos que en otros ámbitos. Autores como Philip Roth o Norman Mailer señalaron la necesidad de dejar que la experiencia, tan singular y excesiva, decantara para poder capturarla mejor; y por otra parte, eso que repetía William Burroughs de que “la literatura está atrasada cincuenta años en relación con las artes plásticas” también tiene su verdad. No es de extrañar entonces que las novelas que retratan esa fecha se hayan publicado varios años después, y acaso todavía estamos aguardando la gran novela sobre el 11-S.

Así y todo, desde el mismo día de los atentados surgieron respuestas en la prensa con la firma de grandes nombres de la literatura norteamericana como Paul Auster, David Foster Wallace o Don DeLillo. Es cierto que esas palabras brotadas de la urgencia e inscritas en otro registro, al mismo tiempo que señalaban la necesidad de dar cuenta de los hechos, ponían de manifiesto la dificultad para llevar al terreno de la ficción algo que la superaba en todo sentido. En parte, el acontecimiento sobrevuela por su propia fuerza cualquier obra literaria que se haya publicado desde entonces, y en muchos casos se encuentran referencias aunque sea breves. En La última noche en Twisted River, de John Irving, uno de sus personajes se niega a escribir oportunamente sobre los ataques terroristas; en Elegía de Philip Roth, el protagonista sufre el miedo de nuevos atentados. Otros escritores como Stephen King o Foster Wallace, por su parte, lograron plasmar la catástrofe en cuentos formidables (”Las cosas que quedaron atrás”, del primero, y “El canal del sufrimiento”, del segundo).

A continuación, una lista de novelas que, a través de distintos ángulos, se acercaron a esa jornada devastadora:

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Terrorista (2006), de John Updike

Updike fue uno de los primeros que intentó comprender las razones del 11 de septiembre y esta obra es una de las primeras que probó meterse en la piel de los verdugos. Con la forma de una novela de aprendizaje, Terrorista cuenta la radicalización de Ahmad, una especie de Holden Caulfield en los suburbios de Nueva York, hijo de una enfermera de sangre irlandesa y de un estudiante egipcio que los abandona temprano, quien vive molesto con el american way of life y la superficialidad de las relaciones personales. Ahmad se resguarda en la religión con su imán, un fundamentalista que recluta jóvenes para un comando suicida dispuesto a cometer otro atentado, aunque no deja de prestarle oído a los consejos de su asesor escolar, un judío desencantado que sabe reconocer sus cualidades. Pronto, sin embargo, lo encontramos al volante de una camioneta cargada de explosivos, camino a volar por los aires uno de los túneles de acceso a Nueva York.

Lejos de un retrato frío o distante, Updike logra despertar en el lector una simpatía por el personaje, algo que le ha valido numerosos reproches. Contra las acusaciones de traición y oportunismo, el escritor contestó: “Parecemos matones imponiendo nuestra forma de vida. Seguro que estamos ofendiendo a una buena cantidad de gente que hoy no son terroristas ni insurgentes”. Los conflictos que lo llevan a Ahmad a querer inmolarse no son muy distintos, al fin y al cabo, de los que agobian a otros adolescentes norteamericanos (basta con recordar la masacre de Columbine). No vamos a spoilear, pero de fondo podemos reconocer un tema recurrente en Updike: el sexo como peligro y redención de las pasiones más abominables.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

El hombre del salto (2007), de Don DeLillo

DeLillo, tan neoyorquino como Seinfeld o Martin Scorsese, ya se había anticipado a los ataques terroristas en varias de sus obras. En Mao II, escrita en 1991, señalaba que el género novela iba quedando obsoleto frente al gran despliegue de noticias en los medios de comunicación y planteaba también, con una frase premonitoria, que los novelistas venían perdiendo una pulseada con el terrorismo por imponer a gran escala una visión de los hechos: “las principales obras tienen que ver con explosiones en el aire y edificios derrumbados”. El hombre del salto, a diferencia de sus otros libros más visionarios, pretende contrarrestar la gran narrativa instalada por las imágenes de la televisión con un registro más inmediato y de una dimensión más humana para “dar la memoria, la sensibilidad y sentido a todo ese espacio que aúlla”, como afirmaba el autor en un temprano ensayo tras los atentados que llamó “En las ruinas del futuro”.

Keith, un hombre que sale herido de la nube de humo y polvo cubierto de cenizas y aferrado a un maletín ajeno, deambula en shock por las calles de Manhattan hasta llegar a la casa donde viven su ex mujer, Lianne, y su hijo. Abrumada por la situación, ella acepta su regreso y retoman la convivencia lidiando con el trauma. La historia incluye la extraña aparición de un performer callejero que imita el salto de quienes se lanzaron al vacío desde las torres y de Hamad, un terrorista ficticio que narra su ingreso en una célula europea bajo el liderazgo de Mohamed Atta –perpetrador real de los atentados–, pasando por las actividades del grupo en Florida, hasta sus últimos momentos a bordo del avión que se estrella contra el World Trade Center.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Al límite (2013), de Thomas Pynchon

Cada novela de Thomas Pynchon es un acontecimiento literario esperado por todos sus lectores, algo que sucede raras veces en una década. Con Al límite ese ritmo se había acelerado, después de haber publicado en pocos años Contraluz (2006) y Vicio propio (2009), sin embargo tuvieron que pasar algo más de diez años para que el maestro de la ficción paranoica nos sumergiera en el corazón de Manhattan con esta historia que transcurre en 2001, en plena inminencia de los ataques a las Torres Gemelas y luego de que estallara la burbuja de las puntocom.

Maxine Tarnow, una investigadora de fraudes que vive con sus dos hijos en el Upper West Side de Manhattan, se mete en un lío vertiginoso que involucra al submundo de la deep web y a una variada fauna de personajes excéntricos tras investigar las finanzas de una empresa de seguridad informática y a su multimillonario director general. Con el humor y la cuota de especulación delirante que caracteriza a Pynchon, Al filo explora lúcidamente los intereses y fuerzas detrás de los atentados y sugiere que estos se convirtieron en el argumento necesario para transformar el sentido de la democracia, dentro de un nuevo orden de cosas donde internet devino un instrumento de manipulación y control.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Sábado (2005), de Ian McEwan

Ambientada en Londres durante una protesta masiva contra la guerra de Irak, la novela de McEwan se centra en la perspectiva británica del conflicto y ofrece de esta manera una narración que trata de comprender y retratar los acontecimientos del 11-S y sus efectos de un modo distinto al de las novelas estadounidenses. Henry Perowne, un neurocirujano que comienza a envejecer, observa en la madrugada de un sábado londinense un avión que se incendia en el aire y supone inmediatamente un atentado, remitiendo así a la paranoia que imperaba también en Inglaterra poco tiempo después de los ataques en Nueva York y Washington.

Te puede interesar:  López Obrador llama a empezar la campaña para desmontar la Estatua de la Libertad si EE.UU. no indulta a Julian Assange

En un diálogo con el periodista Jeffrey Brown, McEwan sentaba su posición frente al efecto paralizante de los atentados: “Este terrible acontecimiento hizo que algunas personas dijeran, creo que de forma totalmente equivocada, que sería imposible volver a escribir algo. Y esto es un disparate. De hecho, genera la necesidad de investigar más. Apenas nos conocemos a nosotros mismos, y creo que la novela, con su maravillosa capacidad de llevarnos al interior de la mente de otras personas, de darnos el sabor y la letra pequeña del pensamiento y la conciencia, está en condiciones de seguir adelante”.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Los hijos del emperador (2006), de Claire Messud

Claire Messud nos ofrece una sátira social de las clases privilegiadas de Nueva York a través del contraste entre las ambiciones frívolas de tres amigos treintañeros educados en una prestigiosa universidad y los acontecimientos que suceden de fondo en la primavera de 2001. Marina, quien intenta crecer como periodista bajo la aplastante figura de su padre, un emperador entre la clase intelectual neoyorquina; Danielle, productora de televisión en busca de la idea para un documental que la haga famosa, y Julius, que escribe ácidas reseñas literarias en el Village Voice, los tres aspiran a encontrar su lugar en el mundo glamoroso de la Gran Manzana, codeándose en terrazas, galerías de moda y cenas donde pulen su destreza verbal para deshacer a quien se les ponga delante.

Aunque las referencias al 11S son circunstanciales, Los hijos del emperador aporta entretenidamente una mirada aguda de una parte de la sociedad neoyorquina que permaneció casi inmune a la tragedia colectiva.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Un hombre en la oscuridad (2008), de Paul Auster

Nadie podía esperar que Paul Auster eludiera el tema. El mismo día de los atentados el autor neoyorquino escribió una breve crónica a partir de lo que vio desde su balcón. Al igual que DeLillo, Auster ya se había ocupado del terrorismo en una novela previa, Leviatán, aunque esa historia –inspirada en el Unabomber– tenía raíces profundas en el suelo americano. De alguna manera retoma el tópico en esta novela contrafáctica, en la que las Torres Gemelas siguen de pie pero en cambio se desata una cruenta guerra civil tras las fraudulentas elecciones del año 2000. Todo sucede a través de la memoria afectada de August Brill, un crítico literario que se recupera de un accidente donde murió su esposa, quien se cuenta a sí mismo historias para combatir el insomnio.

Un par de años antes Auster había publicado Brooklyn Follies, la historia de un regreso al barrio de la infancia y a la que describió como “una elegía a una forma de vivir que desapareció de un plumazo el 11 de septiembre”.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Tan fuerte, tan cerca (2005), de Jonathan Safran Foer

Luego de su aclamado debut literario, Todo está iluminado, donde un personaje homónimo salía en busca de la mujer que ayudó a su abuelo a escapar de los nazis, Safran Foer se animó a los 28 años de edad a abordar los trágicos hechos del 11 de septiembre de 2001 y sus consecuencias mediante un narrador de 9 años hipersensible que está dispuesto a recorrer Nueva York buscando las pistas que deja una llave que encuentra en la habitación de su padre, a quien pierde en los atentados.

Tan fuerte, tan cerca establece un vínculo con otras catástrofes como Hiroshima y los bombardeos de Dresde, de donde escaparon los abuelos paternos de Oskar –el personaje– durante la Segunda Guerra, y siguiendo los pasos de Matadero Cinco, la genial novela de Kurt Vonnegut, se sirve de distintos géneros populares como la ficción antibélica, el policial, los relatos de búsqueda, la novela de aprendizaje y la epistolar, además de experimentar visualmente con imágenes, gráficos, dibujos y espacios en blanco, para trasponer creativamente la dificultad de representar un acontecimiento tan atroz.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Netherland: el club de críquet de Nueva York (2008), de Joseph O’Neill

O’Neill, escritor irlandés que reside en la Gran Manzana, ganó el premio Pen/Faulkner 2009 con esta novela que fue recomendada por Barack Obama durante su presidencia. Netherland: el club de críquet de Nueva York –como se tradujo al español– ubica al lector dentro de la desorientada vida cotidiana de la ciudad tras los atentados. Hans van den Broek, un analista financiero de origen holandés que vivía cerca de la Zona Cero, se reubica con su familia en el Chelsea Hotel, donde pronto es abandonado por su esposa, quien huye a Londres del pánico reinante y en el fondo porque ya no lo aguanta. El personaje encuentra solaz en un club de críquet de Staten Island integrado por inmigrantes antillanos y de Oriente, donde conoce a Chuck Ramkisson, un excéntrico hombre de negocios trinitense que sueña con construir un gran estadio de críquet que le cambie la cara a la ciudad.

Celebrado como una versión poscolonial de El gran Gatsby, el libro es un retrato conmovedor de la otredad y de la experiencia de los inmigrantes contemporáneos en una época y lugar en que el nacionalismo estaba a flor de piel.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

El fundamentalista reticente (2007), de Mohsin Hamid

Changez, el protagonista de la novela, es un inmigrante pakistaní graduado en Princeton que vive el sueño americano, con una carrera en alza en Wall Street y una novia deslumbrante, hasta que el 11-S lo cambia todo. De repente, la gente a su alrededor comienza a percibirlo de otra forma, y todo su amor declarado hacia los Estados Unidos parece no tener valor para sus más cercanos. En medio de ese clima de desconfianza hacia la inmigración musulmana que imperaba poco después de los atentados, la perspectiva de Changez va cambiando y se sorprende disfrutando culposamente de que al fin la desgracia les haya tocado a sus hospitalarios anfitriones.

El personaje finalmente abandona los Estados Unidos y regresa a su Lahore natal como un modesto profesor universitario que abraza el fundamentalismo. Mohsin Hamid aporta con esta novela una mirada imprescindible para entender las implicancias de los atentados desde todos los ángulos.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Windows on the world (2003), de Frédéric Beigbeder

Windows on the World toma su título del conocido restaurante del piso 107 de la torre norte e imagina con minuciosidad la agonía de las personas que se encontraban atrapadas en los niveles superiores al punto de impacto del avión. Estructurado en breves capítulos titulados por minuto, sigue los movimientos de Carthew Yorston, un agente inmobiliario divorciado que desayunaba allí con sus dos hijos, durante la hora y cuarenta y cinco minutos que transcurre entre el impacto y el desplome de la torre. Mientras, en paralelo, el autor francés bebe un café y escribe su relato desde el piso 56 de la torre Montparnasse, en París.

Beigbeder dijo que en parte escribió el libro como una respuesta a la oleada de antiamericanismo que se despertó en Francia tras el 11-S, pero también por una necesidad literaria: “Me iba preguntando para qué sirve la literatura. Y me respondí que quizás sirve para regresar a lugares que ya no existen y para intentar hablar y describir lo indescriptible, para matar el silencio y añadir un poco de emoción al relato frío de la catástrofe”.

11 de septiembre
Foto: Cortesía

Al pie de la escalera (2009), de Lorrie Moore

Luego de once años sin publicar, Lorrie Moore regresaba a la forma novela con este bestseller que describió como una meditación sobre “lo que significa estar en una ciudad del Medio Oeste en esta época concreta de la América contemporánea”. La historia en este caso transcurre lejos de Nueva York y con posterioridad a los atentados terroristas, sin embargo nos acerca al clima de patriotismo y hostilidad que se respiraba en el interior profundo del país mientras los Estados Unidos marchaba a la guerra de Irak.

Al pie de la escalera se centra en la limitada esfera de las relaciones domésticas para mostrar que los problemas sociales del país aún no se han resuelto, mientras su protagonista y narradora, que se inscribe en una universidad liberal de la ficticia ciudad de Troya, se inicia en el mundo adulto de la pérdida y el dolor.

Fuente: Infobae Cultura / Original aquí.

Comments are closed.