Ana Rosa Domenella: “Ibargüengoitia siente a la Independencia como propia y a la Revolución como un robo”

En la casa de María Álvarez a Ibargüengoitia lo llaman “Ibar”

Ana Rosa Domenella, la primera que hizo un trabajo académico sobre el autor de Guanajuato. Le pareció el único antisolemne y por eso lo eligió en su juventud.

Guanajuato, México, 8 de abril (MaremotoM).- “Ana Rosa Domenella es una de las voces intelectuales más activas en el campo de los estudios literarios mexicanos y en esta colección de ensayos vuelve a revisar un autor que ha sido central en su trabajo como investigadora. La obra de Jorge Ibargüengoitia ha sido objeto de estudio de la crítica argentino-mexicana citada desde los inicios de su formación académica, con el libro Jorge Ibargüengoitia. La transgresión por la ironía; hasta la fecha ha dejado como fruto numerosos artículos, ponencias, capítulos en libros, y conferencias. Es precisamente la compilación de todos estos documentos los que componen Jorge Ibargüengoitia: ironía, humor y grotesco; cualidad que otorga una afortunada autonomía a cada ensayo, según sea el interés del lector”, es el inicio del comentario de la crítica Inés Ferrero Candenas, para la Universidad de Guanajuato.

Pensar exactamente en el primer libro y sobre Jorge Ibargüengoitia. La transgresión por la ironía, nos lleva a un primer gran trabajo sobre la obra y el pensamiento del escritor, hecho por una argentina que había llegado a México. Precisamente ayer, el escritor Juan Villoro, un estudioso y fanático de JI, la nombró a Ana Rosa Domenella como que “no es casual que haya sido una investigadora argentina quien se interesara en un autor que era para nosotros alguien que gozaba del prestigio de lo divertido. Nuestra literatura ha estado determinada por la desgracia y el quebranto. Cito a Guillermo Sheridan: ‘el periodismo de calidad es propio de quien está elaborando un estado de ánimo y con inteligencia y rigor es capaz de traducir en un estilo peculiar para observar y redactar su realidad´”.

En Guanajuato, sede de la Feria del Libro de la Universidad, encontramos a Domenella, junto a quien probablemente sería una heredera, la estudiante María Álvarez, madrileña, las dos dispuestas a hablar de Jorge Ibargüengoitia.

Pero Domenella, que sigue gustando y sabiendo sobre la obra de este escritor al que la comunidad internacional todavía le debe un gran reconocimiento y los lectores, leerlo, ha luchado mucho también por la literatura femenina en México. Descontextualizando el canon, ha formado en el Colegio de México, junto con otras escritoras el mítico taller Diana Morán.

El Taller de Teoría y Crítica Literaria Diana Morán es un grupo independiente cuya principal línea de investigación es la escritura en México y América, desde una perspectiva de estudios de la cultura y estudios de género.

El programa inició sus actividades en 1984 como parte del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer de El Colegio de México. Por decisión de todas las participantes, el taller lleva desde 1993 el nombre de su fundadora, Diana Morán, crítica e investigadora panameña exiliada en México.

Conformado inicialmente por un grupo de profesoras mexicanas y centroamericanas, hoy pertenecen al Taller más de veinte académicas e investigadoras, la mayoría con nivel de grado en estudios literarios, adscritas a diferentes instituciones de enseñanza superior, quienes se reúnen semanalmente en seminarios sobre crítica y teoría.

El Taller ha editado diversos títulos y es uno de los pocos grupos académicos especializados en estudios de género del país.  

–Usted fue la primera que hizo un trabajo académico sobre Jorge Ibargüengoitia

­–Lo he mantenido, aunque en los últimos años trabajo mucho más a las escritoras mexicanas y latinoamericanas, pero mi amor por la obra de Jorge Ibargüengoitia se ha mantenido. Llegué a México para quedarme en 1973 y ahí inicié mis estudios de Doctorado en el Colegio de México. Ya había leído a Jorge Ibargüengoitia en Córdoba. Carlos Fuentes, Rosario Castellanos, ya los había también leído. Cuando vine estaba dispuesta a hacer mi tesis doctoral sobre Alejo Carpentier, me interesaba política y literariamente, pero había un seminario de literatura y sociedad. Cada uno elegimos a un escritor contemporáneo para trabajar y yo elegí a Jorge Ibargüengoitia, porque era el único antisolemne. A mí me pasaba todo eso de “la casa de usted”, nunca sabía dónde terminaba la cortesía y empezaba la realidad. Empecé a trabajar en serio con él y teníamos todo un marco teórico en los ’60, así que lo hice con ese marco teórico. Disfruté tanto. Trabajé los Relámpagos de agosto y los cuentos de él.

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–¿Lo conoció?

­–En dos oportunidades. María Teresa Lugo era vecina de él y me dijo que un día lo iba a invitar. Así lo conocí. Le dije que no sabía manejar y me preguntó cómo sabía eso. Le conté que en ninguna de sus narraciones la persona maneja. Me dijo: –Sí, es verdad y lo peor es que mi mujer tampoco. Platicamos de su obra, todavía no había escrito Dos crímenes, era más o menos en 1975. Lo entrevisté ya más formalmente en 1979, estaba preparando mi tesis, fui a su casa de Coyoacán y él se estaba por ir a Europa. Le hice preguntas concretas sobre su obra, me explicó por qué el título de Relámpagos de agosto (lo tomó de un refrán ampliamente difundido en el Bajío, que dice a la letra: “Vienen como los relámpagos de agosto, pedorreando por el sur”) y me dijo en esa oportunidad de haber vendido la casa, que estaba contento. Su mujer estaba un poco preocupada, porque empezar de nuevo a los 50 años no era nada fácil, pero él estaba muy feliz. Y realmente vivieron muy bien durante todos esos años, hasta el accidente terrible.

–¿Qué diría de la obra de Jorge Ibargüengoitia?

–Yo para mi tesis trabajé el amplio espectro de lo cómico frente a lo trágico. La risa frente al llanto, desde la Grecia antigua se prestigiaba a la tragedia, los personajes se reflejan como debieran ser. En cambio, la comedia muestra a los personajes realmente como son. Él utiliza todos los registros de lo que sería la comedia. Hay momentos de humor, el humor es como más alegre. Pirandello decía que el humorista ve al mundo no desnudo, sino en mangas de camisa. El ironista es un intelectual, siempre está en un papel superior. También hay autoironía en él y cuando escribe Las muertas, que es la historia de las poquianchis, su tono se hace muy oscuro. Obregón es algo en la historia nacional que él siente cercano. Se interesa mucho por él. Ibargüengoitia a la Independencia la siente como propia y a la Revolución como un robo.

Ana Rosa Dometella y María Álvarez, varias generaciones para la obra de Jorge Ibargüengoitia. Foto: MaremotoM

–¿Estás trabajando con las mujeres mexicanas? ¿Hay que cambiar el canon?

–Ahora creo que se publican tanto mujeres como hombres, pero en el pasado, las mujeres fueron relegadas de la literatura. Nosotras, digo nosotras porque soy fundadora con otras colegas, fuimos fundadoras del Taller Diana Morán en el Colegio de México. Fue en 1984. Lo que queríamos hacer era una historia de la literatura mexicana con perspectiva de género. Nos costó mucho conseguir quiénes serían las mujeres que nos antecedían, buscamos y conseguimos poco material del XIX y sacamos un libro que se llama Las voces olvidadas. De ahí seguimos, uno sobre la infancia, otro sobre pesares y alegrías en América Latina, como cuentistas hemos trabajado a Amparo Dávila, a Inés Arredondo, son grandes escritoras. Tenemos una conexión que se llama Desbordar el canon, por medio de la cual dedicamos un librito a cada una de las escritoras. Nellie Campobello, Josefina Vicens, Elena Garro, Rosario Castellanos, María Luisa Puga, son 13 cuentistas, el último de los cuales fue para Esther Seligson, una enorme cuentista. Ahora estamos haciendo tres libros a la vez. Uno para Margo Glantz, otro para Aline Peterson y el último para Angelina Muñiz. También hemos trabajado a las jóvenes como Guadalupe Nettel, Socorro Venegas, Rosa Beltrán y Cristina Rivera Garza. Somos las leonas o cronas, las viejas sabias.

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