Diego Maradona

Barrilete cósmico

La explicación reposa en su vida pública y privada, puesta al ojo de millones de seres humanos y una fama que le dio tanto gloria, como pesar. Por eso, es posible que nada de lo que se escriba sobre él superará las palabras de Eduardo Galeano en Cerrado por el fútbol (2017)

Ciudad de México, 9 de diciembre (MaremotoM).- El repentino deceso de Diego Armando Maradona eclipsó todos los titulares de este 25 de noviembre de 2020. Las expresiones sobre este suceso han abrumado todos los medios de comunicación, el ciberespacio, los comentarios en los chats; incluso habemos muchos maestros que atestiguamos que el tema se coló en nuestras clases en línea.

Genio y figura “El Pelusa”, “El Diez”, “Diegol” “El D10S” del fútbol mundial, el futbolista argentino desató las más diversas reacciones y al mismo tiempo levantó muy encontradas pasiones sobre su muerte. Ídolo de millones, objeto de detractores y críticos, polémico personaje que, en el día de la triste noticia de su adiós, dejó tras de sí todo un país desconsolado, y a toda una comunidad mundial debatida entre el dolor y el desconcierto.

Diego Maradona
Foto: Osiris Martí / Cortesía

En estos días donde la memoria colectiva más diversa recuerda a Maradona, desde muchas y a veces encontradas formas, donde en redes se observan las luces incandescentes del astro del futbol, así como sus sombras más recónditas. La explicación reposa en su vida pública y privada, puesta al ojo de millones de seres humanos y una fama que le dio tanto gloria, como pesar. Por eso, es posible que nada de lo que se escriba sobre él superará las palabras de Eduardo Galeano en Cerrado por el fútbol (2017):

“Este ídolo generoso y solidario había sido capaz de cometer, en apenas cinco minutos, los dos goles más contradictorios de toda la historia del fútbol. Sus devotos lo veneraban por los dos: no sólo era digno de admiración el gol del artista, bordado por las diabluras de sus piernas, sino también, y quizá más, el gol del ladrón, el que su mano robó. Diego Armando Maradona fue adorado no sólo por sus prodigiosos malabarismos sino también porque era un dios sucio, pecador, el más humano de los dioses. Cualquiera podía reconocer en él una síntesis ambulante de las debilidades humanas, o al menos masculinas: mujeriego, tragón, borrachín, tramposo, mentiroso, fanfarrón, irresponsable.”

La luz y sombra de aquellos goles en el estadio Azteca, durante el encuentro Argentina vs. Inglaterra por los cuartos de final de la XIII Copa Mundial de la FIFA, el 22 de junio de 1986, tienen una historia detrás que no comprendí sino hasta la universidad.

Diego Maradona
“Anda con el certificado de defunción en el bolsillo” le escuché decir a un cardiólogo hace como veinte años. Foto: Cortesía

Yo era un niño, y recuerdo muy vagamente el relato de aquella tarde, intermitente porque por alguna razón no estaba quieto ante el televisor. El comentarista en México de aquella tarde que consagró a Maradona, fue Don Roberto Hernández Junior.* En aquellos tiempos, la empresa televisiva mexicana que transmitía los partidos en televisión abierta había pedido a los comentaristas que no fueran emocionales en sus crónicas.* Y aún así, los goles del Pelusa cimbraron a los narradores, a todo un estadio, a un país, a todo un continente y a su vez a un planeta entero.

Años después conocí el relato de Víctor Hugo Morales para la radio argentina. Y lo escuché con curiosidad, porque es una grabación que quedó para cimbrar al escucha para toda la eternidad. Específicamente, me maravillé con la crónica del gol del siglo, enhebrado desde una media cancha y llevado a punta y fuerza de talento puro hasta el arco inglés, al minuto 55, en el segundo tiempo. Inexplicablemente lloré ante la voz temblorosa, incendiada, potente y desgarradora de Morales. Aquí lo reproduzco:

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Ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del fútbol mundial, deja al tercero y va a tocar para Burruchaga… ¡Siempre Maradona! ¡GENIO!, ¡GENIO!, ¡GENIO!, ta,ta,ta,ta,ta,ta,ta,ta… Gooooool… Gooooool… ¡QUIERO LLORAR! ¡Dios Santo, viva el fútbol! ¡Golaaazooo! ¡Diegoooool! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme… Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos… Barrilete cósmico… ¿De qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? Argentina 2, Inglaterra 0. Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0.

Morales, además, dijo unas palabras enigmáticas para mí al final del partido.

¡Ha ganado argentina frente a Inglaterra!, ¡A INGLATERRA! Y voy a decir una sola vez y Dios me perdone porque no es un golpe bajo: por todos los pibes que no pueden gritar esta victoria, ¡Argentina 2, Inglaterra 1!

Diego Maradona
Lo lloran en todo el mundo, pero más lo lloran en Fiorito. Foto: Cortesía

Hace ya años, gracias a valientes y generosos profesores sudamericanos que tuve en la universidad, supe que una dictadura militar en Argentina envió en 1982 a toda una generación de jóvenes a una guerra contra Inglaterra, para buscar desesperadamente una legitimidad que nunca tuvo. Con el correr de los años entendí paulatinamente la potencia del relato de Morales y descifré sus enigmáticas palabras al finalizar el partido (enigmáticas porque no era común que hubiera un entorno donde nos enseñaran de memoria y dignidad). La emoción del cronista no sólo era por el fútbol de aquella selección del país sudamericano que, contra todos los pronósticos, se coronó campeona del mundo; también fue por la inevitable memoria de una guerra que Argentina perdió contra Inglaterra por un reclamo geográfico histórico, empañado por las decisiones de una dictadura que veía el fin de sus días y que, por ello, ofreció a sus jóvenes como mártires y nada ganó, sino es que más repudio y un lugar más profundo en el basurero de la historia.

Diego Armando Maradona, comandando la victoria de Argentina sobre Inglaterra, metiendo la mano como lo haría la picardía de un hijo del barrio, pero también metiendo el talento forjado en un humilde potrero para vencer a una potencia mundial del fútbol, es con lo que me quedo. Siempre rebelde y auténtico, su figura pública en contra de toda sumisión y abrazando causas comunes e imposibles, es una de tantas auras que perseguirán su memoria. Imperfecto, porque no estaba en su destino (ni agenda) ser lo contrario. Mi amiga Mariel (queridísima Mariel, si me permite decirlo aquí), argenta mexicana puso en su muro un comentario así: “qué tristeza todo: su vida, sus excesos, la gente que lo estafó, su personalidad pero era nuestro Diego”

Y sí: era de todo el pueblo de mi amiga, pero también era nuestro. Fue aquel Barrilete Cósmico capaz de darle a toda una nación sedienta de alegrías, la mejor de todas: la que da una inesperada justicia poética, escrita con el trazo de unas elegantes, pero vigorosas piernas, en un campo lleno de tanto, pero tanto jugador inglés, que quedó sembrado en el campo y en el camino al que les condenó Diego Armando Maradona: el de los futbolistas que no fueron campeones.

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