Barack Obama

5 Datos sorprendentes que descubrirás en Una tierra prometida, de Barack Obama

¿Qué canción escuchaba el expresidente antes de sus debates de campaña? ¿Cómo reaccionó Michelle al enterarse de la concesión del Premio Nobel de la Paz a su marido? ¿Cómo es realmente la sala de crisis de la Casa Blanca? A continuación presentamos algunas de nuestras revelaciones favoritas de Una tierra prometida.

Ciudad de México, 25 de noviembre (MaremotoM).- Era el día del lanzamiento, en julio de 1995 y el autor, primerizo él, envió flores a su editor para celebrar la ocasión. Según Author in Chief: The Untold Story of Our Presidents and the Books They Wrote (Autor en jefe: La historia no contada de nuestros presidentes y de los libros que escribieron), de Craig Fehrman, unas semanas antes ese mismo autor se había dirigido a una librería local de Chicago, 57th Street Books, para preguntarles si estarían dispuestos a acoger una lectura pública de su ópera prima. El libro se titulaba Los sueños de mi padre y el autor era, claro está, Barack Obama.

Veinticinco años más tarde, llega la publicación de Una tierra prometida, un libro sensacional escrito por un autor que ha pulverizando los récords de ventas a nivel internacional, que cuenta con más seguidores en Twitter que ninguna otra persona del planeta y que tiene en su haber un Premio Nobel de la Paz y dos premios Grammy.

Barack Obama
Veinticinco años más tarde, llega la publicación de Una tierra prometida. Foto: Cortesía

Está tan magistralmente escrito que, además de describir el inspirador viaje de Obama hacia la presidencia, sus primeros años en el cargo y la situación mundial actual, combina elementos de la literatura clásica y del suspense con ingredientes propios de las autobiografías de las estrellas del rock, de la novela cómica y de las más entrañables memorias familiares. Por encima de todo, Obama consigue que el lector se haga una idea cabal de lo que significó para él ser Presidente, a través de la honestidad, la intensidad y la peculiar perspectiva de unas memorias presidenciales muy diferentes a las publicadas con anterioridad.

Barack Obama
Una tierra prometida sorprende en cada página. Foto: Cortesía

Es cierto que todos conocemos algunos de los acontecimientos que se relatan y tenemos una idea de cómo es él como persona o de su forma de pensar, pero Una tierra prometida sorprende en cada página por lo que descubrimos acerca del Obama más íntimo. Sirvan estas cinco frases como ejemplo:

  1. “Ninguno de los problemas que llegaban a mi mesa, domésticos o internacionales, tenía una solución evidente. De haber existido tal solución, cualquier integrante de la cadena de mando la hubiese propuesto”.

Es verdaderamente refrescante la franqueza con la que Una tierra prometida cuenta lo que supone ocupar el sillón desde el que se adoptan las decisiones más trascendentes del planeta. Incluso se nos hace partícipes del proceso de toma de decisiones: la escucha, el análisis, la resolución final y las inevitables incertidumbres. Cuando se trataba de grandes decisiones, el expresidente sabía que sea cual fuera la cuestión planteada, la crisis financiera, la sanidad, o el secuestro de un buque por piratas somalíes, “la mejor estrategia era siempre identificar las posibles alternativas y rodearme de un grupo lo más diverso posible de personas que me ayudaran a sopesarlas”.

El libro también nos permite acceder al proceso de reflexión que se producía en su mente una vez que adoptaba una decisión. Nos habla de cuando se enteró de que un caza estadounidense se había estrellado en Libia y de la angustia que le suponía tener que esperar hasta conocer el destino de un soldado al que él había enviado a la guerra. “Cuando alguien me pregunta qué siente uno al ser Presidente de los Estados Unidos, a menudo me viene a la mente lo impotente que me sentí en aquella ocasión. Mientras participaba en un banquete de estado en Chile, me debatía angustiosamente entre la necesidad de que la misión fuera percibida como un éxito y la posibilidad de que se produjera una catástrofe -en este caso la desaparición del paracaidas de un soldado en un desierto lejano en mitad de la noche”. Aunque muchos han escrito cosas diferentes, así es como se siente ser Presidente.

  1. “Durante la mayor parte de mis primeros dos años en el cargo, Trump parecía aprobar mi presidencia”.

Aunque los expresidentes no suelen criticar a sus predecesores, en Una tierra prometida, como ya han adelantado los medios de comunicación, Obama habla sin pelos en la lengua sobre el actual Presidente a quien se abstiene de nombrar en el prólogo, refiriéndose a él como “alguien que está en las antípodas de todo lo que siempre hemos defendido”.

Señala que Trump afirmó que Los sueños de mi padre había sido escrito por un activista radical “puesto que el libro era demasiado bueno para haber sido escrito por alguien de mi calibre intelectual” y revela que “mi contacto más estrecho con Trump se produjo a mediados de 2010, durante la catástrofe de la plataforma Deepwater Horizon, cuando de pronto llamó a Axe [el asesor presidencial David Axelrod] para sugerirle que le pusiera a cargo de las tareas de contención del derrame”. (Cuando se le dijo que el derrame ya estaba prácticamente controlado, Trump se ofreció a construir una sala de baile en la Casa Blanca, “oferta que fue cortésmente rechazada”).

Obama también critica duramente a Fox News, y señala que, en lo relativo a la ruptura con las tradiciones políticas, no había demasiada diferencia entre Trump y otros líderes republicanos. Sin embargo, tiene palabras más amables para John McCain, cuya llamada telefónica al final del proceso electoral de 2008 “fue tan generosa como su discurso de reconocimiento del resultado electoral”, y para George W Bush, que hizo “lo que estuvo en su mano para que las once semanas de transición entre mi victoria electoral y su salida discurrieran lo más apaciblemente posible”.

  1. “Según he podido comprobar todas las cumbres internacionales son diseñadas de conformidad con un patrón establecido…”
Te puede interesar:  Estreno nacional en la UNAM del documental Silencio radio, de Juliana Fanjul

En no pocas ocasiones, Una tierra prometida echa la mirada atrás para pasar revista no sólo a situaciones de la historia de los Estados Unidos y de la historia del mundo, sino a elementos de la historia de las tradiciones que muchas veces se dan por hechos. Al hacerlo, Obama formula sorprendentes reflexiones sobre los rituales inherentes a la presidencia.

Describe el Discurso sobre el Estado de la Unión como una “pantomima absurda”. Se refiere a la sala de crisis de la Casa Blanca, que él siempre se había imaginado como un lugar “cavernoso y futurístico” donde reinaba el pragmatismo, señalando que “la realidad fue menos impactante… las paredes estaban desnudas a excepción de unos cuantos relojes digitales que mostraban la hora en distintas capitales del mundo y un puñado de pantallas planas no mucho más grandes que las que profliferan en los bares de barrio”.

En lo relativo a las cumbres internacionales, confiesa lo siguiente: “estás ahí sentado, intentando superar el desfase horario y esforzándote por parecer interesado en lo que se está diciendo, mientras que todos los presentes -incluido tú mismo- se van turnando para leer en voz alta unos parlamentos, cuidadosamente hilvanados pero indefectiblemente anodinos y demasiado extensos para el tiempo asignado a ellos, relativos a cualquiera de los temas que figuran en el orden del día. Más adelante… adopté las tácticas de supervivencia de los asistentes más experimentados…”.

  1. “‘Creo que necesitas un alias’, declaró Malia [de 7 años]…’como Johnny McJohn John”.

Las memorias de los expresidentes difieren en la medida y en la forma en que se refieren a sus familias, aunque lo habitual es que el papel de la familia sea meramente testimonial. Sin embargo, Obama convierte a su familia en parte integral del relato, revelando al lector una serie de detalles íntimos de la vida de la familia presidencial que, en muchos aspectos, era una familia absolutamente normal.

Nos cuenta de la vez que su hija Malia le sugirió desde el asiento de atrás del coche que, para evitar las multitudes, debía adoptar un nuevo nombre. Cuando Michelle oyó esto le respondió: “la única manera en que papá podría pasar inadvertido sería que le operaran las orejas de soplillo”.

Cuando le contó a Michelle que había ganado el Premio Nobel de la Paz, ella le dijo desde la cama: “¡Qué estupendo, cariño!” y, acto seguido, se dio la vuelta y se quedó dormida. Obama era seguidor del equipo de baloncesto de Sasha (la nieta de Joe Biden era la “estrella del equipo”) y en un momento dado, junto con su ayudante personal Reggie Love, les dio algunas sesiones de entrenamiento. “Cuando las Vipers ganaron la liga en un trepidante partido que acabó en un marcador de 18-16, Reggie y yo lo celebramos como si hubiese sido la final de la liga NCAA”, relata. “Me imagino que cualquier padre disfruta de esos momentos en los que el mundo de pronto empieza a girar más despacio, las preocupaciones pasan a segundo plano y lo único que importa es que estás ahí, presente, para asistir al milagro que supone que nuestros hijos se vayan haciendo mayores”.

  1. “Quizás el mayor chollo de mi presidencia haya sido el contacto con la música.”

Quizás la gente piense que la mayor prebenda de mi presidencia fue poder utilizar el Air Force One, pero nada más lejos de la realidad. Estrellas de la música del renombre de Stevie Wonder o Jennifer Lopez acudían con frecuencia a la Casa Blanca a impartir talleres musicales para jóvenes antes de realizar alguna actuación en la residencia. En el libro, Obama relata que cuando los artistas ensayaban, normalmente el día anterior, “el sonido de la batería, el bajo y la guitarra eléctica retumbaba por toda la planta donde está ubicada la Sala de Tratados”. Confiesa que si él estaba ese día en la planta superior a la sala de los ensayos, “a veces bajaba por las escaleras de servicio para colarme en la Sala Este y me quedaba observando al fondo, para no llamar la atención… Me maravillaba el dominio que cada músico ejercía sobre su instrumento, la generosidad de los unos con los otros… y no podía evitar sentir envidia ante la alegría pura e inequívoca que demostraban al hacer su trabajo, pensando en lo diferente que era todo para quienes habíamos elegido el camino de la política”.

De hecho la música es un tema recurrente en Una tierra prometida: antes de un debate presidencial, Obama solía escuchar a Miles Davis, John Coltrane y a Frank Sinatra, pero señala que en realidad los temas que “le ponían la cabeza en su sitio” eran Mi primera canción, de Jay-Z, y Piérdete, de Eminem. “Ambas canciones tienen que ver con ser valiente y arriesgarlo todo… era una forma de dejar de lado los artificios y recordar quién era yo realmente”.

Comments are closed.