Argentina, 1985

Argentina, 1985: Un diamante falso

La decisión de ir a las historias mínimas, a los intríngulis familiares y al tejido cotidiano deja al filme en una suerte de limbo histórico. Demasiadas licencias poéticas, podría decirse. No sería un problema para otras películas, pero sí lo es para esta ficción tan emotiva como políticamente inerte, esterilizada.

Ciudad de México, 24 de octubre (MaremotoM).- En los cines, la gente aplaude, conmovida, en simultáneo con los aplausos que se ven y se escuchan en la pantalla. De un lado y del otro, en salas y en las escenas de las audiencias del Juicio a las Juntas, se vive la misma emoción. La ficción cruza la barrera y se derrama en la realidad. Aplausos para todos.

Generar esa ilusión de sincronía y provocar esa forma de comunión social son, sin duda, logros genuinos de Argentina 1985, el filme de Santiago Mitre con Ricardo Darín y Peter Lanzani en los roles de los fiscales del proceso que llevó ante la Justicia a nueve jefes militares, responsables de los crímenes cometidos por el aparato represor durante la última dictadura.

Argentina, 1985
Estreno en México. Foto: Cortesía

La película es casi perfecta en su ritmo, en la dosificación del humor y del (melo) drama. Tremendamente eficaz, sobre todo, en la construcción de un relato que persuade de que las cosas pasaron como las cuenta la película. Esta última virtud representa un problema enorme, porque se elige narrar las alternativas del juicio eludiendo casi por completo la trama histórica y la densidad política que tuvo el hecho.

El filme se centra en los dilemas personales y en el trabajo de construcción de prueba realizado contrarreloj por el fiscal Julio César Strassera (Darín) y el fiscal adjunto Luis Moreno Ocampo (Lanzani), más una especie de microjuventud maravillosa encarnada por chicos que recogieron testimonios de víctimas del terrorismo de Estado.

No hay casi nada, en cambio, acerca del trabajo (con marchas y contramarchas) que realizó el gobierno de Raúl Alfonsín para impulsar el juicio. Por ejemplo, la creación de la Conadep (Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas) y la entrega, en 1984, del informe Nunca Más, que daba cuenta de la magnitud del horror y constituyó una base testimonial sin precedentes.

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La primera ley votada en el Congreso tras la recuperación de la democracia fue propuesta por el Ejecutivo y logró desactivar la “autoamnistía” que pretendían los militares y que el peronismo avalaba en vísperas de las elecciones de 1983. Esa es otra omisión grave de la película. Da a entender que, en clave de épica personal, todo fue el resultado del empeño heroico de los fiscales para cambiarle la cabeza a la sociedad argentina. No es una película didáctica, al contrario. Argentina 1985 es un diamante falso.

La decisión de ir a las historias mínimas, a los intríngulis familiares y al tejido cotidiano deja al filme en una suerte de limbo histórico. Demasiadas licencias poéticas, podría decirse. No sería un problema para otras películas, pero sí lo es para esta ficción tan emotiva como políticamente inerte, esterilizada.

Con un poco más de contexto, con valentía, Argentina 1985 quizá podría haber abierto el plano y haber sido un filme justo con mayor vocación de verdad. Es, apenas, una buena película que se hace la distraída, que vuelve a poner en la discusión pública el tema de la democracia y la violación de los Derechos Humanos, pero le sustrae su carnadura histórica.

Ojalá que, en caso de pasarse en colegios, como sucede habitualmente los 24 de marzo con la tramposa La noche los lápices, se acompañe el visionado con un mínimo de Historia.

Fuente: La Voz / Original aquí.

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