Antonio Martorell

“Aprendí a bailar y a besar con el cine mexicano”: Antonio Martorell

Antonio Martorell propone un homenaje a “ese arte mexicano que nos enseñó a toda Latinoamérica a reír y llorar en blanco y negro”.

Ciudad de México, 30 de octubre (MaremotoM).- Una calavera sobre la pantalla de cine. Una calavera colorida sobre un manto negro. Algo dice fiesta por todos los rincones. La muerte es parte de la vida. Vivir en México hace que uno entienda y hable de vez en cuando con la muerte. En estos años, cuando “ya tenemos una edad” –como dice Santiago Auserón- debemos cada día toparnos con alguien que se va, con alguien querido que ya no veremos nunca. Así lo dice el artista puertorriqueño Antonio Martorell (San Juan, 1939), quien ha montado el Altar de Muertos de la Universidad del Claustro de Sor Juana, bajo el título Ofrenda puertorriqueña al cine mexicano en blanco y negro: de Santa a Roma, un recorrido por las mejores películas donde el beso es el hilo conductor.

Él justo recuerda el lugar donde aprendió a besar y a bailar, que son dos circunstancias muy relevantes en la vida, mientras miramos a María Félix, a Cantinflas, a Tin Tan, esa película de Luis Buñuel, Los olvidados, en momentos en que la Cineteca organiza una exhibición en homenaje al director.

Antonio Martorell
El Altar del Claustro Sor Juana armándose. Foto: Facebook

Para el altar de muertos, el artista Martorell realizo 16 dibujos al carbón y crayón sobre papel de 24” y 36 “ / 61 cem 91 cm, que estarán dispuestos al centro del escenario del Divino Narcivo, en una especie de marquesina iluminada por múltiples focos de neón. Al centro se proyectará un video donde el autor narra su relación con México y la cinematografía.

No es la primera vez que está Antonio Martorell en el Claustro Sor Juana: “Vine hace cinco años, hicimos una gran muestra y luego presentamos una obra de teatro partiendo de un texto mío teatralizado por Rosa Luisa Marquello”, recuerda el artista, mientras se sube el pantalón de piel, tal vez un poco grande, que alguien le regaló antes de la inauguración.

“Siempre me interesó la muerte. Es la muerte mi tema principal, de adolescente. Cuando vine a vivir a México, que es la tierra de mis maestros, me encontré a otra patria, la patria del imaginario. Tanto así que decidí abrazar la costumbre de hacer altares de muertos”, cuenta Antonio.

“Siempre me interesó la muerte”. Foto: Moramay Kuri/Claustro Sor Juana

Hizo varios altares en su vida. La última que hizo fue dedicada a Toña La Negra y a Agustín Lara. “Hice también una carpeta de grabados que están expuestos aquí, en una vitrina. Esto de hacerlo con el cine mexicano es porque yo me formé con él, es mi educación sentimental. La gente conoce el cine mexicano de la Edad de Oro por la pantalla chica, pero no es lo mismo. El cine es esa pantalla donde uno entra de día y sale a las mil y una noches. Aprendí a bailar y a besar en el cine mexicano”, evoca.

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La icónica película Santa (1932, donde actúan Donald Reed y Lupita Tovar); El peñón de las ánimas (1943, María Félix y Jorge Negrete); Cuando lloran los valientes (1947, Pedro Infante y Blanca Estela Pavón); Músico, poeta y loco (1948, Germán Valdés Tin Tan y Meche Barba); Casa de vecindad (1951, con Arturo Martínez, David Silva y Meche Barba); Escuela de vagabundos (1954, Pedro Infante y Miroslava); Me lo dijo Adela, necesito un marido (1955, Kiko Mendive y María Antonieta Pons), hasta llegar a Roma (2018, de Alfonso Cuarón), forman parte del documental preparado por Martorell y sus amigos, como hace todos sus proyectos ahora.

Recuerda también a Luis Buñuel y a Los olvidados: “Buñuel nació español, pero su cine principal lo hizo en México. Lo conozco desde siempre. Hice un dibujo del niño que sueña con su madre que le trae un bistec, esa escena de la que nunca me olvidé”, cuenta el artista que ha sido premiado por el Instituto Americano de Artes Gráficas, la Bienal del Grabado Latinoamericano de San Juan y de Nueva York y por la Bienal Internacional de Frechen y Florencia, entre otras muchas cosas que tiene la carrera de quien hoy vive en Ponce, Puerto Rico.

La revista Inundación Castálida está a él dedicada Foto: Moramay Kuri/Claustro Sor Juana

“Para un puertorriqueño que se siente también mexicano, este cine es aprendizaje continuo en afirmación creadora, en transformar la herencia en futuro, sentirnos parte de la familia latinoamericana tanto en la vida como en la muerte”, ha dicho, mientras con un beso en la revista, recibía de parte de la rectora de la Universidad Sor Juana, Carmen López Portillo, Inundación Castálida, íntegramente a él dedicada.

MIGUEL VILLAFAÑE, RESTROPECTIVA

Paralelo al Altar, en la Celda de Sor Juana, el cineasta y fotógrafo puertorriqueño Miguel Villafañe inaugura la exposición retrospectiva Retrato/Teatro, donde en palabras del propio Antonio Martorell: “Miguel retorna a su querido México con la ofrenda del testimonio de jornadas sin fin entre cámaras y candilejas”.

Además se exhibe en la Universidad, la muestra María de mis recuerdos, integrada por vestidos originales que María Félix ortó en cinco de sus filmes y que forman parte de la Colección de Indumentaria Mexicana Luis Márquez Romay.

Antonio Martorell
Una calavera sobre la pantalla de cine. Una calavera colorida sobre un manto negro. Foto: Facebook

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