Babasónicos

Babasónicos y un concierto en el Auditorio Nacional para volver a sentirse vivo

El sonido es arrollador, vertiginoso, uno no puede analizar lo que le está pasando, pero eso es una tromba que nos dejará alelados y satisfechos. Adrián no habla, sólo dice de vez en cuando un gracias, no hace ninguna concesión a quedar bien con el público; a pesar de que él se sienta más mexicano que argentino, nunca dice Viva México y etcétera.

Ciudad de México, 13 de mayo (MaremotoM).- Dice Adrián D’Argelos que lo único que lo hace sentir vivo son los conciertos. Tiene una visión crítica de lo que es la realidad mediante el Internet y sus discursos dejan un gusto amargo porque al parecer no podremos salir de esto.

Es más, estoy dando mi opinión para que las diferentes redes sociales encuentren a un lector, a alguien que se interese por el recital dado anoche en el Auditorio Nacional (a sala llena, con 10 mil personas) y dependo de YouTube, de Facebook, de mi propia página.

Babasónicos
Dice Adrián D’Argelos que lo único que lo hace sentir vivo son los conciertos. Foto: Cortesía

Por eso, al terminar el concierto, que disfrutó a pleno las nuevas luces y el gran escenario del recinto renovado, estoy cada vez más convencida de que Babasónicos es una banda marginal.

Comenzó con “Bestia pequeña”, de su disco Indiscutible, siguió con “Carismático”, “Yegua”, “Suficiente”, “Cretino” y cuando llegó “Sin mi diablo”, de Infame, la agrupación demostró que toda su energía y su sonido único, se disparan a que Adrián sea el centro, un frontman como pocos.

Desde la batería de Diego Castellano, el piano de Diego Tuñón y la guitarra de Mariano Roger, a la izquierda del escenario, forman la base que los hace propios, dueños de un sonido espectacularmente suyo, que desde hace 30 años reina en la isla desde donde se dirigen al mundo.

“Ingrediente”, “La lanza”, “La pregunta”, “Los calientes”, “La izquierda de la noche” fueron presentando al resto de la banda, que no vamos a decir que sean sólos los creativos frente a los que hacen la base, pero es cierto que desde Carca (que al principio iba a reemplazar a Gabo Manelli, 1969/2008 y hoy toca flautas y el bombo eléctrico ), el bajista jovencísimo Gustavo “Tuta” Torres (ex bajista de Los Látigos, que fuera presentado en el Luna Park) y Diego Rodríguez (un babasónico total, a pesar de ser hermano de…) transitan por el escenario con cierta independencia y van haciendo otra performance para sostener como siempre a D’Argelos.

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El sonido es arrollador, vertiginoso, uno no puede analizar lo que le está pasando, pero eso es una tromba que nos dejará alelados y satisfechos. Adrián no habla, sólo dice de vez en cuando un gracias, no hace ninguna concesión a quedar bien con el público; a pesar de que él se sienta más mexicano que argentino, nunca dice Viva México y etcétera. Es su manera de desarmar al público, no representar la misa rockera y establecer nuevos códigos de comunicación.

“Así se habla”, “Pendejo” (una luminosidad y una estridencia sin par), “Irresponsables” (con el cactus del álbum Jessico, señero de la banda), “Como eran las cosas”, “Estertor”, “Flora y fauno” (donde se vio que D’Argelos tenía problemas con la garganta), “Desfachatados” (¡Un tema del 2002), “El colmo”, “Vampi”, dieron sustancia a un concierto que dio vuelta el escenario del Auditorio, con unas luces psicodélicas y con videos que mostraban desde los caballos sueltos que dan característica a las letras de Babas, hasta los rostros maravillosos que dan esa actitud del rock, que es en definitiva lo que quiere mostrar la banda.

“El loco”, “Risa”, “Putita” y el hit actual, “Bye Bye” dieron por terminado “el acto” de Babasónicos, que concluyó, como es obvio, con un público que los adora y los estima más allá de toda lógica de Internet, Spotify y todas las redes sociales de las que D’Argelos no tiene ninguna.

El bis se hizo con “Mimos son mimos”, “Paradoja” y “Anubis”.

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