Ariana Harwicz

Ariana Harwicz, la literatura comprometido con lo bello

No sé por qué me voy por estos lares. Quiero empezar a hablar de Ariana Harwicz y termino hablando de la cantidad de cosas que no sé. Bueno, yo no sé nada para el mercado. No sé nada para el periodismo cultural. Cada vez que leo un nuevo libro, hay 10 mil que me faltan. Entonces, tengo pocos libros.

Ciudad de México, 11 de junio (MaremotoM).- Todos los días aparece en la Argentina una nueva escritora que va a sacudir el mundo literario. Lo dice Granta. Lo dice el Hay Festival. Lo dicen las grandes noticias culturales, sólo que al día siguiente no nos acordamos la del día anterior y así transcurrimos nuestra existencia leyendo, sobre todo, a “los clásicos”.

¿Qué queremos decir con “los clásicos”? No lo sé, probablemente sean esos autores ya consagrados, como el Imre Kertész este, un húngaro que escribió Sin destino y desde que la leí no puedo parar de pensar en ella. Claro, hay gente que me dice: ¡La película! ¿Cuándo se hizo la película? A lo mejor yo la vi, acostumbrada como estoy a ver cuatrocientas películas por año que traten de explicarme qué ha sido el Holocausto.

Los clásicos para mí, quizás no sean los clásicos para otros. Hablamos de muchos escritores y de pronto veo que Álvaro Enrigue dice que El reino, de Emmanuel Carrére, es la mejor “novela” de él. No lo creo. Precisamente hablábamos con su hermano, con Jordi Soler, que una de las maravillas de El reino, lo tiene precisamente esa estrategia mental con la que el francés visita al yo, como si fuera un extraño, para saber qué es lo que hay adentro de ese cerebro. Pero la historia de la religión, bah, la verdad que no.

Ariana Harwicz
Yo no era escritora antes de ser extranjera y yo no era escritora antes de ser madre. Foto: Cortesía Facebook

Todos hablamos de todo, pero yo me siento cada vez más ignorante. Conozco mucho de Emmanuel Carrére como para saber por qué decimos novelas a sus libros de autoficción, para pensar que todos sus libros son explosivos, incómodos, como Limónov (el mejor libro de Carrére), De vidas ajenas, El adversario, demostrando que por otro lado es un gran escritor en libros como Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, la vida delirante de Philip K.Dyck.

Pero hay muchas otras cosas que no sé. Como cuando te dicen que hay un ex diseñador de moda que escribe y que defiende a Houellebecq. Ah. Ya sé. El Frédéric Beigbeder. Que lo leí, claro que lo leí. Sólo que no me acuerdo. Yo al principio pensaba que el mercado era como hoy, que exige a las nuevas escritoras no tener más de 30 años, no pesar más de 50 kilos y ser absolutamente igual a las modelos de Mónaco y que publicaba a los chicos guapísimos, como ese de Anagrama, que tiene un montón de libros, que nadie lee, aunque ahora que ya no es tan chico ni tan guapo, igual lo sigue publicando. Ah. Claro. Como es conocido y tiene trayectoria.

No sé por qué me voy por estos lares. Quiero empezar a hablar de Ariana Harwicz y termino hablando de la cantidad de cosas que no sé. Bueno, yo no sé nada para el mercado. No sé nada para el periodismo cultural. Cada vez que leo un nuevo libro, hay 10 mil que me faltan. Entonces, tengo pocos libros.

Ariana Harwicz
Un gran libro. Foto: Cortesía

Hace unos años decidí deshacerme de mi biblioteca: era lo leído y cuanto más tenía, todavía me faltaban muchos más.

No quiero leer así.

No quiero leer a chicos guapos.

No quiero leer a chicas guapas.

Como esa Rachel Cusk de la que hablan muchas escritoras hoy y acabo de leer A contraluz, la historia de un millonario que te invita a un desayuno opíparo (a mí siempre me pueden las comidas y las bebidas copiosas. Es más, en una escena de una película siempre me voy a los alimentos y me pregunto, ¿por qué la gente no come? ¿La gente del cine no come?), total que leo A contraluz, con un montón de comas tiradas donde no deben ir y palabras como alta mar (SE ESCRIBE ALTAMAR), en una corrección tan deficiente que ya no leo más y me voy a preparar el mate y a ver si pasa el hombre que vende tamales oaxaqueños.

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Esta Ariana Harwicz, que nació en 1977, que como ella dice “es adolescente” y es una chica guapa y escribe maravillosamente, hace muchos días alguien dijo: “Es la mejor escritora argentina”. Al otro día ese mismo alguien dijo de otra que era la mejor escritora argentina. Y así sucesivamente.

Yo no lo sé, pero supongo que es la que más me gusta a mí. Una de las que más me gustan, porque ella está comprometida con lo bello. He leído una y otra vez Degenerado, de Anagrama, como una oración, como un mantra. El discurso del asesino, del pederasta, del que está en contra de todo, como un lenguaje que dices pero que no sabes que dices. Ese lenguaje que escucha el que te sabe culpable. Cuando tú robas algo y la abuela conoce tu pecado y tú intentas justificarlo todo o esconderlo todo o tratando de definirte mediante un lenguaje que tal vez nadie crea pero ahí está, ese eres tú, el que roba, el que miente, el que trata de hacer otra realidad ideal.

Escritoras sudamericanas
Ariana Harwicz. Foto: Cortesía

He escuchado a Ariana. Está en contra de la cultura de la cancelación. Dice que el intelectual no tiene que estar sometido. Dice que su literatura no es comprometida y me resulta tan parecida a Imre Kertész, cuando escribe Sin destino. Ese caerse uno mismo por la literatura, un hueco infinito donde tratas de atrapar una palabra. Como la película La escafandra y la mariposa. Estás inmóvil. Sólo tu pensamiento vuela. Algo se queda en ti. Eso es la literatura. Y eso lo sabe y lo practica Ariana Harwicz.

Ariana Harwicz nació en Buenos Aires en 1977 y vive en el campo en Francia desde 2007. Su primera novela, Matate, amor (2012) fue publicada en inglés en 2017 bajo el título Die, My Love. Integró la short list del Premio República de la Conciencia 2018, nominada para el Primer Premio del Libro en el EIBF 2017, la lista larga para el Man Booker International 2018, el mejor libro extranjero traducido en su versión alemana en 2019 y fue finalista de la BTBA 2020.

Escribió tres novelas en “una trilogía involuntaria” sobre la maternidad y la pasión: Matate, amor, La débil mental y Precoz editadas por Mardulce en Argentina y otras ediciones en Latinoamérica.

Su cuarta novela, Degenerado, fue publicada por Anagrama en 2019. Sus novelas fueron adaptadas al teatro en varios países como Argentina, España e Israel y al cine en Estados Unidos en 2021.

En 2021 publica en Argentina, España y México, Desertar, un libro de conversación sobre traducción y deserción de la lengua materna, junto a Mikaël Gómez Guthart.

Sus relatos aparecieron en Harpers, Granta, Letras Libres, Babelia, The White Review, Brick, Paris Review, The New Yorker, La Quinzaine littéraire, Quimera, The Gardian, y en diversas antologías en Argentina, México, España, Estados Unidos e Israel.

Sus libros fueron traducidos al inglés, alemán, italiano, francés, portugués, árabe, hebreo, turco, rumano, griego, polaco, croata, holandés, georgiano, ucraniano y serbio.

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