Las desventuras de los becarios y el FONCA

Tijuana, 17 de marzo (MaremotoM).- Leo en algunas notas que los becarios del Fonca chillan, vociferan, sacan las uñas. Lo entiendo: para cualquier lactante debe ser traumático que lo desteten. “¡Los becarios de esta generación hemos sido los más maltratados!!!”. Ay mis chilpayates, no me vengan con eso. A mí ni siquiera hay quien se pueda dar el lujo de maltratarme, porque nunca en toda mi vida he sido becario y ya me hice a la idea de que nunca lo voy a ser.

“¿Qué va a pasar con nosotros? No conocemos a nuestros tutores”. Snif, me van a hacer llorar. Por favor mis niños, yo nunca he conocido a un tutor ni nada remotamente parecido. ¿Quién carajos me ha tutelado a mí? ¿Cuándo he tenido un padrinito, un coach o alguna ridiculez semejante? Cada uno de mis doce libros publicados los he escrito solo y mi alma, sin un centavo de apoyo de ninguna institución cultural. Mi única beca es la confianza de mi esposa Carol. He construido este camino tirando de una yunta en tierra seca y sacándole sangre a las piedras. De mis doce libros, nueve se ganaron su lugar gracias a que fueron ganadores o finalistas de un premio. Sí, ya sé que los premios son muy relativos, una aleatoria e injusta ruleta rusa, pero en cualquier caso es más democrático subirte al ring con seudónimo y poner libro contra libro.

Así, echándole chingazos, ganando premios y con el apoyo de mi familia llevo siete años dedicado de lleno a la escritura.

Al principio ni siquiera me atrevía a solicitar becas. En los recuadros iniciales te pedían que anotaras tus premios internacionales y como yo todavía no tenía ninguno, pues me abstenía. Cuando gané mi primer premio internacional pensé que ahora sí podría calificar, pero me dieron una sopa de agua y ajo. Tarde comprendí que lo de los premios internacionales no importa un carajo. Que hay muchos que jamás han ganado uno y están becados. Vaya, hay quienes lo máximo que han ganado es un premiecito regional y tienen dos o a lo mucho tres libros y son flamantes miembros del SNCA.

Tengo colegas a los que en verdad aprecio y cuyo trabajo admiro que son becarios y con el apoyo recibido han creado libros que valen la pena ser leídos. Mis respetos para ellos. Por desgracia también conozco a un montón de zánganos. También conozco a muy buenos pintores, fotógrafos y músicos que se dedican de tiempo completo a su labor, que trascienden internacionalmente y que nunca han tenido una beca.

Yo no espero nada de este ni de ningún gobierno. Lo más que puedo pedirles es que sigan convocando a premios, que sean imparciales y que dejen trabajar.

En el último año he ido cinco veces a Sudamérica y ni una sola a la CDMX (hace dos años que ni me paro ahí) Créanme: se puede ser escritor viviendo sin beca en la esquina norte. 

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