AZOTEA DE LIBROS | Todos contamos, de Kristin Roskifte

Todos contamos es un libro que, desde el título juega -y le ofrece ese juego a los lectores- con la ambivalencia de contar, un título que puede interpretarse como “todos enumeramos”, “todos narramos” o “todos formamos parte”, mejor aún, las tres posibilidades juntas.

Ciudad de México, 30 de septiembre (MaremotoM).- Hay un trabalenguas que ejemplifica cómo, desde muy pronto, niñas y niños comprenden la polisemia de la lengua, de algunas de las palabras que la forman: “cuando cuentes cuentos, cuenta cuántos cuentos cuentes…”. Utilizando las distintas acepciones de la palabra ´contar´ se construye una idea a partir de oraciones con absoluto sentido, quienes juegan con ese trabalenguas se sorprenden con la capacidad de las palabras de significar distintas cosas, al tiempo de que pueden sonar igual, pero se sorprenden también porque ellos mismos son capaces de distinguir cuándo “contar” se refiere a “enumerar” y cuándo hace referencia a “narrar”, cuándo es cuenta y cuándo es cuento, pues.

Todos contamos (Leetra) es un libro que, desde el título juega -y le ofrece ese juego a los lectores- con la ambivalencia de contar, un título que puede interpretarse como “todos enumeramos”, “todos narramos” o “todos formamos parte”, mejor aún, las tres posibilidades juntas. Se trata de un libro que es, efectivamente, un libro para enumerar elementos, comenzando desde el cero, la nada, para culminar con los 7 800 000 habitantes humanos del planeta Tierra. En ese sentido, es un libro peculiar, pues si bien la cuenta que comienza en cero va ascendiendo, hay un momento en el que las cifras comienzan a saltarse grandes cantidades, sin perder nunca la posibilidad de dimensionar los números grandes, pues siempre tenemos a la vista la cantidad de ítems que se nos propone en la cifra.

La estructura del libro se vuelve compleja cuando leemos los textos que, si bien nos remiten a las cantidades de personas que debemos buscar en la ilustración, sirven también para sugerir las historias que a cada quién corresponderá contar, todo en breves y sintéticas frases que, al igual que las ilustraciones, sólo muestran un momento en la vida de quienes allí aparecen.

Kristin Roskifte
Editó Leetra. Foto: Cortesía

Las ilustraciones digitales que construyen la trama de este libro merecen muchísima atención, sólo las personas aparecen en color, el contexto en el que se encuentran está detallado en líneas cian, lo que permite concentrarse en los detalles de las personas que están dibujadas sin bordes, como aparentes plastas de color que, sin embargo, muestran un sinfín de pormenores en los gestos, expresiones corporales y prendas de vestir.

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La serie de escenarios en los que se coloca a las personas que se van a contar, son algo inusitado, y por ello celebrable, en los libros para niñas y niños, especialmente los dirigidos a primera infancia, aparecen sí, la casa, la escuela, el parque, el centro comercial, pero también la fila para identificar sospechosos, un funeral, el tráfico, una manifestación o la cárcel. Cada sitio se ilustra con una escena que ahí sucede y se acompaña por un breve texto que indica lo que hay que enumerar, pero también da las pistas de las historias que ahí están sucediendo, por ejemplo “Trece personas en una clase de dibujo. Doce se olvidan de todo mientras dibujan. Una está a punto de tener a su primer hijo.” o “Veintisiete personas en una exposición. Una es el artista. Otra queda deslumbrada con las obras de arte. Dos se han conocido en la biblioteca.”

A lo largo de las páginas, algunos de los personajes que aparecen, van construyendo una historia particular ante los ojos atentos y curiosos de los lectores. Dos dobles páginas al final del libro retan a los lectores a encontrar detalles específicos en las ilustraciones y profundizan en las posibilidades narrativas de las escenas.

Todos contamos es un libro que ofrece múltiples niveles de acercamiento, por un lado es un libro que constituye un gran pasatiempo a partir del uso de recurso de contar y de buscar detalles en las ilustraciones, pero también acerca a los lectores a la interpretación de las imágenes, a fijarse en los rostros y las expresiones de las personas, es un libro que propone preguntas que no necesariamente están escritas en él. Es un libro para observar por horas y, después, volverlo a abrir para seguir obsevándolo.

 

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