Alessandro Borghi, un nuevo actor italiano

Ciudad de México, 30 de marzo (MaremotoM).- Decir “actor italiano” es recordar a Marcello Mastroianni (1924-1996) y todos sus filmes junto a Federico Fellini, su fumar eterno y su irse en medio de una noche parisina, donde vivía su hija, la enorme también Chiara, que ha podido entre otras cosas lograr una personalidad propia luego de sus padres tan famosos y tan icónicos: Marcello, por supuesto y Catherine Deneuve.

Decir actor italiano es pensar en Vittorio Gassman (1922-2000), en la película dirigida por Dino Risi, Perfume de mujer, un trabajo muy superior al de Al Pacino, que ganó un Oscar por una recreación de ese filme. Gassman perfiló el nuevo actor que hoy vemos en el cine, en el teatro, con una personalidad avasallante, que se sentía seguro en el escenario y decía que “la verdad es que me encuentro a gusto haciendo el juego del teatro, aun cuando muchas veces se trate de un juego algo peligroso”.

En estos tiempos, decir actor italiano es alabar al gran Toni Servillo (1959), un hombre que dará todavía muchos trabajos, pero es imposible olvidarlo como el protagonista de La gran belleza, ese filme de Paolo Sorrentino (el nuevo director de Italia, alguien que defiende el futuro de una cultura decaída) donde veíamos la futilidad y la banalidad de la hermosura en un mundo que se venía abajo.

Decir actor italiano ahora es hablar de Alessandro Borghi (1986), un actor tan bello como Marcello, tan talentoso como Gassman y que ha traspasado fronteras no sólo con su protagonismo en la bella y terrorífica Suburra, la serie de Netflix que ha vuelto a poner a Italia entre nuestras grandes preocupaciones e intereses, sino por su gran tarea en el filme de Alessio Cremonini (quien ganó el David Di Donatello por su ópera prima, de manos del admirado Tim Burton), Sulla mia piele.

El jueves a la noche, Alessandro ganó el David Di Donatello por haberse transformado completamente para personificar a Stefano Cucchi (1978-2009), bajando 18 kilos de peso y transformándose en ese preso que saldrá de la prisión una semana después, muerto, delgadísimo y sin que nadie se haga responsable de su vida.

El filme, presentado en el Festival Internacional de Cine de Venecia, tiene a Alessandro Borghi en un papel desgarrador, no juzga las situaciones, sólo que las situaciones, los golpes que le dan en la comisaría que aparecen evidentemente frente al juez, son ignorados, que jamás pudo ver a sus padres y que murió víctima del dolor y la falta de atención en una cárcel, son más que convincentes.

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La película es dura y es cierto que Stefano Cucchi no era un santo, pero es más terrible el tema de la policía (los carabinieri) contra los toxicómanos y contra todo el que se anime a protestar contra el sistema social de Roma, de Italia, impuesta por el ministro del interior de ultraderecha Matteo Salvini, a quien la familia de Cucchi hace culpable de su muerte.

“En mi país, los que cometen errores pagan. Los uniformados pagan el doble. Pero no quiero escuchar sobre carabineros y policías como policías y criminales o torturadores”, dijo en su momento, cuando se descubrió que Stefano Cucchi había muerto a causa de la paliza pegada por los agentes.

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“Decidí hacer la película porque sabía que nos daría la oportunidad de hacer pensar a la gente. Lo hice para todos esos leones del teclado, quizás uno de los problemas más serios de nuestro país, que quizás en tu cara te digan: primero veo la película, luego juzgo. En cambio, desde detrás de un escritorio, escriben: era un adicto a la mierda, afortunadamente murió”, ha dicho Alessandro Borghi.

“Tengo una pastelería cerca de mi casa: durante tres meses observé el escaparate todos los días mientras miraba un tienda de diamantes. Cuando terminé la película, el nutricionista me dijo que debería haber recuperado peso lentamente, como cuando lo perdí. En respuesta, devoré cinco paquetes de galletas que son literalmente panecillos de mantequilla. No dormí en la noche debido a un dolor de estómago”, agregó.

Alessandro Borghi es un actor con muchas posibilidades y que nos hace mirar a Italia con esa vista de quien ve el futuro basándose en el pasado. Quizá él, quizá Paolo Sorrentino, quizá Nanni Moretti, Toni Servillo, nos permitan pensar en nuevos y maravillosos filmes que harán de Italia una nueva (y vieja) potencia cinematográfica.

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