José de la Colina

Adiós a José de la Colina, adiós a una inteligencia irónica e hilarante

Hoy, que ha muerto a los 85 años, una tristeza nos invade el alma y como él reímos en ese ejercicio de vivir con una ironía permanente y pensamos en Moramay Kuri, una persona que trabajó con él cuando recién empezaba y que ha contado unas historias fascinantes.

iudad de México, 4 de noviembre (MaremotoM).- “Cuéntame algo o vete, decía Pepe cuando lo íbamos a visitar. ¿Y ahora qué haré sin que tú estés? Te quiero y te leo, me decías; yo te leeré siempre, querido Pepe, y pensaré que te podría contar que no sepas”, acaba de poner en el Facebook la escritora Ana García Bergua.

Fue ella la que precisamente me advirtió de la enfermedad de José de la Colina, de cómo había sido despedido en Milenio (sin ninguna indemnización), hasta que José Luis Martínez lo pudo rescatar para que siga su columna en Laberinto y cada vez le costaba más escribir

Hace unos años, cuando fuimos a entrevistar a José de la Colina (1934-2019) nos sorprendió el departamento en el que vivía. No tiene elevador y hay que subir unas cuantas escaleras. Él ya tenía unos cuantos años y además vive con su esposa, un poco mayor, que ahora está enferma. Los dos están enfermos y así como ahora nos reímos cuando decimos que somos la primera generación “nini”, es decir que no tenemos jubilación y quién sabe qué haremos cuando las enfermedades y la edad nos tiren abajo, José de la Colina tampoco percibe ningún estipendio.

¿No habrá manera de conseguir una jubilación a aquellos intelectuales que lo dieron todo por su pensamiento y por otorgarle a esta nación sus ideas y su diseño de patria, más allá de la ciencia, de la medicina, de todo lo que es comprobable?, nos preguntábamos el año pasado.

Hoy, que ha muerto a los 85 años, una tristeza nos invade el alma y como él reímos en ese ejercicio de vivir con una ironía permanente y pensamos en Moramay Kuri, una persona que trabajó con él cuando recién empezaba y que ha contado unas historias fascinantes, como cuando decía: No he leído tu libro, pero no me gustó.

Hace cuatro años lo entrevisté. Dejo aquí esta nota para recordarlo.

Cuando el periodista y escritor José de la Colina recibió el Xavier Villaurrutia por su libro de ensayos De libertades fantasmas o de la literatura como juego, la poeta y novelista Myriam Moscona dijo que el autor que da nombre a uno de los premios más prestigiosos del panorama literario mexicano “se pondría de pie para abrazarlo”.

No sólo Villaurrutia. A cualquier persona que estuviera cerca de este adolescente que acaba de cumplir rotundos y vitales 80 años le costaría mucho esfuerzo refrenar el impulso de fundirse en un abrazo con alguien que hace de la vida un canto general de optimismo y fe en las artes.

Dicho todo esto sin exagerar y sobre todo sin alarmar al maestro que, como toda persona inteligente (y él lo es de manera extrema, es decir, en silencio, sin alardear) huye sin remedio de cualquier halago, de toda floritura dedicada a su persona.

Hay un departamento modesto en Coyoacán. Se requiere subir cuatro pisos por escalera para arribar a la puerta. Desde adentro salen voces en italiano. Alguien mira Bocaccio, el filme de Mario Monicelli de los ’70, con una Sophia Loren impresionantemente bella, casi inhumana en su esplendor.

Estamos a la puerta del hogar de José de la Colina, nacido en Santander, España, en 1934, aunque la pinta de mexicano contumaz lo delata como un casi natural de estas tierras a las que ha dedicado todo su esfuerzo intelectual que se dice fácil, pero no lo es.

¿Por qué me hablas del cine italiano si a mí el que me gusta es el norteamericano?, es una forma poco ortodoxa de iniciar una entrevista que transcurrirá de cabo a rabo por la ruta de la ironía y la provocación.

Un hombre que de tan joven lucha a brazo partido con un cáncer que le quita gran parte del magro sueldo que recibe por escribir aquí y acullá, que a lo largo de una existencia en que concibió la literatura y el cine como juegos a los que valía la pena entregarse en cuerpo y alma no se hizo dueño de una casa ni de un perro ni de una abultada cuenta en un banco.

No se queja. Lo suyo es el humor. Son las películas antiguas y la coquetería. “No creas que sólo me gustan las estrellas del ayer. Mi musa de hoy es Cate Blanchett”, dice con voz fuerte y clara.

Lo suyo también es el sarcasmo: ¿Por qué me preguntas por mi editor en Textofilia? ¿No ves que lo tengo al lado, cómo hago para hablarte mal de él?, pregunta con una retórica irrefutable.

Su editor en la editorial independiente Textofilia es el jovencísimo e inquieto Alfredo Núñez Lanz, el impulsor de Un arte de fantasmas, una recopilación de artículos sobre las estrellas de Hollywood del pasado, entre James Dean y Humphrey Bogart.

“No habrá ningún Humphrey Bogart”, es decir, no habrá otro como aquel, asegura “Pepe” de la Colina, quien para hablar del cine del ayer echa mano de un humor que ensalza la nostalgia y en 16 ensayos va trazando su íntima relación con las películas que atrajeron su atención en la juventud.

Figuras como Fred Astaire, Charles Chaplin, Marilyn Monroe, cineastas emblemáticos como Alfred Hitchcock y John Huston recobran vida en su prosa justamente aclamada como una de las mejores de su generación.

Es ensayista, narrador y periodista de cultura. Ha sido miembro del consejo de redacción de las revistas Nuevo Cine, Plural, Revista Mexicana de Literatura y Vuelta.

Fue director durante 20 años de El Semanario Cultural de Novedades. Por su labor como periodista y escritor ha sido acreedor al Premio Nacional de Periodismo Cultural (1984) y el Premio Mazatlán de Literatura (2002).

En el 2005 recibió un Homenaje Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez, en el marco de la FIL de Guadalajara. Es autor, entre otros libros, de Cuentos para vencer a la muerte (1955), Ven, caballo gris (1959), La lucha con la pantera (1962), Miradas al cine (1972), La tumba india (1984), Viajes narrados (1992), Tren de historias (1998), Álbum de Lilith (2000), Muertes ejemplares (2004), Traer a cuento. Narrativa (1959-2003) (2004), Personerío (2005) y Portarrelatos (2007).

–Además del Premio Xavier Villaurrutia me quieren celebrar los 80 años. Yo digo que no, que la gente me va a detestar con tantos homenajes y premios. Van a decir, a este señor no lo aguantamos.

–Ayer estuve en la casa de Arturo Rivera, un pintor al que le hacen pocos homenajes, fíjese…

–Bueno, le regalo el mío. Él es un pintor interesante, hace un realismo muy curioso, porque es realista pero también tiene mucha imaginación en cuanto a los temas que trata. Me gusta Arturo Rivera.

–Dentro de 20 años, ¿alguien hará el libro Un arte de fantasmas 2, dedicado por ejemplo a Brad Pitt y a las estrellas del hoy?

–No lo sé, el mío corresponde a mis mitos y soy una persona que ya tiene 80 años. Eso no quiere decir que no me gusten actores más contemporáneos. Mi último amor es Cate Blanchett, por ejemplo, un amor permitido por mi esposa. Lo que pasa también es que este nuevo libro es el resumen de algunos artículos que escribí. Es parte de mi trabajo. Yo sólo vivo de lo que escribo. Aprovecho entonces para escribir de lo que me interesa y me gusta, que es una libertad que he podido conquistar a lo largo del tiempo. Hacer periodismo, sí, pero escribiendo sobre lo que me gusta y poniéndole tanto cuidado como a mi obra literaria sublime, ya en los cielos.

–(risas) ¿Cómo se hace para ganar esa libertad y al mismo tiempo sobrevivir económicamente?

–Gano unos 35 mil pesos al mes, de los cuales saco 12 mil para el tratamiento del cáncer. Pago 24 mil pesos al año al sanatorio. Tomo una pastilla al día para que el cáncer no se extienda…no sé cómo se llama eso…

–Metástasis…

–Sí, casi digo metáfora. ¡Me va a dar una metáfora! Ay, qué siniestra va a salir esta entrevista.

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–Bueno, al menos tiene un departamento propio, aunque haya que subir tantas escaleras para poder llegar…

–¡No! Esta casa es de mi esposa, el día en que se enoje conmigo quedo en la calle, así que a lo mejor voy a la tuya.

–Claro, encantada. ¿Tiene hijos?

–Sí, tengo uno de una relación anterior y el maldito me acaba de “bisabuelizar”…mira cómo se ríe este canalla [señala a su editor, Alfredo Núñez].

–¿Y se siente bien con este libro Arte de fantasmas, que trae todos sus mitos?

–¡No están todos mis mitos! Entre otras cosas porque me dijiste, Núñez, que tenía que ser un número determinado de páginas, así que tuve que sacar unas cuantas cosas. Hubiera escrito algo sobre John Ford, por ejemplo, que es para mí el mejor cineasta que han parido o hubiera puesto a uno de mis amores, Anouk Aimée o a Ginger Rogers…en fin. Es un libro nostálgico porque a mis 80 años recién cumplidos (el 29 de marzo) soy nostálgico.

–Cuando llegué estaba viendo Boccaccio…¿vio La gran belleza, la nueva joya del cine italiano?

–No, tienen que recomendarme mucho una película para que yo vaya al cine. Te digo que lo último que vi no es tan reciente. Lincoln, por ejemplo. Por primera vez me entusiasmó una película de Steven Spielberg. Amour, que empecé a verla con mucho miedo porque el tema es terrible, pero me gustó…

Le recomiendo La gran belleza

–¿Por qué quieres ir al cine italiano? He crecido con el cine norteamericano, que es para mí el gran cine. La última gran película para mí es Blade Runner, que según yo trata de la muerte de Dios. Está muy dispersa esta entrevista…me gusta

–¿Y cómo ve la anunciada parte 2?

–Bueno, me gusta mucho Ridley Scott. Sé que es desparejo porque tiene que trabajar en la maquinaria de Hollywood. Me interesa mucho David Lynch, que está haciendo cualquier locura. A nadie le gustó Imperio, pero a mí sí. David Lynch es para mí el nuevo Luis Buñuel del cine estadounidense, aunque está tomando el camino inverso. Buñuel terminó trabajando y muy bien del cine comercial, pero Lynch se aparta cada vez más de él. Nadie le va a pagar una película a este hombre que está realmente explorando la selva de un cine desconocido. ¡Qué frase acabo de decir! Para ponerla en mármol.

– Bueno, pero en el arte contemporáneo nadie está dispuesto a pagar la experimentación, en general se va a lo seguro…

– Mira, creo que sobre eso hay una serie de mitos…es verdad que están los grandes exploradores de la literatura, que terminan haciendo obras ilegibles y en el caos total. James Joyce, por ejemplo. Nadie ha leído, ni sabe de qué trata ni le importa Finnegans Wake, llegaron hasta el Ulises. Hay autores como Jorge Luis Borges, que siempre escribieron igual no obstante siempre fueron buenos e interesantes. Eso de experimentar por experimentar o que hay autores que son interesantes sólo si son avant garde cada vez me importa menos. Me parece que no va por ahí la cosa. Hay la cuenta larga y la cuenta corta en la literatura. Me parece que hay señores que avanzan sin parecer que avancen formalmente y con ello están cambiando la literatura. Borges fue uno. En México, Juan José Arreola, que no tiene nada de experimental ni de vanguardia. Eso tendría que explicarlo más ampliamente, aunque sé que por eso me llaman conservador. ¿Y qué?

–Bueno, hoy los jóvenes recuperan a autores como Francisco Tario, por ejemplo…

–Un autor que no es nada renovador, pero sin duda es uno de los más inquietantes que ha dado la literatura mexicana. En qué honduras nos estamos metiendo. Cada vez creo más que la noción de progreso que hay para la economía no cuenta en el arte. Pablo Picasso no es mejor que Diego Velázquez. Es diferente, nada más. No creo que Igor Stravinsky sea mejor que Wolfgang Amadeus Mozart y también creo que superar a Mozart es superar a Dios. El arte tiene tiempo, pero no progreso.

–Eso que decía Julio Cortázar en “El perseguidor”: – Esto lo estoy tocando mañana…

–Acabas de mencionar el mejor relato de Cortázar, que además habla de jazz, uno de mis géneros favoritos. Hacia el rock no avanzo. Me quedé en Los Beatles. Picasso lo descubrió muy bien cuando hizo “Les Demoiselles d’Avignon”, caray, hasta pongo gestos de exquisito cuando te hablo de esto, él volvió con ese cuadro al arte primitivo y cuando encontró el arte primitivo, encontró la gran novedad. Lo que me parece es que una obra de arte no es como un automóvil. ¿Quién es mejor que Leonardo Da Vinci?

–Claro…¿quién es mejor que Thelonious Monk?

–Bueno, yo diría que Miles Davis (risas).

José de la Colina
Ha muerto un escritor mexicano. Foto: Cortesía Moramay Kuri

UN ESCRITOR MEXICANO

Cuando José de la Colina recibió el Premio Xavier Villaurrutia se mostró muy agradecido. “A pesar de que fui embotellado de origen en España, soy un autor mexicano”, dijo.

–¿Qué le provocó la muerte de Gabriel García Márquez?

–Bueno, lo quise mucho, aunque me aparté de él por su postura política, que considero inclasificable, aunque se justifica por la amistad que tenía con Fidel Castro. Cuando se publicó Los funerales de la mamá grande, eso se debió en parte a Elena Poniatowska y a mí. Salió en la colección “Ficción” de la Universidad Veracruzana, gracias a que Elena le llevó el libro a Sergio Galindo, el director, quien nos daba a leer los nuevos libros a aquellos que ya habíamos publicado en su colección. Y lo que dije es que saliera tal como lo había mandado, porque se trataba de un gran cuentista. Nunca le dije Gabo, como le dicen todos ahora que se murió y para mí lo mejor son sus cuentos. A mí no me convence Cien años de soledad, que me parece un libro de cuentos cosidos, donde algunos son buenos y otros no tanto.

–¿Y qué me puede decir de Emmanuel Carballo?

–Es un hombre al que le debo mucho. También algunos pleitos que tuvimos. Fue muy importante en mi vida profesional, porque fue él el que me llamó junto a García Ponce, Juan Vicente Melo y otros a escribir a la revista de la universidad que entonces dirigía. En el número 6 de la Revista Mexicana de Literatura que Carballo hacía con Carlos Fuentes me inauguré prácticamente como cuentista. Le debo mucho, pero era malévolo. Un tipo querible, pero malévolo. A menudo me decía: – Qué buen traductor eres…pero de mi obra literaria nunca decía nada.

–¿Y Elena Poniatowska?

–Tiene un gran libro, que es Hasta no verte Jesús mío, pero no participo de esta especie de adoración que se ha desencadenado a su alrededor. Creo que ha seguido una línea populista que no da buenos resultados literarios. Igual, me parece bien que le den el Premio Cervantes, que se lo den a todos, pues es importante en un mundo donde se está matando a los libros…

–¿Usted está contento con el Premio Xavier Villaurrutia?

–Para mí que soy apátrida, ateo y ácrata, recibir un premio semejante me hace autor mexicano, así que estoy contento, sí.

–Además, Villaurrutia es el poeta nacional, no Paz…

–Me dejaste en shock con lo que me dijiste. A mí se me recordará como uno deincondicionales de Octavio Paz, porque nunca olvidaré como se lo ha odiado. Le hicieron lo mismo que hacían los nazis, quemar sus libros…no creo que Villaurrutia sea mejor, en todo caso son iguales. Pero estoy con Octavio Paz y con su fantasma, porque ha sido un hombre muy odiado por gente que ahora lo reivindica. Te pongo el caso de la revista Nexos, que está llegando a las mismas conclusiones por las que combatían a Octavio. Y me parece que deberían decirlo, reconocerlo. Paz era un demócrata de formación marxista, una ideología de la que se apartó cuando se dio cuenta de que la Unión Soviética era otro campo de concentración. Octavio fue el que dijo “nadie ha matado a más marxistas que Stalin”. Por eso soy ácrata, aunque respeto los semáforos y pago los impuestos.

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