Armando Vega-Gil, un chamán para ti mismo hubieras sido

Ciudad de México, 2 de abril (MaremotoM).- ¿Sabes? Hoy es el día en que se celebra esa guerra absurda que perdió Argentina con Inglaterra. Eran unos soldados correntinos y chaqueños, que jamás habían pisado la nieve, sin abrigos ni armas, contra los gurkas ingleses, tan despiadados, tan adinerados: ellos peleaban por la plata y habían sido contratados para ello. Nosotros, ve tú a saber por qué peleábamos.

La última vez que te vi te reíste, porque yo había comprado el último sándwich de espinaca que había en el Starbucks y te tuviste que conformar con otro.

Casi nos ponemos a llorar porque ninguno de los dos tenía jubilación ni nada a la vista como hacerse millonario y vivir como esos viejos que se van a Miami y hasta el culo le limpian, “son felices en su vejez”, decías.

Yo estoy pensando mucho en mi vejez, en estos días. Sólo sabemos ser jóvenes, dijo Andrés Calamaro y para ti era más que cierto. Tu pelo al costado, tus rizos, tu ropa de hippie posmoderno, pero tenías a tu hijo y eso estaba más que bien. Yo, en cambio, no tengo nada. Poca gente me extrañará y ¿de qué viviré cuando sea vieja?

A veces creo que heredé el carácter de Jon Voight, que hace de viejo delincuente en Ray Donovan y dos por tres programa asaltar un banco o está en la cárcel o sale o toma cocaína o se emborracha y un tiburón de animación le cuenta adivinanzas de su vida y él se espanta.

¿Suicidarme? Jamás. Bueno, no lo sé, pero a ti la vida se te iba haciendo larga, ya no eras joven y probablemente la depresión hizo mierda contigo.

No sé por qué, pero siempre te entrevistaba en febrero. Era más lo que hablábamos antes y después de la nota. Una vez fue por tu espectáculo humorístico Ukulele Loco y lo decías tan bien y tan raro. Siempre pensé que se decía ukelele, pero si era contigo ni modo de discutirte.

¿Andrés se llama tu hijo? Apareció cuando tú ya tenías 55 años, pero el sentir paterno con toda juventud y de ahí nació el show. Mezclabas la narración oral con canciones interpretadas con tu ukulele hawaiano.

Fue tu hijo el que te enseñó las claves de tu instrumento. Andrés estaba loco por las guitarras y guitarritas y fue ahí que descubriste un lindo ukulele soprano. Las “canciones felices” vinieron solas.

Armando Vega-Gil ha sido galardonado con cinco premios nacionales de literatura. Ha publicado 22 libros, de los cuales, El Perro de Oventic; Una Noche de Catarro y Pesadillas; Cumpleaños en la Marisquería; Azahar y Agustín y Renata y la fábrica de juguetes, entre otros, van dirigidos al público infantil. Tu biografía. Siempre me daba ternura no saber qué pregunta hacerte al principio y cuando debíamos hablar de literatura, hablábamos de música y cuando debíamos hablar del show siempre terminábamos con algún chisme sobre el Mastuerzo, tan divino.

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Tú sabes que yo soy fan del Mastuerzo y tú también y siempre me decías: “en Botellita de Jerez siempre hemos indagado en nuestras raíces musicales y culturales”.

Anduvimos en Los Ángeles, te conté que en Campeche hacía muchísimo calor (yo me venía y tu ibas para allá), te pedí el teléfono de Francisco Barrios, compartíamos columna en Cletofilia, te deseé feliz cumpleaños y siempre nos saludábamos en todas las ferias.

“Armando Vega Gil es un hombre que se considera artista y que no hace distinciones entre su banda de rock, Botellita de Jerez y sus libros, muchos de ellos enfocado a los jóvenes, fundamentalmente porque esa es la edad del escritor”. Tu biografía. Pienso en la muerte.

“Es como una especie de maldición esto de cumplir 27 años. Kurt Cobain, Amy Winehouse, mucho más cerca; el adolescente perpetuo rockero que tiene que entrar en la adultez. Hay un dicho punk que dice “nunca confíes en nadie mayor de 30 años”. Pareciera que fuera eso como un síndrome de alguien joven que está retando al sistema: las drogas, el antibelicismo, el cantar de una manera súper rebelde…la muerte de Morrison de alguna manera afecta a mi personaje porque él había diseñado cómo debía ser quien estaba en contra del sistema. Justo cuando se muere, empieza como a desgranarse el mundo que se estaba construyendo, luego vienen varios golpes más y Emi empieza a hacer ese camino que lo va a llevar al mundo de los adultos”.

Te quejabas bastante: “El consumo salvaje nos orilla a que seamos trabajadores perpetuos, no tenemos tiempo de acompañar a nuestros hijos, ni a nuestros amigos, porque estamos trabajando para consumir y consumir. Estos tiempos mágicos están perdidos, pero qué bonito lo que me dices ahora que quizás yo me esté convirtiendo en un chamán. De alguna manera mi libro es como un recordatorio a los hombres de mi edad que alguna vez fuimos adolescentes y que tuvimos ciertos deseos que con el paso del tiempo los hemos enterrado y los hemos abandonado. Por otro lado también les quiero contar a los chavos cómo era lo que nos bullía en las tripas y en la cabeza cuando éramos jóvenes. Eso nos emparienta con los adolescentes. En algún momento, todos somos iguales”.

Otra de las cosas de las que hablábamos era del regreso o no de Sergio Arau a Botellita de Jerez. “Ojalá las cosas se arreglen”, me decías. Un chamán para ti mismo hubieras sido. No pudo ser. Adiós, querido Armando, fue un gusto conocerte.

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