Javier Pérez Andújar

Al escribir a veces veo muertos, quiero decir sombras: Javier Pérez Andújar

He necesitado un montón de años para asumir (no digo comprender, porque ya lo sabía) que nunca en mi vida iba escribir un libro normal. Porque lo normal es ser como es uno y me estaba traicionando. Lo cierto es que aquí está en cuerpo y alma el primer libro que quise escribir y que es el libro que más he querido escribir y de hecho me pasaría toda la vida escribiéndolo; porque no se trata de una novela sino de una manera de ser.

Por Javier Pérez Andújar, para la Newsletter de Anagrama

Ciudad de México, 7 de diciembre (MaremotoM).- Ahora ya lleva cuarenta y ocho horas en las librerías; pero, durante más de veinte años, El año del Búfalo solo estuvo en mi cabeza o en algún lugar dentro del ordenador, donde iba encontrándolo letra por letra. O imagen a imagen, porque al escribir a veces veo muertos, quiero decir sombras. Fue antes la imagen que la palabra escrita.

Para las novelas hay un Génesis diferente. Creo que por esta razón los muertos, las sombras de este libro, se manifiestan a través de psicofonías. Explican en el papel todo lo que hicieron en vida y que retumbaba en una especie de conciencia literaria, es decir, un lugar del subconsciente donde deambulo mientras vivo. Así, El año del Búfalo iba formándose en borradores, en libretas, en cuartillas con las que no sabía bien qué hacer. No lo sabía porque no me atrevía.

Javier Pérez Andújar
El primer libro que quise escribir. Foto: Cortesía

Esta es mi primera novela, pero no he sido capaz de escribirla hasta pasados otros libros, muchas otras escrituras. Y, sin embargo, nunca dejó de manifestárseme desde el más allá de los libros no escritos. Cada vez que acababa una novela, me decía a gritos: ey, que estoy aquí, ármate de valor y sácame de esta. Me paralizaba saberla diferente. Por eso no me atrevía a escribirla al principio. Pensaba que se iban a reír de mí. Que dirían: bah, ha escrito un libro tan raro porque no sabe hacer libros normales. Entonces desistí y tomé lo que se llama el rumbo correcto, la recta vía de la Divina Comedia, sin embargo esta aparece nombrada camino del Infierno.

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He necesitado un montón de años para asumir (no digo comprender, porque ya lo sabía) que nunca en mi vida iba escribir un libro normal. Porque lo normal es ser como es uno y me estaba traicionando. Lo cierto es que aquí está en cuerpo y alma el primer libro que quise escribir y que es el libro que más he querido escribir y de hecho me pasaría toda la vida escribiéndolo; porque no se trata de una novela sino de una manera de ser.

Javier Pérez Andújar. Foto: Cortesía

A medida que iba pasando el tiempo, fui recogiendo por el camino objetos mágicos de la misma manera que Pulgarcito conseguía las botas de siete leguas o al gato del otro cuento le daban también sus botas. En la novela, estos cuentos y algunos mitos, lo atávico en general, se hallan asimismo muy presentes y van de la mano de lo político, de la guerrilla, de la rebeldía, del fracaso, del dolor, de la traición, del horror. Los objetos mágicos eran los trucos, los recursos.

Tengo la certeza de que si hubiera escrito este libro entonces, sería muy diferente a como es ahora, ya que aquí están metidos, entre todo aquello, veinte años de amigos, de contradicciones, de veleidades, de cambios de gusto y de opinión. Y claro, la pandemia también se ha colado. Escribí el libro de un tirón durante el confinamiento y ahora lo entiendo: un libro de cárceles solo podía escribirse desde algún tipo de prisión. Es como la adenda de Chicho al “Romance del prisionero”: Cárcel tengo por fuera / cárcel por dentro […] / Tener no me importara / cárcel por fuera / si de la de aquí adentro / salir pudiera.

Nunca he sabido si El año del Búfalo vivía encerrado dentro de mí o soy yo quien vive atrapado en su interior. Por eso lo he escrito.

 

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