Carlos Salinas

1994: el año que vivimos en peligro, contado por Diego Enrique Osorno, para Netflix

El asesinato de Colosio, la firma del Tratado de Libre Comercio y la represión y la popularidad del EZLN en 1994.

Ciudad de México, 20 de mayo (MaremotoM).- Cuando Netflix puso al aire la serie Historia de un Crimen: Colosio, no hubo mucho interés en mirarla, presentado ahí como si fuera un héroe, el gran salvador de la patria. Sin embargo, más allá de las virtudes del ex candidato a Presidente del PRI, el año en que murió, hubo unas cuantas transformaciones para México y de eso trata la película 1994, dirigida por el periodista Diego Enrique Osorno.

Luis Donaldo Colosio (1950-1994) murió en un atentado donde había una multitud de gente y por ese crimen está señalado “popularmente” primero Carlos Salinas (1948), ex Presidente de México y luego Manuel Camacho (1946-2015), el rival de Colosio.

Al menos lo que se cree en la calle que dicho asesinato fue un crimen del poder. La estrella de esta película es Carlos Salinas, quien aparece sentado en la silla presidencial y da su versión de los hechos.

Diego Enrique Osorno
Diego Enrique Osorno. Foto: Universidad Veracruzana

Es interesante que el director sea periodista, no sólo porque “retrata” en el mejor sentido a todos los que hablan en la serie, sino porque pone los hechos que transitaron esa época señera: desde el asesinato de Colosio, hasta la firma del Tratado de Libre Comercio y la represión y la popularidad del EZLN.

Pareciera ser que este programa, producido por VICE Studios Latin America, en una serie de cinco capítulos–, podría llamar más la atención el Subcomandante Marcos, que aparece gordo, sin su pipa y explicando lo que pasó, pero para bien y para mal, todos los ojos se posan en Salinas.

¿Cuántos sueños de los mexicanos, incluido el de los latinoamericanos, tiene en sus ojos y en su verbo este ex Presidente que vive con una estampa como si fuera ayer?

Dice Carmen Aristegui: “Él pasó a la historia como alguien denostado, impopular, no como el presidente modernista que le hubiera gustado”.

Escucharlo hablar es una experiencia fuerte. Pareciera ser que México atravesó muchos cambios, pero siempre está ese fantasma vigoroso que explica la historia al revés, pero que quedamos fascinados oyéndolo.

1994, Diego Enrique Osorno
Sentado en el sillón presidencial, sin ninguna autocrítica, habla Carlos Salinas. Foto: Netflix

A través de cinco capítulos, con duración de 45 minutos, muchos personajes destacados de esa época como Carlos Salinas de Gortari, Raúl Salinas de Gortari, Luis Donaldo Colosio Riojas, Alfonso Durazo, Marcelo Ebrard, Othón Cortez, varios de los fiscales que investigaron el asesinato de Colosio y el Subcomandante Galeano (antes Marcos), quien otorga una entrevista ante cámaras por primera vez desde 2006, desfilan por la pantalla. No quiso dar su testimonio ni Ernesto Zedillo ni Pablo Chapa Bezanilla, el subprocurador de justicia, tan cuestionado.

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Precisamente es Juan Ignacio Zavala el que dice que como un gran corolario de esta historia absurda y tremenda quedó el discurso de que “Luis Donaldo Colosio era como un héroe”, cuando en realidad era uno de los dos candidatos elegidos por Carlos Salinas. 1994 es eso, un documental sin pasiones que levantan las escondidas pasiones y frustraciones mexicanas.

“Durante casi dos años pudimos documentar con plena libertad creativa y editorial esta historia que marcó de forma dramática a toda mi generación. El objetivo es que el espectador pueda conocer de forma directa testimonios fundamentales y contradictorios para luego tener una opinión propia e informada. Para los que participamos en este proyecto, 1994 fue también un viaje al pasado inmediato donde se encierran algunas claves del presente y otras tantas del porvenir de nuestro país”, dijo Diego Enrique Osorno, en un comunicado difundido por Netflix.

“Acabo de ver -casi sin parpadear- la miniserie 1994, que dirige Diego Enrique Osorno. Luego de secarme las lágrimas y atemperar las emociones les puedo decir que es muy intenso -para alguien de mi generación- “revivir” este tramo de la historia: casi la mitad de mi vida en una cascada de imágenes que cuentan como se ha debatido este país entre la esperanza y la derrota de sus sueños de cambio.

Ahí están nuestras primeras ilusiones neoliberales rotas por una guerra zapatista -y surrealista- que nada tiene que ver, por cierto, con el horror de los 250 mil muertos de ahora.

Y vuelvo a confirmar que en estos 25 años nadie ha concentrado tanto poder como Carlos Salinas de Gortari. ¡Y esa manera tan burda como jugó con Colosio y Camacho! Todavía recuerdo aquel día en que Alejandro, mi novio de aquella época que era corresponsal de un medio regio, me dijo: quiero que me lleves a la casa de Camacho porque en un rato lo van a “destapar”. Cuando venía de camino a Vista Hermosa se enteró que ya habían destapado a Colosio, unos kilómetros más abajo, en Constituyentes, donde estaba Sedesol.

De la serie, me quedo con esta frase de un Marcos envejecido y gordo: “Colosio era un boy scout, un muchacho que quería hacer su buena obra del día. Y la clase política no iba a permitir que un boy scout gobernara. Se necesita ser un bastardo -por no decir un hijo de puta- para estar en el poder”.

Y, en efecto, ahí están los rostros de esa clase política. No se pierdan esta joya periodística por el bendito Netflix”, dice Estela Alcántara,la Subdirectora de Difusión de TV UNAM, en un testimonio amplio y que explica los sentimientos de los mexicanos al ver esta película grandiosa.

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