Gabriel Queso Bronfman

Ahora trabajo con la energía constructiva, aunque se oiga medio hippie: Gabriel Queso Bronfman

No sé qué habrá pasado que nuestra conversación, además de algo cariñoso que sucede siempre con un amigo, se convierte de pronto en un obituario. Por supuesto, empezamos antes y con la entrevista: la muerte de Tavo, de Gustavo Limongi, uno de los fundadores de Resorte, a quien yo había visto en el 2017, cuando Tavo había vuelto otra vez a la banda (iba y venía).

Ciudad de México, 24 de diciembre (MaremotoM).- Hace mucho tiempo que no entrevisto y que no veo a Gabriel Bronfman. Lo conozco desde que el rock era una gran fuerza creativa en México, es amigo mío desde el Circo Volador, desde sus coreografías y buenos sonidos con Resorte, su experiencia con Celso Piña, su gran trabajo con Quem, junto a Eder González.

No sé qué habrá pasado que nuestra conversación, además de algo cariñoso que sucede siempre con un amigo, se convierte de pronto en un obituario. Por supuesto, empezamos antes y con la entrevista: la muerte de Tavo, de Gustavo Limongi, uno de los fundadores de Resorte, a quien yo había visto en el 2017, cuando Tavo había vuelto otra vez a la banda (iba y venía).

Es duro empezar así, pero la vida también sigue. Hoy el Queso, como lo llamamos, es un gran multiintrumentista, dice que tal vez un poco más paciente, tiene esposa, tiene un hijo y muchos proyectos con la música.

–Una de las cosas que te quiero preguntar es que veo ahí un bombo y me acuerdo que una vez le pregunté a Diego Arnedo que era tocar el bajo y él me dijo: Tocar el bombo. ¿Es así para ti?

–Sería el bombo, pero el bombo con notas. Creo que es el puente rítmico, lo melódico que permite que los dos lugares se encuentren. Yo digo que es el bombo con la yema de los dedos, el hi hat con las uñas y la tarola, cuando jalo.

–Tocas guitarra, compones, pero siempre te identificamos como el gran bajista diverso del rock ¿Cómo te defines a ti mismo?

–Me considero un músico. Soy un multiintrumentista, aunque me faltaría algo más de disciplina para tocar mejor la guitarra, el bajo, el cello. Toco a mi nivel, muy bien, he estado encontrando la manera en que me gusta sonar. Al nivel de otros, siempre te consideras pequeño. Todo lo puedo traducir como bajista que como cellista. En el bajo o en la guitarra puedo tocarte una canción de Caetano.

Gabriel Queso Bronfman
Cada vez soy más mexicano y me siento orgulloso de ello. Foto: Cortesía Facebook

–Te conozco hace muchos años y siempre discutimos, siempre digo que naciste en la Argentina, aunque a ti no te guste mucho hablar de eso

–Me encanta que me hagas esa pregunta, porque hace unos días tuve una charla con mi hermano a raíz de la muerte de Maradona. Cuando murió de manera impensada e incontrolable, sentí que me daban ganas de llorar. Mi padre me llevó a ver a Maradona a la cancha y se lo agradezco. Me llevó a la Plaza Italia cuando volvió a la democracia en Argentina, esa parte con la que tuve tanto que ver con Argentina, aquí no era cool. Había un mal pedo con los argentinos. Es un país al que México recibió a todos los exiliados y nos dio una nueva oportunidad. Venía destinado a esconder dos cosas, que era argentino y que era judío. No hay judíos como en Argentina. Estaba en una escuela donde era el único argentino, el único judío y el único que hablaba como venezolano. Siempre tuve el problema de ser el güerito. Cuando me subí a un pesero en Argentina y nadie me miró mal, entonces me sentí como en casa. Pero cuando hablaba, sentía una desconexión tremenda. Siempre tuve ese problema. Hice viajes solo para tratar de encontrarme, fui a la tumba de mi abuelo, hablaba con Gastón de Los Pericos y él me contó un poco de la historia. Yo le conté la mía y cuando le dije que nos tuvimos que venir a México, él me dijo: Cuánto lo siento. Enseguida le dije, no, no lo sientas, tengo una esposa mexicana, un hijo mexicano, a mis papás vivitos y coleando, tal vez algo que me haga ver con el judaísmo es que me he tenido que ir de una parte a la otra. Cada vez soy más mexicano y me siento orgulloso de ello. También me siento orgulloso de ser de Argentina.

–Pasaste por Barquisimeto, una localidad venezolana, luego viniste aquí, comenzaste a formar parte de Resorte, una gran banda mexicana. No sé cómo está ahora, luego de la muerte de Tavo

–Este año nos agarró desprevenidos de alguien que se muere y es parte de la familia. Como familia se vuelve intenso para lo malo, para lo bueno, estuvimos juntos hasta el 2017 en donde Tavo decidió una pausa para hacer sus proyectos. Con el nacimiento de mi hijo quedamos en vernos, luego vino la pandemia, luego él se murió. Se mueren muchas cosas, además, la cantidad de viajes juntos, los éxitos, las derrotas, las cosas que uno comparte. Ha sido un golpe muy duro, nos habíamos juntado con dos suplentes para seguir con Resorte, terminamos de grabar seis rolas, pero con la muerte de nuestro amigo decidimos que no era momento, no somos mercenarios para vender un disco. Nos vamos a esperar para que el luto pase y presentaremos un material del cual estamos orgullosos Juan y yo.

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–Con dos discos maravillosos, un legado increíble, ¿Resorte tiene camino en el futuro?

–El contenido lírico es que se parece que siempre está buscando actualizarse. Y eso es Juan, que muere por ver cómo son las formas de comunicación entre la gente, él es comunicador. Después hicimos “Reconecta2”, con Tavo, y eso tenía que ver con “no me des follow”, la manera de comprar likes, era una crítica a esto. En la nueva parte hay una rola que se llama “Zombie”, una nueva versión de Juan en esto que somos. Podemos esperar que las letras sean fuertes, pensadas, no banales. Tavo era una persona que ocupaba un espacio en la banda. Era la guitarra y los bajos hacíamos lo que él nos dejaba. Nosotros encontramos en comunicación con la batería muchísimas referencias a Flea y a Les Claypool, pero sin dejar de lado el tener que tocar con plumilla y sacar los sonidos de las cuerdas nuevas. Sin Tavo en la escena que alguien tuviera el peso de ocupar un lugar así era un poco complicado. Yo tomé parte de ese espacio. Luego está Choper que tiene una mano más pesada, que haga esos riffs que siempre le dieron un costado metalero a Resorte. Por ese lado hay un regreso a los riffs pesados de los primeros dos discos. No hay ninguna canción que se pasee por el lado melódico. Esa parte del new metal que hacía que la gente nos comparara con Limp Bizkit. Nosotros somos más hijos de House of Pain y de Helmet, que del new metal y Tavo estaría de acuerdo en que lo dijéramos así.

Gabriel Queso Bronfman
Luego de eso se volvió la fórmula para hacer un crossover. Foto: Cortesía Facebook

–No te quiero llevar tanto a la nostalgia, pero me acuerdo mucho de Celso Piña

–Podríamos hacer una charla completa sólo de cómo nació este proyecto. Viene del Moco, un integrante de El Gran Silencio, que en ese entonces no era visto como productor. Fuimos de gira con Puya y con A.N.I.M.A.L. y la disquera nos abandonó. El que vino a buscarnos al aeropuerto fue el Moco (Julián Villarreal). Cuando estábamos juntos le toqué una rola de Caetano Veloso con el cavaquinho y fue cuando él me dijo que si no me interesaría hacer un crossover de una canción de Gilberto Gil, para Celso Piña. Fue un trabajo que se brincó a la compañía disquera y luego de eso se volvió la fórmula para hacer un crossover. Está Blanquito Man, que ya no está con nosotros. Está Celso Piña, ya fallecido. Con él tuve la oportunidad de despedirme, fue en el Vive Latino, aunque fue inesperada la muerte de él, pero cuando lo vi, tuve esa sensación de que no lo iba a volver a ver.

–¿Qué piensas tú del dúo Quem, con Éder, tuvieron éxito pero luego se cortó? Hacias algo bien diferente a lo ya conocido

–Éder fue una persona que me dio una fuerza extraordinaria, que me hizo tomar decisiones, algunas de las cuales estoy muy convencido y de otras tengo muchas dudas. Él me convenció para salirme de Resorte, hicimos cosas importantes, tocar en la FIL, al lado de Lenine, de Carlinhos Brown, con Cecilia Toussaint, con Magos Herrera…hace muchos años, Rita Guerrero, que tampoco está entre nosotros, me decía que no me clavara con el rock, que yo tocaba otro pedo. Y me lo decía en serio. El rock será pasajero en tu vida. Ahora veo los callejones sin salida que tomé y creo que no me arrepiento, porque me llevó a lugares encantadores.

–Ahora que eres casado, que tienes un hijo, pareciera ser que estás más seguro de ti mismo…

–Estoy mucho más en paz con lo que hago. Yo he sido mi mejor y mi peor crítico. Hace no tanto tiempo leí una entrevista de Flea, donde hablaba del amor por lo que uno hace, como tiene que querer lo que uno crea. Cada cosa se vuelve un logro, ahora disfruto mucho más y pienso como era yo grabando el Extra Large de Resorte, cómo sufría, como me hacían bullying mis amigos. Tenía 22 años, el nivel de estupidez, de talento, de energía inacabable…ahora trabajo con la energía constructiva, aunque se oiga medio hippie. Le doy más espacio a las ideas de los demás. Sigo teniendo problemas fuertes con la actitud y eso es parte de mi naturaleza, aunque estoy menos enojado. Viste estas cosas de que el jardín siempre reverdece más en la casa del músico que vive al lado. Uno empieza a pensar por qué recibe más regalías que yo y eso te envenena. Es una estupidez y es una falta de sinceridad. No pensaba que Resorte importaba tanto como importaba. Estuvimos casi 20 años juntos, estoy contento y eso se refleja en lo nuevo que estoy haciendo. También hice canciones para el disco de Cecilia Toussaint, Cromático. Ahora estaba escuchando lo nuevo de Paul McCartney, a los 80 me está rompiendo la cabeza. Esta época pasa por ser un poco más generoso con uno.

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