Pinche Paleta Payaso

“Aquí los tacos de tripa son mi hit. El mejor lugar para comer es donde come el pueblo”: Adrián Román

Editado por Discos Cuchillo, estas crónicas de Pinche Paleta Payaso, nos hacen sentirnos orgullosos, como Adrián Román, de vivir en esta ciudad de la furia.

Ciudad de México, 16 de agosto (MaremotoM).- “En su exitoso libro de crónicas, El pericazo sarniento (selfie con cocaína), Carlos Velázquez le dedica un capítulo, homenaje retador, a Adrián “El Negro” Román, que titula “La paleta payaso”: “Negros hay muchos”, dice, como una especie de justificación del apodo”. Lo cierto es que más allá de la celebridad de su ilustre amigo, Adrián hace una especie de periodismo “gonzo” pero particular. A veces tiene algunas lagunas en la redacción, pero es la verdad, la obsesión por mostrarse como es, lo que diferencia a estas crónicas de lo que se está editando como tal. Adrián Román no es el héroe del periodismo, sino un poco la víctima de una ciudad desgastada, pero de la que se siente orgulloso. También hace unas crónicas divertidas de su viaje a Buenos Aires, Argentina.

“Son exploraciones precisas de esos mundos imposibles que sólo se vuelven factibles a costa de las trampas sociales de un sistema perverso que encumbra las ambiciones individualistas y el egoísmo”, dice la sinopsis de la editorial. Lo cierto es que más allá de todo, ese libro es para divertirse, para echarse a reír por todo lo alto. Editado por Discos Cuchillo, estas crónicas nos hacen sentirnos orgullosos, como Adrián Román, de vivir en esta ciudad de la furia.

Pinche Paleta Payaso
Tepito es el lugar que más amo de la ciudad. Foto: Facebook

–Tu libro es un libro libre. No te atas al tema de la crónica en sí, sino que haces una crónica bastante particular

–No concibo a la crónica sin hablar de mí. Puede sonar muy egocéntrico, pero creo que es la única forma que he encontrado al menos de intentar conectar con el lector, de ver lo que me producen los lugares o cuál es mi relación con las cosas.

–Estaba leyendo la crónica de La Boca en Buenos Aires y me encantó

–(risas) Esa crónica sucedió a finales del 2015, cuando nos invitaron al FILBA, hubo allí un stand muy bonito. Casi viví un mes en Buenos Aires y todo el tiempo que me quedaba libre lo dedicaba a vagar por ahí y me gustó muchísimo. Es muy difícil Buenos Aires. Me sucedió con la policía como en la Ciudad de México. Es muy abusiva allá como la de acá.

–Hablas de Crónicas de un chilango, ¿por qué marcar que eres un chilango?

–Porque provengo de un barrio bajo y estoy muy orgulloso de ser chilango, de ver el mundo como lo veo, en esta mezcla que tiene raíz prehispánica y esas cosas grises que nos sumó el catolicismo. Nos ha dado una visión muy simpática. Me gusta mucho ser de esta ciudad, presumo mucho de ser chilango. No quisiera tener un molde en mis pensamientos, me gusta mucho ser de esta ciudad, me gusta la cumbia, la comida callejera, ver el mundo con los ojos que me dio Ciudad de México.

–Lo de la comida callejera decía Terri Gilliam que uno podía comer acá en la calle, como en un restaurante carísimo de otros lugares

–Ay, sí. Yo comí en Buenos Aires en la calle, me pasó lo mismo en La Habana y en esta ciudad los tacos de tripa son mi hit. El mejor lugar para comer es donde come el pueblo, donde veas a mucha gente aglomerada, ese es un buen lugar para comer.

–A veces los chilangos están catalogados como el que no te dice siempre la verdad, el que va por atrás, pero tú reivindicas tu “chilanguez”…

–Tienes toda la razón, el chilango es de esconder sus sentimientos, pero yo voy por otra cosa, yo voy por mostrar lo que sentimos, me gusta mucho decir lo que pienso. Si me preguntas por alguna virtud que pudieran tener mis textos es la honestidad y la desnudez de mis pensamientos. Esto es lo que pienso, lo que siento, contraria a la cultura chilanga.

Pinche Paleta Payaso
Un libro que busca y redime la honestidad. Foto: Collage Maremoto

–Si eres blanco acá consigues el éxito sin hacer nada, me decía Jordi Soler, algo que lo abruma muchísimo

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–Mi color de piel es oscuro. Tengo una mezcla rara entre negros e indígenas y he sufrido el racismo desde niño. Esa clase de segregación que hace la sociedad, es una condición difícil, pero das la vuelta cuando te sientes orgulloso de lo que eres. Es una cosa que venimos cargando desde los tiempos coloniales y que pareciera que seguimos viviendo entre razas. Ojalá eso cambie y eso cambiará desde los que venimos desde abajo. Nos estamos quitando mucho los complejos en México.

–Hablas de vivir en el fin del mundo y te refieres a la avenida Ignacio Zaragoza…

–Yo durante mucho tiempo viví en las afueras de la Ciudad. En esas zonas pobres vivía yo e Ignacio Zaragoza es la avenida más mugrosa de la ciudad, la más conflictiva, a las cinco de la mañana ya hay tráfico y la transité durante 10 años. Vivir en el fin del mundo me hizo tener mucha rabia. Quería comprar ropa nueva y bonita, veía las discotecas de moda, quería tener todo lo ajeno. Vivía en un lugar donde no había pavimento. No sabía que vivía en un lugar lleno de vida, porque tenía deseos de conocer otro mundo que no fuera tan hostil. Eso me impulsó a escribir y a contar quién soy.

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No sabía que vivía en un lugar lleno de vida, porque tenía deseos de conocer otro mundo que no fuera tan hostil. Foto: Facebook

–Yo vivo en La Peralvillo, es cierto que la ciudad se extiende, ahora con el metrobús de Reforma es muy diferente a cuando yo vine a vivir acá…

–Es una avenida distinta hoy Ignacio Zaragoza, pero lo que ha aumentado es la cantidad de gente frustrada que viaja por ella. Entiendo que la imagen de la ciudad ha cambiado, pero no ha cambiado tantas costumbres y tampoco se ha liberado la desigualdad social. La ciudad es más bonita, más estable, que tiene más opciones por todas partes, pero la raíz de la circunstancia que es la desigualdad, no ha cambiado tanto.

–¿Amas el boxeo?

–Amo el boxeo. Me parece que hay personas como Rubén “El Púas” Olivares, que lo llevaron al arte, que hicieron del boxeo una expresión humana, una forma de rebeldía a la condición que les había tocado vivir. Creo que muchos boxeadores tienen vida de artista, como Salvador Sánchez, Rubén Olivares, Muhammad Alí, Julio César Chávez. En algún momento practiqué boxeo.

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Me parece que las mafias, los empresarios, los intereses económicos han terminado con el box. Foto: Facebook

–También es cierto que te refieres un poco al boxeo pasado, el de hoy en México da lástima

–Me parece que las mafias, los empresarios, los intereses económicos han terminado con el box. Hay una condición básica que deben de tener los boxeadores y es rabia. Gente rabiosa y con ganas de subirse al ring hay muchos en el df y con talento. Están faltando oportunidades.

–Haces un poco periodismo gonzo cuando te drogas, pero no es gonzo totalmente

–Jamás fue mi intención hacer periodismo gonzo. Mi libro es Miedo y asco en Las Vegas, de Hunter Thompson, pero nunca fue mi intención copiarlo. He tenido largas rachas de consumo de drogas y siempre he tratado de aprovechar las experiencias. Las drogas finalmente son un monstruo que te habla mucho de lo que tienes y de lo que sientes y de lo que vives, pero habría que ponerle atención al monstruo cuando te habla.

–Hablas de Tepito…

–Tepito es el lugar que más amo de la ciudad. Mi abuelo nació ahí y me gustaría haber nacido ahí. Me parece que es reflejo de muchas actitudes nacionales. Es un mexicano al que le gusta trabajar y el mismo al que le gusta hacer trampas. Tepito es un punto donde si hurgas lo suficiente podrías entender al país. Ha sobrevivido marginal toda la vida.

–A veces uno pasa y dice, Tepito podría ser eliminado

–No, para nada. Tepito tendría que ser el centro, podría ser eliminada toda la ciudad, pero Tepito no. Me parece muy chistoso. Tenochtitlan y Tlatelolco son dos espejos de nuestro pasado que nos siguen hablando desde el presente. Son barrios en donde las costumbres no han cambiado mucho en siglos.

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