Alma Guillermoprieto

Alma Guillermoprieto: 10 máximas sobre el periodismo

Una periodista de raza, la hemos entrevistado varias veces y hemos sacado algunas declaraciones que bien pueden servir de guía para iniciar este nuevo año periodístico.

Ciudad de México, 3 de enero (MaremotoM).- La periodista Alma Guillermoprieto es una de las más admiradas y respetadas de México. Nacida en 1949, Alma ganó en 2018 el Premio Princesa de Asturias y también ha recibido, entre otras distinciones, el premio de la Latin American Studies Association y el Doctorado Honoris Causa por la Baruch University.

Una periodista de raza, la hemos entrevistado varias veces y hemos sacado algunas declaraciones que bien pueden servir de guía para iniciar este nuevo año periodístico.

1.El relato impreso puede tener cierta vida. Por otro lado, también veo que la gente lee en Internet, lee libros electrónicos, que Amazon está vendiendo más libros que nunca y eso también refuerza la fe en la lectura. Por otro lado, Internet, que parece ser una cosa muy flexible, que se presta a narración no lineal y cosas así, es lo más lineal del mundo, es muy torpe. Es un instrumento, tecnológicamente hablando, mucho más atrasado que un libro.

2.Los jóvenes tienen el mundo por inventar y lo van a inventar. Periodismo siempre va a haber, porque necesitamos información. Y literatura de no ficción como los textos que están reunidos en mi libro, también va a haber, porque necesitamos no sólo información, sino también necesitamos experimentar el placer de la lectura, necesitamos reflexión, que nos cuenten un cuento, es uno de los impulsos fundamentales del ser humano: contar el cuento y escuchar el cuento.

Alma Guillermoprieto
Los jóvenes tienen el mundo por inventar y lo van a inventar. Foto: Cortesía

3.El periodismo es un oficio, no es una profesión y obviamente tampoco un arte, aunque tiene mucho de artístico. Los oficios se aprenden artesanalmente, siendo aprendiz de oficio. Y se aprenden también reuniéndose con los otros zapateros, con los otros reporteros, a tomarse una cerveza y hablar del asunto.

4.Creo que una de las grandes equivocaciones de los modelos económicos que se adaptaron en América Latina, en México, en los ´40, fue fabricar licenciados y desconocer la enorme tradición artesanal que había en todos nuestros países, destruir una tradición artesanal y crear con ello ejércitos de desempleados.

5.México siempre ha mirado hacia el Norte. Cuando llegué por primera vez a Nicaragua, yo sabía que estaba en Centroamérica y lo que hice en el aeropuerto fue fijarme si Nicaragua quedaba adelante o atrás de Costa Rica y son nuestros vecinos más inmediatos. No sólo México ha mirado siempre hacia otro lado. Brasil tardó en reconocer que es parte de este hemisferio. Argentina se ha creído siempre parte del Cono Sur… Para mí lo interesante, gracias al privilegio de ser una reportera, es haber caminado país por país, recorrido los territorios en buses, en taxis destartalados y ver lo parecidos que éramos. Digo siempre que me siento latinoamericana porque he vivido en muchos países, como Nicaragua, El Salvador, Colombia, en Brasil, pero también porque es cierto. Nos parecemos.

6.Procuro escribir a partir de lo que recuerdo de mis reportajes. Porque lo que recuerdo es lo que me conmovió, es lo que me impresionó y le va a dar impulso a las palabras que voy a usar. Y después, tomo el cuaderno, reviso mis notas y veo que no inventé nada, pero mi impulso primero es la memoria; trato sí, de ser clara con mis entrevistados, muchos de los cuales se encuentran a menudo en situaciones límite. Yo no los puedo ayudar. Eso para mí es lo más difícil, lo más terrible, de mi trabajo como reportera. No los puedo ayudar. Les estoy quitando tiempo y ellos muchas veces quedarán con la esperanza de que a lo mejor de ese artículo que voy a publicar va a salir algo bueno. No es cierto: y quiero que les quede claro. Eso es terrible y por eso agradezco tan profundamente a mis entrevistados, porque su generosidad es pura y simple.

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7.Trato siempre de respetar la vulnerabilidad de mis entrevistados. No quiero que nadie corra el menor riesgo por hablar conmigo. No creo que mi nota sea más importante que la vida de un entrevistado o que la paliza que le puedan dar por hablar conmigo. Lo que sí procuro es quedarme más allá de mi propio aburrimiento y del aburrimiento de los entrevistados. Después de 30 de años de oficio, uno corre el peligro de escuchar siempre las mismas respuestas y en medio de un calor sofocante, que detesto el calor, en medio de un lugar lleno de polvo, mi impulso es cerrar el cuaderno y decir: -vámonos de aquí, me está esperando en el hotel un buen trago frío. Hay que quedarse más allá de eso, hasta que uno escucha la respuesta sorprendente.

8.No le concedo ningún prestigio superior a lo que hago. De hecho, me hubiera podido dedicar a la arqueología, a ser cantante de blues, que creo que lo hubiera hecho muy bien o a ser reportera de arte o de comida, que sí he hecho. Y a todos esos oficios me hubiera dedicado de mil amores. Lo que pasa es que no decidí esta tarea a la que me dedico hace 30 años. Fue lo que me tocó. Además, un periódico tiene la obligación de presentar el mundo ante los lectores. Leo las noticias de sociales, leo la revista Hola!, leo la sección de cine del New York Times, es importante para mí.

9.El texto no creo que sirva para gran cosa, más que para hacer un testimonio, pero para nosotros es la forma más divertida de ver el mundo. Esto es como estar permanentemente en un asiento de primera fila ante el gran teatro del mundo. Es un privilegio. Hasta hace muy poco me di cuenta de que soy, efectivamente, una periodista exitosa. No me divierte. Siento que me quita una de las cosas que más disfruto en la vida que es el anonimato.

10.Es que me queda claro que en cualquier otra situación parecida, cualquier otro reportero hubiera hecho lo mismo. Entonces, ¿por qué tratar el tema del miedo? Se da por hecho de que el miedo o el riesgo son parte del oficio y que si en determinado momento estuvimos en situaciones riesgosas fue porque lo escogimos.

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