Ana Clavel: “Somos una mescolanza de apetencias e inapetencias, a través de aspiraciones y desechos”

Ana Clavel presenta Breve tratado del corazón (Alfaguara), una novela de cuatro voces por donde analiza y estruja ese órgano simbólico, cada vez más prestigiado. Aquí habla de ella y del feminismo.

Ciudad de México, 8 de mayo (MaremotoM).- Ana Clavel siempre habla del corazón. O de lo simbólico que es el corazón. Piensa en su cuerpo y en el cuerpo de los otros con un erotismo militante y también con cierto desasosiego, con cierta extrañeza.

Breve tratado del corazón (Alfaguara) salió casi el mismo día en que se suicidó un gran amigo de ella, Armando Vega Gil (1955-2019) y al respecto tiene algunas cosas que decir. No estamos de acuerdo con cómo ve el feminismo Ana Clavel, pero sus pareceres son sinceros y llaman a debate.

En esta novela se entrecruzan los destinos de una mujer que a punto de suicidarse se detiene al pensar que no ha visto el Taj Mahal, de un hombre sometido a una operación del corazón que al salir del hospital descubre que ha dejado de ser el autómata que era, de una joven descuartizada que deambula como alma sin rumbo y de un sicario caníbal, dueño y señor de legiones que habitan en su interior.

Todas las voces tienen llamadas, como explicaciones acerca del corazón y de las emociones humanas, en un afán didáctico que convoca a los lectores. “Probablemente este sea el libro donde más he pensado y le hablo al lector”, dice Ana, autora entre otras cosas de Violetas son flores del deseo y Las ninfas sonríen. También ha escrito el polémico ensayo Territorio Lolita.

–Vi La desconocida del Sena y es maravillosa su sonrisa…

–Es famosa en Francia, pero en México casi no se la conoce. Yo la conocí por Jules Supervielle, que tiene un libro llamado Las desconocidas del Sena. Es prodigioso, es el viaje de la desconocida que murió pero de pronto despierta y está en el medio de una colonia submarina. Es fascinante. Yo no sabía que su personaje es legendario y sobre el que han hablado muchos escritores.

El nuevo libro de Ana Clavel. Foto: PRH

–La relacioné también con Antonieta Rivas Mercado

–Aunque en el caso de ella es más acentuada la dirección de lo que sería la ausencia del amor, como un sentimiento que está palpitando y que orilla el personaje de Antonieta. Lo que está detrás de todas esas búsquedas es un sentimiento de pertenencia, de encontrarle una dirección a la veleta de los deseos. Es un poco como le sucede al personaje de Horacio, al que operan del corazón y luego se descubre un desconocido de sí mismo.

–Tú relacionas todo con el corazón, a mi me parece que sentimos más con los intestinos

–A nivel simbólico, el asunto está relacionado con ese órgano que se ha prestigiado de una manera impresionante, por encima del cerebro, olvidándonos que el cerebro es cuerpo. Tienes razón, ya me veo cantándole a los intestinos a sabiendas de que no todo consiste en asimilar, sino también en excretar. Somos una mescolanza de apetencias e inapetencias a través de aspiraciones y desechos.

Me parecía una vuelta de tuerca interesante abordar personajes tan contemporáneos. Foto: MaremotoM

–Toda la novela se pregunta para qué vivimos y para qué estamos acá

–Creo que se acentúa con el personaje de Cassandra, la chica enmaletada del Metro, con Omar Santacruz, el corazón sicario. Me parecía una vuelta de tuerca interesante abordar personajes tan contemporáneos.

–La vida con un corazón que se trasplanta y la vida que se pierde en un segundo

–Tiene dos caras. Por un lado prolongas la vida, pero también está el riesgo de perderla a cada paso. Los casos de violencia como los que vivimos en este país, desafortunadamente.

–¿La violencia y el suicidio son lo mismo?

–No. En un caso es una violencia elegida y en otro caso es lo que eligen. Yo respeto la decisión del suicidio, pero arrebatarle la vida a otra persona es el crimen absoluto. Me parece interesante ponerlos como las dos caras de la moneda. Un poco bordando como de una a otra configuración puedes insuflar un soplo.

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–Lo que sí es cierto que el libro es todo sobre el ser humano, una condensación de lo que es la existencia en todos sus aspectos

–En ese sentido, que sea un Breve tratado del corazón es una ironía, porque además es un libro de 150 páginas, pero también está un sentido expreso de metonimia. Las partes evocan el todo y como bien dices hay una suerte de flujo que hace una suerte de recorrido por la humanidad. Entre los mesopotámicos el órgano que tenía que ver con la emotividad era el hígado, pero poco a poco el corazón se fue prestigiando.

–¿Sandra eres tú?

–Fíjate que no. Me inspiré en una compañera que tuve en el FCE, que de pronto empezó a tener problemas de conducta y se le estaba agravando una depresión. A ella lo único que la salvó era “no me puedo ir sin conocer el Taj Mahal”. Cuando desarrollé a este personaje que sabía que se quería tirar al Metro y me acordé de aquello. No lo conoció al Taj Mahal, pero lo que importa es el asunto de la lámpara de los deseos. Fantasear con un paraíso, con un lugar idóneo, que te sirva como motor para seguir adelante.

–¿Sufriste depresión alguna vez?

–Bueno, te mentiría si te dijera que no hay una parte de mí en Sandra. La verdad es que desde muy pequeña, cuando murió mi padre, que yo tenía tres años, la posibilidad de no estar no es para mí tan terrible. He tenido que ir descubriendo estos caminos de las escrituras, de los libros, por ahí me salve, sino hubiera sido una suicida consumada.

–El libro salió justo cuando el suicidio de Armando Vega Gil

–No me lo hubiera podido imaginar. Esa sincronicidad. Qué increíble que lo comentes, porque cuando pasó eso de que Armando tomó esta decisión, que todo le reclamamos, recordé cómo termina el epitafio del corazón. Me quedé pasmada cómo se entrecruzan de una manera tan misteriosa las redes de nuestras vidas.

–¿Cómo era Armando?

–Era muy delicado, muy femenino. Cuando la gente dice que cometió estos asuntos de acoso, yo me quedo pasmada, porque hasta yo dudaba de su virilidad. Era muy suave, de esos hombres que se permitían explorar su parte femenina delicada.

–¿Crees que las mujeres del #Metoo son violentas?

–Sí, por supuesto. No digo que no tengan razón en muchas cosas, pero lo que he visto ha sido de una rabia contenida y de pronto explota contra todo lo que se mueva. Ni siquiera es una explosión dirigida y coincido con las mujeres como Marta Lamas o Blanche Petrich. Se confunden las luchas y no ven que los hombres son víctimas del patriarcado. Por ahí nos podremos quedar en un sistema muy superficial, lo que está ocurriendo a nivel de crimen no estamos llegando. El tema es la justicia social.

–Las dos cosas pueden ir simultáneamente

–Creo que tienes toda la razón, pero creo que tienen que dirigirse mejor los objetivos. La compasión no está del todo reñida, para calificarnos como seres humanos.

–Hablas de Breve tratado del corazón leyéndolo de varias maneras, casi como Rayuela, de Julio Cortázar

–Puse como texto aclaratorio al final del libro que este trabajo sale a un año y medio después de Territorio Lolita, pero en realidad lo venía trabajando hace bastante. Cada libro tiene su tiempo y por eso me niego a los territorios de whatsapp (risas). Me distraen mucho. No sé si leerlo como Rayuela, pero la literatura me sirve tanto como cura, como un mundo que traigo alrededor, en mi cabeza, me desplazo en una suerte de burbuja acuática.

–¿Los libros son el Taj Mahal para ti?

–Sí, totalmente.

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