Ayrton Senna

Ayrton Senna, Príncipe de Mónaco: pudo haber conseguido un récord sublime

Los récords se marcan para ser quebrados. Puede tardar años o décadas, pero parece inexorable que el deporte, asociado a la ciencia y con el concurso de la tecnología, vea caer periódicamente, las marcas que parecían destinadas a prevalecer.

Ciudad de México, 20 de mayo (MaremotoM).- El ejemplo más a mano en el automovilismo es el de las 91 victorias de Michael Schumacher. Cuando el alemán llegó a esa cifra en su último año de campaña con Ferrari, nadie se habría animado a apostar en contra de que semejante logro pudiera ser alcanzado alguna vez.

En ese momento, en el Grand Prix de China de 2006, cuando Schumacher alcanzó esa fabulosa cifra, que casi cuadriplicaba los éxitos de fenómenos como Juan Manuel Fangio o Jim Clark, todavía no había debutado Lewis Hamilton en Fórmula 1.

Al cabo, el inglés pulverizó esa marca y este domingo, en el Grand Prix de Mónaco, tiene la chance de anotar su 99° triunfo en el Mundial de Fórmula 1 y, de paso, quedar a un paso del centenar que, probablemente, también será un registro absoluto durante décadas.

Ayrton Senna
Tras haber derrotado a Nigel Mansell en el épico Grand Prix de 1992. A la derecha, Jo Ramírez. Foto: Cortesía

También, un hito que se sostenga, aunque batido como record: Hamilton será por siempre el primer piloto en haber amasado cien triunfos en Fórmula 1.

El inglés viene de lograr su quinta victoria consecutiva en el secular Grand Prix de España, en lo que fue su sexto triunfo en territorio español. Una marca similar a la que logró Ayrton Senna en Mónaco. Seis triunfos en el Principado, cinco de ellos consecutivos, estos últimos todos a bordo de un McLaren.

Las marcas están para ser batidas: durante mucho tiempo se admiró la tarea de Graham Hill, que había podido vencer en cinco oportunidades en las calles del tendido callejero trazado en los ’20. ¿Cinco victorias en Mónaco, la Joya de la Corona? Nadie había podido lograr ese sueño, que el ex remero instaló en 1969, al conquistar su quinto triunfo allí, el último de su dilatada campaña en la máxima categoría.

Senna lo igualó en 1992, con una demostración insuperable y lo superó en 1993, ante el mejor defensor posible. Veamos:

Esa serie de cinco triunfos consecutivos se inició en 1989, cuando el paulista compartía con Alain Prost el equipo McLaren y la rivalidad estaba amargamente instalada desde una carrera antes, el GP de San Marino, al punto que no se dirigieron la palabra en todo el fin de semana monegasco.

Ayrton marcó la pole-position sacándole 1s1 de diferencia al escolta, el mismo Prost y más de 2s al tercero:

Ayrton Senna (McLaren): 1m22s308

Alain Prost (McLaren): 1m23s456

Thierry Boutsen (Williams): 1m24s332

Después batió a Prost por más de 50 segundos en el Grand Prix. El tercero, Stefano Modena, quedó a una vuelta.

En 1990 coronó una victoria de manual: pole (1m21s314), record de vuelta, triunfo de punta a punta, lo que los estadígrafos sofisticados denominan Grand Chelem. Venció al Tyrrell de Jean Alesi por muy poca diferencia.

Los dos años siguientes acabaron en sendas derrotas para Nigel Mansell y Williams. En el ’91, camino de su tercer título, el brasileño partió otra vez desde la pole (1m20s344) y superó al británico por más de 18 segundos después de los abandonos de Modena (Tyrrell) y Riccardo Patrese (Williams)

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Armada de Toto Wolff: Hamilton y su lugarteniente Valtteri Bottas… Foto: Cortesía Fórmula Uno.com

La historia del triunfo en el ’92 es archiconocida: Mansell llegó a girar 2 segundos más rápido en una de las últimas vueltas del Grand Prix intentando alcanzar al sorpresivo líder.

Así lo describió Maurice Hamilton en el “Autocourse” de aquel año: “La caza comenzó. Mansell regresó a la pista e inmediatamente recortó el record de vuelta, la diferencia cayendo de 5s1 a 4s3 y 1s9 en vueltas sucesivas. Quedaban tres. Senna estaba cansado, sus gomas, acabadas; Mansell estaba cansado pero su auto, el más veloz de la pista, tenía el beneficio de la goma fresca”.

Sin embargo, el brasileño dio una clase de conducción en el callejero que había pasado a ser dominio y quebró el invicto que el inglés detentaba en aquella temporada. Era la 50a edición del Grand Prix de Mónaco…

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Mansell afirmó más tarde que ese había sido el “mejor segundo puesto” de toda su campaña. “Ayrton conocía el circuito como la palma de su mano y sabía como volver su auto más ancho para defender su posición. Me cubrió bien… fue una desilusión pero fue una carrera extraordinaria”.

La victoria de 1993 se produjo, una vez más, contra un Williams, solo que esta vez era el que conducía Damon Hill. El piloto de Wimbledon tenía la posibilidad de vencer -lo que habría sido su primer triunfo en la Fórmula 1- y de paso evitar que Senna superara a su padre en cantidad de triunfos en el circuito de Montecarlo.

Imposible.

Ayrton sufrió un choque a más de 200 km/h el primer día de prácticas, que le lesionaron el pulgar de la mano derecha. Eso le dificultaba los cambios de marcha. Josef Leberer, su fisioterapista -que permanece en la F-1, revistando en el equipo Alfa Romeo- le vendó bien esa mano para permitirle conducir. Ganó a un promedio record, por casi un minuto de ventaja sobre Hill.

“En la conferencia de prensa posterior, pensé que habría sido honorable de mi parte felicitarlo en nombre de mi padre por haber quebrado su record, lo que aceptó con mucha gracia y se estiró para estrechar las manos”, relató Damon en su autobiografía. “Estoy seguro que papá habría estado encantado de que un piloto como Ayrton hubiera batido su record”.

Pero si esas cinco victorias consecutivas todavía producen asombro, la evidencia de lo que pudo haber sido impresiona más aún.

En 1988, el año de su primer título, todo estaba dado para otro éxito extraordinario en Mónaco. Había dominado las pruebas de clasificación por un margen sensacional y luego relató en detalle aquella vuelta de pole-position (1m23s998), que repasó a mi pedido en la entrevista que le hice en 1993:  “No fue una experiencia religiosa, sino una vivencia personal mía: sentí que estaba cumpliendo una performance por encima de lo normal, como si me estuviera desenvolviendo más allá de mi conciencia…”.

Ayrton Senna
El príncipe de Mónaco. Foto: Cortesía

Pero al día siguiente, cuando vencía de manera aplastante, esa famosa desconcentración en el viraje del Portier le arrebató un halago del que nadie dudaba. El choque se registró a las 17:10 de aquel domingo 15 de mayo. Senna se bajó del auto y se marchó a su departamento. Recién a las 21 le atendió el teléfono al team-manager de McLaren, Jo Ramírez. Lloraba.

De haberse concretado ese halago, entonces la de 1993 habría sido la séptima victoria consecutiva de Senna en Mónaco, ya que había vencido por primera vez allí en mayo de 1987 conduciendo el Lotus 99T de suspensión activa.

Siete triunfos consecutivos en Mónaco. Una marca con escasísimas posibilidades de ser igualada.

La racha se cortó por la razón más trágica. Mónaco 1994, la que podría haberle dado la oportunidad de un sexto triunfo en seguidilla en el Principado, fue la primera a la que no asistió desde su debut en Fórmula 1, fue la que siguió a San Marino, la que se corrió dos semanas después de su irreparable partida.

El GP de Mónaco de 1994 fue, de paso, el escenario de la primera pole de Michael Schumacher. Senna había dejado el record clavado en 65. Schumi lo estiró hasta 68, en Francia 2006 (un día antes de ganar su octavo Grand Prix en territorio galo, una marca que sigue firme). Y en Canadá 2007 arrancó Lewis, que ya lleva cien.

“No debe haber un solo fanático serio de la Fórmula 1 que no piense que en Ayrton vivía un piloto que podría haber ganado cinco seis o, quien sabe, siete campeonatos mundiales”, escribió alguna vez Peter Warr, que fuera el director deportivo del brasileño en Lotus. ¿Cómo no pensar, seriamente, que ese piloto vive hoy en el cuerpo de Hamilton?

Fuente: Pablo Vignone / Original aquí.

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