“Antes” y los adverbios de la nostalgia

Ciudad de México, 19 de marzo (MaremotoM).- ¿Recuerdan la paradoja de Zenón de Elea? Esa donde el matemático pone a correr al héroe clásico más famoso, Aquiles (el de los pies ligeros), contra una aletargada tortuguita. Confiado de su agilidad, Aquiles le concede 100 mts de ventaja al dulce galápago. Pero, no lo sabe, necesitará un tiempo indefinido, una eternidad pues, para alcanzar al quelonio. Y es que sucede que los momentos, no vamos a decir que todos pero sí que algunos cuantos segmentos de nuestra vida, resultan perpetuos. Aquiles, por supuesto, es la muerte. Y la tortuga, claro está, a la juventud. Ese momento que recordamos como “nuestros tiempos”. La finitud necesitará todo lo que dure la vida de cualquiera de nosotros para poder alcanzarnos. Tristemente a alguno de nosotros nos atrapará de improvisto; otros nos dejaremos llegar, cansados y borrosos, justo antes de la raya.

A lo largo de nuestro periplo de vida experimentamos emociones, dolor, viajes, cariño. Quizá en uno de esos cariños nos enredamos con el vocalista de una banda de rock o viajamos por Europa del Este o Sudamérica sintiendo que la vida, la nuestra, late en el viento que nos alborota la hormona. Nos sucederán tardes lluviosas en las que pensaremos en nuestra madre, en su calor infinito. Tendremos tiempo para todo un pasado y / nunca para la cobardía /. Y ahí estará Aquiles, acechante, queriéndonos atrapar. Sin embargo seremos invencibles en nuestra propia existencia. Seremos invencibles cuando todos los que posan en aquella fotografía todavía caminen sobre la tierra. Cuando inclusive suceda esa versión extraña de nosotros mismos que observamos en pesadillas y con la sangre hirviendo. Antes que gran parte de nuestra historia se convierta en un adverbio para la nostalgia.

Es sobre esta sensación de recapitular los fulgores de la vida donde Mónica Maristain se desliza. Su poemario, Antes (UANL/Literal, 2016) es una tabla de surf con la que se enfrenta al retrovisor personal: /Hoy se ha dado cuenta de algo  envejecer es pensar a cada minuto que todo era mejor Antes/.

De pronto lo ocurrido huele a / los sitios donde quería estar cuando no estaba en esos sitios /. Cuando creías que /sólo tenías miedo y días iguales / y aquello de lo que no te dabas cuenta, ahora resulta tan claro, era la maldita plenitud. Las calles, sus olores. Las ciudades y los hogares que ya no existen. Que se retuercen en algún lugar que inventa la memoria: /Aviéntame tu flema de enfermedad / para esos días en que nos sentimos líricos / y no podemos aguantar el cerebro vacío…./destrózame las plumas    la caridad / para esos tiempos en que nos sentimos tibios y / no podemos gritar con el ceño fruncido / rebótame la sangre / ahora que la sordera te llega al pescuezo /

Te puede interesar:  LIBROS DE LUNES | Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander 

¿A quién le exige esto la voz poética? ¿Con quién se descarna la melancolía del pasado? Antes nos responde: / la vida es historieta / quieres matar al héroe / para inmolar tu rabia /

Lo sabemos. Pero en el Antes no nos importaba la / próstata de los inviernos que vendrán / todos los días son tuyos / ¿qué harás con ellos? Esta pregunta como un loop que taladra el presente. Y luego / ¿Qué esperaré cuando todo me niegue? /

Valiente, honesta, la poesía en Antes no sólo es enfrentamiento. También es humor y música y baile. Es un apañe con Jeremy Irons y un tigre saltando en la boca del sueño. Y efectivamente, hay días en que uno está dispuesto a estrellarse en otros cuerpos porque: / debajo de la mesa crece una lujuria inesperada /

Y porque, joder:   / la vida es como flashes que se confunden con el sueño /…. / hasta que la muerte o la desidia le atrapen el alma hasta los tobillos/

Advertimos entonces al incansable Aquiles tras nosotros. Pero cada día, y esto lo sabemos desde Antes; y Maristain o ese canto descarnado que ha colocado en sus poemas y que nos recuerda dulcemente a la voz de la Pizarnik también lo sabe: siempre (otro adverbio) hay bonus tracks. Inesperados relámpagos en medio de la noche. El Antes continúa, se expande mientras no nos atrape, en el ahora (otro más), el silencio.

Antes es un poemario en el que uno casi puede atrapar la pátina de tiempo que han recorrido sus versos. Al leerlos no se puede más que encender la propia máquina del tiempo, el Antes que nos pertenece. Quemarlo todo de una buena vez. Porque, oh sabiduría de poeta: / para olvidarlo todo / acuérdate de todo.

Comments are closed.