7 asuntos que no sabías de los chistes sobre Jesucristo

Ciudad de México, 12 de abril (MaremotoM).- I.Los romanos de Roma y alrededores –entre ellos, Poncio Pilato– consideraban la crucifixión un mero trámite burocrático, algo que procedía de, por ejemplo, el arresto de algún líder alborotador; desembocaba en una sentencia de muerte cruel y a la intemperie, en público, habitualmente antecedida por una flagelación. Tal estridencia terminó ayudando a reverberar la misión que proclamaba Jesús para sí mismo (según los judíos escandalizados, declarase rey de los mismos –cargo de sedición– y jactarse de ser El Mero Mero Mesías –conflicto de franquicias–). En varios chistes sobre este episodio, Jesús llama a Pedro (uno de los apóstoles, en ese entonces conocidos en las plazas como “sus esbirros”) para susurrarle alguna barrabasada como “¿Has visto mi caballo? ¡Estos cabrones romanos hijos de puta, voy a resucitar y los voy a matar uno por uno o en ráfaga!” o frases por el estilo. Ahora bien, por otro lado se sabe que mientras le clavaban las manos y pies en la cruz, Jesús, en una especie de éxtasis, cambió de interlocutor y de tono: “Padre, ¿por qué me has abandonado?”,  “Señor, perdónales, no saben lo que hacen” o frases en voz bajita que ni los de la primera fila pudieron interpretar. Se dice que Jesús había cargado la cruz de madera marca “INRI” (¿qué carpintero la hizo, acaso algún aprendiz de José?) porque le anunciaron dos noticias –una buena y una mala– y cuando él pidió, como buen cristiano, que le dijeran la mala primero, algún vivillo le contestó: “¡Jesúuu, Jesúuu, tú no eres de por aquí!”, quizás en alusión a los incipientes derechos humanos y su limitada cobertura.

II.En la llamada última cena, los apóstoles se habían reunido para recibir instrucciones. De paso, cenaron paella, dátiles, pan y vino. En el ambiente de la sobremesa –puede advertirse en el cuadro, porque en la Biblia no ahondan en la psicología de los personajes– se percibe la tensión por la inminente traición de uno de ellos (aunque las parábolas dan muchas vueltas, Judas se encuentra a la defensiva en la mayoría de ellas). “Pedro, tú me negarás; Judas, tú me venderás; Tomás, tú meterás los dedos en mis heridas” y así con cada discípulo. Uno de los apóstoles, para romper la tensión, sugirió seguir la fiesta en “El Calvario”, pero a nadie le dio buena espina ese lugar. Judas fue a los mingitorios, esperó a que pagaran la cuenta y después pidió una factura, no fuera luego en su declaración a estar tan ahorcado…

III.Dimas y Gestas (“qué chingaderas son éstas”, vox populi dixit, vox Dei), a los costados de Jesús, también crucificados, llegaron allí tal vez porque estaban aburridos de ser buenos y seguramente por un pequeño descuido en la administración de sus necesidades. “¡Sálvanos, Mesías!”, le gritaban al del centro, cínicamente, “acuérdate de nosotros cuando cruces la frontera final”. Cada vez que había un linchamiento, en el pueblo se apelotonaba toda la gente, aunque no supiera de qué iba el asunto. Sin embargo, esta crucifixión en especial tuvo mucho rating. Todos al parecer quedaron muy satisfechos. Pero yo, una semana santa, vi el video una y otra vez y sí que tengo una queja. Por favor cubran todas las salidas para que no escapen en barcos a otros continentes, a otros planetas.

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IV.María Magdalena fue apedreada (Dios te salve, MM, nosotros rezaremos porque así sea). Pasan siglos y sigue comentándose el incidente (¿quién la interpretará en la nueva película?). Jesús solía defenderla en la escuela, cuando sus pecaditos eran minimizados por el prefecto. Y así pasaron los años y llegaron ambos ante la cruz, uno arriba, semidesnudo, la otra en la base y en modo incógnito. ¿Hubo un eclipse o es que las espinas en la cabeza le bajaron la presión al nazareno, tal vez?… “¿María, estás ahí?”, había preguntado J.C. en su delirio, “¿te acuerdas de la contraseña?”. Unos soldados romanos se acercaron: “¿la está molestando el chairo, señorita? (le recordamos que está usted bajo juramento)”. Penny (apodo del rumbo para Magdalena Penitente) no recordaba bien si Jesús era judío (“creo que solamente por parte de madre”), así que fingió haberse confundido de circo para evitar más declaraciones comprometedoras. Entonces, los romanos permitieron una última pregunta, abierta al público: ¿cuál es el colmo de un carpintero? “¡Que sea sangre! ¡Que sea sangre!”, contestó la multitud, enardecida por el sol y por los tiempos tan polvorientos.

V.“Levántate y anda, Lázaro”, había sugerido Jesús ante una cueva. La piedra de la entrada se había removido, el cadáver ya apestaba, las moscas salieron a tomar aire fresco y los judíos a los costados apostaban ocho contra uno por los tiempos extras. Se desató una tormenta de arena, la comarca se oscureció, los animales se alborotaron. Lázaro estaba cubierto con el sudario, cuál momia, pero finalmente emergió, como el gato de Schrödinger, ya que, cuánticamente, the show must go on.

VI.Jesús camina sobre las aguas, se interna en el desierto, lucha contra moros, posa para un icono ruso, se hace un tatuaje, viaja, practica el mandarín, hace la ruta de la seda, observa las estrellas, descubre la penicilina, baila, ríe, asiste a una boda, se emborracha, surfea, inventa un artefacto, no instala el antivirus… ¿y si lo reiniciamos?

VII.En los chistes –se dice que también en las Santas Escrituras, a partir de la séptima copia manuscrita; en los impresos ya no hubo tanto control–, Jesucristo realiza prodigios: transforma las piedras en pan, el agua en vino, cura a los leprosos, hace ver a los ciegos, calma la tempestad; ni ayunos ni abstinencias, la impureza no tiene nada que ver con los órganos sensoriales (“¡espera a que hable con tu papá!”, le gritaba María cuando era pequeño J.C.) ¿Pero entonces quién puso tanto chisme en la boca del que alguna vez perdió la paciencia en un mercado bursátil de ignorantes y blasfemos emprendedores? Los analistas dictaminaron enseguida que la iglesia que más ilumina es la que está ardiendo –y eso repitieron clandestinamente los chistes medievales, que se volvieron refranes para evitar suspicacias–, vaya usted a saber…

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