23 paseos

23 paseos: Un amor de la tercera edad que parece de la primera

Una película que quizás no sea LA película, pero trae esa serenidad de vivir hasta el último momento con sueños y esperanzas. Y un perro. Y un romance.

Ciudad de México, 15 de marzo (MaremotoM).- Siempre dicen que pasear un perro aumenta mucho las posibilidades de tener un “ligue” o de encontrar el amor, para decirlo más románticamente.

El británico Paul Morrison, de 76 años, ha escrito y dirigido 23 paseos, una historia romántica calmada en el sentido de que los protagonistas son de la tercera edad, Alison Steadman y Dave Johns (el mismo de Yo soy Daniel Blake), pero no vayamos a pensar que su edad le ha otorgado experiencia a la hora de relacionarnos con el otro.

Al contrario, la desconfianza y el cuidado para no tener problemas, resguardan a las personas cuando, a raíz de los perros, de los paseos, de los paisajes serenos y maravillosos, se despierta un mutuo atractivo entre ambos.

“Quería reflejar su complejidad. En la mayoría de las películas o son invisibles o son un pozo de sabiduría o están enfermos o hay que rescatarlos”, dice el director a propósito de estas dos personas que viven un romance en la madurez de su vida y que como todos ve peligrar su relación a cada instante.

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No hay diferencia entre una historia de amor entre gente de 70 años u otras historias de amor. Foto: Cortesía

“No hay diferencia entre una historia de amor entre gente de 70 años u otras historias de amor: sigue siendo una experiencia íntima, bella y emocionante. En esa edad tienes más mochilas, más historias, pero también más habilidades para manejar las frustraciones. Ambas suceden en la vida real. En los medios, todos son guapos, sexys… Hay una idealización del sexo. Necesitamos celebrar malos desnudos, el sexo corriente, real… incluso el mal sexo”, dice el director en una entrevista por zoom con el periodista Fernando Muñoz para ABC.

Los perros y el paisaje cobran gran protagonismo. Afuera parece estar la maravilla, esas cosas que nos alegran la vista y el alma y que no solemos tener en nuestras casas, algunas que no podemos pagar y nos mandan a un departamento lejos de nuestro barrio, otras que no tenemos porque vende el hombre del que nos hemos separado.

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El paisaje como fuerza unidora. Foto: Cortesía

Esos árboles que van del amarillo al verde, ese bosque que nos acoge con su diversidad de especies, funciona como el gran unidor entre la pareja, sin dejar de nombrar por supuesto a los perros, donde la perra de ovejero alemán asusta al principio a la chorkie que tiene la mujer.

Fern le dice a Dave: “Me asustaba mucho tu perra y tú. Ahora sólo tú”, en una historia que carece de cursilería y que va marcando ritmo con los paseos sucesivos, el aprendizaje del español y las idas y vueltas de cada uno para vivir a pleno el romance.

Una película que quizás no sea LA película, pero trae esa serenidad de vivir hasta el último momento con sueños y esperanzas. Y un perro. Y un romance.

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