Antonio Ramos Revillas

Aunque en mis libros no hay finales felices, siempre trato de dejar un poco de esperanza: Antonio Ramos Revillas

“Creo que lo que retrata es un mundo muy crudo, sin timidez y sin censura, pero al mismo tiempo con una cuota de esperanza. En el mundo de la literatura juvenil tiene que haber un momento para la luminosidad, para que los lectores encuentren una salida”, dice Antonio Ramos Revillas.

Ciudad de México, 11 de junio (MaremotoM).-  Entrevistar a Antonio Ramos Revillas en su papel de escritor es delicioso. No es porque sea menos importante o menos interesante lo que hace en su universidad, UANL, pero precisamente cuando hablamos de su creatividad sale a relucir su genialidad para narrar y hacerlo precisamente para los niños. En este caso, para los más jóvenes, en la que el autor de Festín de muertos se ha sacado los pudores y ha hablado de cosas duras y violentas, muestra a Monterrey desde un costado nada habitual.

“Lo mejor de vivir en donde vivimos es que tenemos la mejor vista. A veces saco mi colchoneta y me tumbo en el techo de la casa y ahí me duermo. Desde ahí puedo observar la ciudad de noche: las luces inmóviles y las pasajeras que se mueven por las avenidas como sangre en las venas de un animal viejísimo. A veces, pienso, somos eso: luces que se mueven un ratito sobre una avenida ancha y se pierden en la noche”, dice el autor de Salvajes, editada por el Fondo de Cultura Económica.

“El trabajo de edición fue parte del equipo del Fondo. Horacio de la Rosa es el responsable y fue un trabajo de ida y vuelta. Yo también como editor tengo posibilidades de opinar un poco más, pero en este caso fue muy rápida la edición”, dice Antonio Ramos Revillas, defendiendo su libro diciendo entre otras cosas que “está un poco entre la frontera entre lo juvenil y un libro para adultos”.

“Creo que lo que retrata es un mundo muy crudo, sin timidez y sin censura, pero al mismo tiempo una cuota de esperanza. En el mundo de la literatura juvenil tiene que haber un momento para la luminosidad, para que los lectores encuentren una salida”, dice.

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“Aunque en mis libros no hay finales felices, siempre trato de dejar un poco de esperanza”, agrega.

Antonio Ramos Revillas
Salvajes, del Fondo de Cultura Económica. Foto: Cortesía

Este es un libro que habla sobre Monterrey. “Aparte es un Monterrey un poco tramposo, en ese centro que ven los niños hay cosas que no existen en la vida real. Me di el permiso de ficcionalizar, aunque tenga elementos muy reales, las casas de arraigo que aparecen en la novela no existen en la ciudad como tales. Me di el lujo de hablar de mi librería y aparece en la novela, aunque hace cuatro años que ya no está. Son puntos nostálgicos, sí está Monterrey, pero un Monterrey nuevo”, afirma.

Los protagonistas de Salvajes miran a Monterrey desde una terraza, parece ser como si alguien mirara a Estados Unidos desde la frontera. “Sí, es cierto. Ellos miran a la ciudad como si estuvieran ajenos a ella, es como un quiste, una zona vedada, cuando salen de ese espacio son señalados y mirados. Siempre pasa en todas las ciudades, vemos con recelo a la gente de las favelas”, agrega.

Antonio Ramos Revillas
Yo no hago novelas de superación personal. Foto: Cortesía Facebook

“Cuando se hizo el Foro de Culturas en Monterrey, había muchas colonias de bajos recursos, lo que hizo el gobierno fue mandar a construir una barda para esconder aquello. Así miramos a la gente que no tiene tantos recursos económicos y eso se extiende a otros tipos de recursos como afectivo o intelectual”, expresa.

Salvajes marca también una evolución en Antonio Ramos Revillas, quien está convencido en creer en literatura para jóvenes. “Es una novela de crecimiento. La literatura juvenil habla sobre esto, habla sobre el hacer, el crecer, el tomar juicios y decisiones en torno a determinados temas. Cuando la policía llega por la familia de Efraín, le cambia todo en lo que él cree y se da cuenta de que para sobrevivir tiene que cambiar ciertas cosas”, afirma.

“No hago novelas de superación personal, pero procuro que esté escondida esa esperanza y que el lector pueda agarrarse de eso”, concluye.

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