“Amiga, date cuenta” El feminismo no es moda

Sororidad, feminicidio, lesbiandad… palabras que hay que agregar al diccionario de todos los días y a la nueva realidad.

Guanajuato, 28 de marzo (MaremotoM/PopPlab).- Ojalá el feminismo fuera un tema de moda. Ojalá que fuera una prenda más para usarse el Día Internacional de la Mujer. Que pasado el 8 de marzo la mitad de la población no tuviera que preocuparse más por su integridad física o porque no la despidan de su trabajo porque faltó por su hijo enfermo. Para algunos, incluyendo el Presidente, hay asuntos más urgentes. La realidad en las calles y en las casas es muy diferente.

Las mujeres mexicanas suman cerca de 63 millones, el 51.4% de la población total (INEGI, 2015). Muchas han sido víctimas de exclusión, como sus madres y abuelas, en el hogar, en las calles, en la escuela, en el trabajo. Ya ni hablar de sitios como la política, los puestos directivos en empresas, medios de comunicación o actividades científicas y tecnológicas.

Y en este país se mata a una mujer cada 9 horas.

Ellas tienen bien identificado a su verdugo: “es el patriarcado, es el sistema en su totalidad”, que aseguran “se ha diseñado y modificado a través de los siglos para sobajar, para humillar por medio de la violencia y el menosprecio a las mujeres”.

Esta situación tiene a algunas muy enojadas. Otras, (¡Madre de Dios!) incluso están radicalizadas. Pero cada vez son más las que se preguntan ¿Por qué son así las cosas? Y peor: que quieren cambiarlas.

Por ello se están organizado para compartir experiencias y conocimiento sobre la problemática que todas (maestras, lesbianas, madres, actrices, activistas, estudiantes…), todas ellas, comparten.

Foto: PopLab, cortesía Martha Silva

SALIR A LAS CALLES

Conmemorar el 8 de marzo es solo un pretexto para que las mujeres reclamen #LaCalleEsNuestra. Así, varios colectivos encabezados por “Mujeres contra las violencias machistas León Gto.” realizaron un ciclo de pláticas y talleres sobre acoso sexual, aborto legal, violencia de género, empoderamiento, lesbiandad (mejor que lesbianismo) y salud femenina.

El objetivo fue y ha sido inspirar a las asistentes a comprometerse con los derechos de todas las mujeres. Por ello reclaman enérgicas el espacio público y excluyen de este tipo de eventos a la población masculina, pues “por más que ellos (los hombres) quieran integrarse al movimiento, han nacido y vivido con el privilegio del dominio, por lo que sólo una mujer podrá comprender a otra mujer”.

Las pláticas que se dan llevan a reconocer que no todas las mujeres son iguales: cada una tiene distintas necesidades de acuerdo a su origen y circunstancia y cada una tiene su propio proceso de toma de conciencia; puesto que el feminismo es un rompimiento con los valores arcaicos, el típico consejo de “Amiga, date cuenta” llega a ser violento para quien lo recibe. “Lo primordial es no ser indiferente a la violencia contra tu compañera, no resignarse”.

No obstante, acompañar de manera respetuosa a otras mujeres en su proceso de autodescubrimiento es el gran reto, con el objetivo de que, de una vez, “caiga el patriarcado”.

Foto: PopLab, cortesía Juan José Plascencia

La meta es difícil. El arraigo en el estado de Guanajuato y en la ciudad de León, de un pensamiento profundamente conservador, reacio a aceptar la nueva realidad, prácticamente tiene paralizada la discusión de la legislación sobre el aborto, de la equidad de género y del uso de la marihuana de uso medicinal, temas en la agenda nacional.

Pese a lo anterior, la agenda feminista en Guanajuato no olvida a las víctimas emblemáticas de feminicidio y otras violencias, que tienen nombre, rostro y apellido: en León se han manifestado exigiendo justicia para Verónica López y Nancy Johana Nila, además Jacqueline, la joven agredida afuera de la Estación Delta, mientras que en Guanajuato capital, fue por Wendy Morales y en San Miguel de Allende, Nadia Baeza, sobreviviente de violencia doméstica, lucha contra la tradicional indiferencia social.

TIEMPOS DE PAÑUELOS VERDES

En particular, el aborto fue un asunto recurrente en los conversatorios, analizado más allá de la moralidad, es un asunto de salud pública: un derecho similar al voto femenino, que en su momento también fue polémico e incluso muchas mujeres estaban contra él, sin embargo, gracias a la lucha de “las revoltosas” que pelearon durante décadas, el voto es un derecho del que ahora se goza sin que exista la obligación de ejercerlo.

Como el voto, las feministas piden, exigen tener la libertad de elegir entre la maternidad deseada y no forzada y el aborto seguro, legal y gratuito.

Y es precisamente la gratuidad la forma de combatir lo que las activistas del pañuelo verde llaman “el lucrativo negocio de la ilegalidad” (de una interrupción del embarazo), pues en público numerosos médicos se pronuncian en contra, mas en privado y tras un generoso pago acceden a realizarlo en clínicas de su propiedad.

Esta discusión de las feministas guanajuatenses se da en el marco de la reforma del Congreso de Nuevo León al artículo 1 de la constitución estatal para que se castigue con cárcel a quien se someta a un aborto voluntario en esa entidad, con el objetivo de “proteger la vida desde el momento de la concepción” hasta la muerte. Guanajuato tiene vigente una reforma similiar desde el año 2009. En un estado en que la diputada panista Libia Dennise García Muñoz Ledo, en funciones, dice que a la sociedad guanajuatense no le interesa discutir el tema.

Colectivos en contra de la reforma advirtieron que promoverán una acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La lucha no es fácil, ese mismo ocho de marzo una mujer de unos 40 años, ajena al grupo, pasó con pulgar abajo, en gesto de desaprobación. En respuesta, los pañuelos verdes se agitaban: “Vivas nos queremos”, “Ni una menos”, “Va a caer, va a caer, el patriarcado va a caer”, “(El aborto) será ley”.

Foto: PopLab, cortesía Juan José Plascencia

NO DISIMULAR EL OJO MORADO

¿Qué lleva a las mujeres a sumarse a la lucha feminista? Activistas guanajuatenses coinciden en que son las injusticias que ven a diario en prácticamente cualquier lugar. Unas, desde niñas notaban cosas que no eran correctas, sin que nadie se los dijera, otras lo descubrieron en la universidad o incluso ya en la adultez.

Fue al reunirse con otras mujeres (amigas, colegas), discutir sobre los problemas que enfrentaban, que la mayoría sintió alivio de saber “que no estaba loca”, que había razón detrás de su inconformidad.

En el caso de la psicóloga Carmen García, acercarse durante sus prácticas profesionales a una asociación de apoyo a las mujeres fue un impacto: eran víctimas de situaciones de extrema violencia, como tortura, incomunicación y golpizas a manos sobre todo de sus parejas.

Ahora, como terapeuta, sigue viendo desfilar a mujeres de todas las clases sociales, jóvenes y adultas, con y sin estudios, madres con muchos hijos, esposas de destacados empresarios, chicas que nunca han trabajado. Todas llegan con sentimientos de culpa, dolor y vergüenza, con el temor de perder todo: sustento, sus hijos y hasta la vida, con la advertencia de “No queremos en la familia a una hija divorciada”.

Por su parte, Judith Martínez, estudiante de la Universidad de Guanajuato, descubrió su inconformidad durante una clase de inglés, cuando protestó por un chiste misógino que había contado su maestra, que llevó a la reflexión al resto del grupo.

Te puede interesar:  La nueva máscara de las derechas en América Latina debilita a las izquierdas apoltronadas: ¿Kast, Milei y Camacho como paradigma?

Con el paso del tiempo, junto con sus compañeras de la “Colectiva Alumnas UG en sororidad”, ha descubierto actos de discriminación y violencia de género en la vida diaria, por lo que cree que es urgente articular un movimiento de resistencia que construya redes de apoyo en el contexto que está viviendo el estado de Guanajuato, que registró en septiembre pasado la mayor cantidad de mujeres asesinadas a nivel nacional en 2018, cerrando finalmente el año con 30 casos oficiales de feminicidio.

Fue precisamente en la ciudad capital la que detonó el hambre de justicia de Gaba García, integrante de “Arena en la Vagina”, luego de que una joven fuera violada en la casa de otra integrante del grupo. Además de su indignación por la normalización del delito entre amigos y conocidos, estaba el dolor y el sentimiento de culpa de la víctima, lo que llenó a este grupo todavía de más cuestionamientos, que gracias a una estudiante argentina de intercambio encontraron cabida a través de la discusión y luego, de las manifestaciones públicas de inconformidad.

Para la abogada Rebeca Lorea, estudiar la carrera fue descubrir que las cosas del derecho estaban enfocabas en los hombres, lo que la motivó a decidirse por la maestría en Derechos Humanos, para tener más herramientas para apoyar a las mujeres en sus decisiones, sobre todo en sus derechos sexuales y reproductivos.

A INDOLENCIA OFICIAL, FEMINISMO RADICAL

El Estado ha renunciado a su responsabilidad de garantizar y proteger a las mujeres. El mensaje parece reducirse a “Cuídense ustedes mismas. No provoquen, no se pongan falditas, no se emborrachen”.

“Las injusticias son repetitivas, históricas”, lamentó otra activista, Rebeca Aguayo, integrante de “Mujeres contra las violencias machistas León Gto.”. Y todavía tener que explicar porqué es importante la lucha feminista, es cansado, “es algo que ni se debería discutir”. De ahí que este colectivo apueste por el feminismo radical, que asume que todos los hombres son agresores.

Se podrá estar de acuerdo o no con su discurso, lo cierto es que en su tiempo las sufragistas también fueron tachadas de “radicales extremistas”. Y que han sido “las locas”, “las rebeldes”, las primeras en visibilizar las prácticas machistas y con ello han realizado la conquista paulatina de derechos, que termina beneficiando a todas.

Pero sea el ala moderada o la radical, enseñarles a las mujeres que tienen opciones va dinamitando poco a poco el sistema, el establishment, el patriarcado.

El amor en los tiempos del #metoo

Y cuando las mujeres se han reunido en espacios públicos para abordar de manera libre y sin miedo temas de la agenda feminista, han excluido de la conversación a los hombres, que en su mayoría reaccionan de manera irónica, sarcástica o hasta a la defensiva: van de las risas nerviosas, a tachar de “feminazis” o “exageradas” a las integrantes de estos colectivos; incluso han pretendido encabezar (en su calidad de hombres) una marcha de mujeres. Se les olvida que hasta hace poco las mujeres tenían prohibido participar en la discusión de los temas importantes de la vida pública y rara vez en la privada.

De hecho, en eventos oficiales o en mesas de discusión con temas como la lactancia o el aborto, son los hombres quienes se asumen como protagonistas. Más allá de “los grandes problemas de la nación” persiste la idea de relegar a las mujeres incluso de temas donde ellas son las directamente afectadas.

Las activistas están conscientes de que más allá de las advertencias de fanáticos religiosos de que “están en la puerta del infierno” y que les arrojen agua bendita “por corromper a las mujeres”, los peligros a los que se enfrentan son reales.

Una de las entrevistadas confesó que recién se mudó por amenazas de muerte por parte del esposo de una de las mujeres a las que brinda apoyo. También mencionó que a los vehículos del grupo feminista en el que participaba le llegaron a romper los vidrios en represalia por su labor, bajo el grito de “Ya no se paren aquí”.

Pero el riesgo vale la pena. Encontrarte con la otra es un alivio, dijo Rebeca Aguayo. Saber que no estabas en un error. Que lo que peleamos es justo. Además, dice Gaba García, ser feminista, no por moda sino por estilo de vida, personalmente brinda empoderamiento, felicidad y satisfacción.

MACHISMO Y HOMBRES

Pero no solo las mujeres se benefician con la lucha contra el patriarcado. La terapeuta Carmen García cuenta que entre los talleres que ofrece hay uno enfocado en los hombres, en darles espacios para que hablen de lo que significa el machismo, el cual les impide hablar de su propio sufrimiento, de su tristeza, reconociendo que maltratan a sus mujeres por presiones, para reafirmar su identidad sexual, “de otro modo son homosexuales”.

La abogada Lorea ve muy difícil que alguien nacido en Guanajuato cambie fácilmente su paradigma. Pero no hay que rendirse: “el feminismo salva vidas”.

Pero advierte: hay grupos que se disfrazan, que se intentan colar en esta dinámica que está teniendo el movimiento feminista y buscan la difusión de lo que para las feministas son “antiderechos”.

Pasado, presente, futuro

Aunque casi todas citan a dos grupos, el Centro de Derechos Humanos Victoria Diez y el Centro Las Libres, como sus primeros contactos con el feminismo, también reconocen que dentro de los diferentes grupos hay distintos feminismos, pero más allá de las ideologías, siempre hay un punto común en el cual han logrado construir consensos, alianzas. Pese a que las han calificado de “una plaga a la que hay que eliminar”, la suya es una lucha contagiosa: el apoyo entre unas y otras mitiga el miedo.

Ellas se fortalecen mediante talleres sobre identificación de las violencias, sexualidad, uso de herbolaria para tratar enfermedades de las mujeres y elaboración de toallas sanitarias ecológicas, para luego tratar temas más complejos como la deconstrucción del amor romántico, orientación jurídica, terapéutica (para fortalecer la autoestima), y en las etapas finales, sobre proyecto de vida, e incluso organizar ferias de empleo para brindar autonomía económica.

Entre las cosas que ha aprendido, Carmen García menciona la capacidad de resiliencia de las mujeres que ha acompañado, que con gran fortaleza han superado las adversidades, incluso, la de un feminicidio en la familia. Y como experiencia propia, ha sido aprender a entender la propia sexualidad y los procesos del cuerpo femenino, “para aceptarnos y amarnos a nosotras mismas”.

Es una lucha complicada, “el patriarcado está en su apogeo”, pero unidas y dando espacios para discutir los temas (todos los temas), hay esperanza. Se busca un cambio de mentalidad, dice Gaba García. No es poca cosa.

Mujeres como estas, Carmen, las dos Rebecas, Gaba, Ruth, son la prueba evidente de que alguien nacido en Guanajuato sí puede cambiar sus paradigmas.

ESTE CONTENIDO ES PUBLICADO POR MAREMOTOM CON AUTORIZACIÓN EXPRESA DE POPLAB. Ver ORIGINAL aquí. Prohibida su reproducción.

Comments are closed.