Beatriz Rivas

Beatriz Rivas: “Me interesan las mujeres fuertes y libres, que construyen su propia vida”

Es escritora, buena amiga, una tallerista muy exitosa y una viajera empedernida. Su reciente novela ha sido Jamás, nadie (Alfaguara), donde narra la emigración de los chinos al norte del país.

Ciudad de México, 4 de agosto (MaremotoM).- Hacer una entrevista de vez en cuando sin que la autora saque una nueva novela. Beatriz Rivas eso sí, está un poco confundida, porque la historia inicial de su nueva historia se le está yendo para la autoficción y encima no está Ramón Córdoba (1958-2019), su gran editor, su amigo.

Este año ha tenido que despedir a dos amigos queridos, uno es el escritor Armando Vega Gil (1955-2019) y el otro este gran mago de las palabras, con el que estaba haciendo un libro precisamente para tallerear.

Beatriz Rivas es una escritora. Una escritora y tallerista. También una viajera y una gran amiga. Es muy raro que ella hable mal de alguien o que sus sentimientos representen una envidia feroz que te haga sonrojar. Claro que cuando piensa que los hombres no leen literatura femenina o que aquellos que tienen que premiar ni siquiera le dan chance a las  novelas escritas por mujeres, hace un mohín extraño y luego no dice más.

Es autora de las novelas La hora sin diosas (2003), Viento amargo (2006), Todas mis vidas posibles (2009), Distancia (2013) y, a cuatro manos, Amores adúlteros (2010) y Amores adúlteros… el final (2011), Lo que no mata, enamora (2012), Dios se fue de viaje (2014) y Fecha de caducidad (2015), con Eileen Truax y Armando Vega-Gil. Realizó estudios de derecho y periodismo y una maestría en letras modernas. Durante varios años trabajó en algunos de los medios de comunicación más importantes del país, hasta que decidió que lo suyo no era tratar de ser objetiva, sino contar mentiras de manera profesional. Actualmente se dedica sólo a las letras, impartiendo talleres de creación literaria e imaginando sus siguientes novelas, con un whisky al lado. Su taller literario ya es una conocida cantera de autores que han publicado sus propios textos con éxitos notables. Y esto le da muchísimo orgullo, porque además de toda es una excelente persona.

Beatriz Rivas
Me dieron ganas de ser escritora en la juventud. Foto: MaremotoM

–¿Cuándo pensaste en ser escritora?

–Me dieron ganas de ser escritora en la juventud. Cuando cumplí 17 años me fui a vivir a París. Mis padres son grandes lectores. Mis abuelos, mi abuelo paterno vivía en un cuarto, rodeado de libros. Siempre me gustó mucho leer. Cuando fui a París conocí a un profesor de La Sorbona, era uruguayo, se llamaba Daniel Paz y él me regaló Rayuela. La literatura no es el qué dices, sino cómo lo dices. Me habló de La muerte de Artemio Cruz y de las voces, de los tiempos verbales, cosas que yo no percibía. Me iba por la historia y no me daba cuenta que hacía que un libro fuera atractivo. Cuando él empezó a enseñarme informalmente clases de literatura, sobre todo estos dos libros de ruptura, de repente me dije que yo quisiera hacer eso.

–¿Hay cuatro temas en la literatura, eso quieres decir?

–Bueno, no sé si cuatro temas, tal vez más o menos, pero cualquiera tiene temas, el chiste es como lo cuentas. Hay libros japoneses que ni siquiera tienen tema, pero la narración es tan exquisita, tanta estética, que es lo que hace la buena literatura. Si vamos a hablar de traición o de muerte, eso no hace que el libro sea bueno, sino cómo cuentas la muerte o la traición. El enamoramiento, el miedo a envejecer, sería interesante ver cuántos libros hay sobre el miedo a envejecer.

–¿Cuáles dirías que son tus temas?

–Uno de mis temas tiene que ver con la mujer, con quién soy yo. Me interesan las mujeres fuertes y libres. Siempre quise ser así. No quería ser la típica mujer que se casa y tiene hijos y se conforma. Me interesaron mucho las mujeres que logran ser independientes, que logran ser libres, construir su propia vida.

–Ahora hay como una cosa que sí te atosiga, que te está quitando un poco de libertad y es el tema de envejecer, ¿verdad?

–Sí. Iba justamente a decirte que hace unos años darme cuenta del envejecimiento sí me ha afectado.

Beatriz Rivas
Iba justamente a decirte que hace unos años darme cuenta del envejecimiento sí me ha afectado. Foto: MaremotoM

–¿Más que la muerte?

–Sí, más que la muerte. Odio las muertes tempranas. Cuando te mueres ya te moriste, pero ir viendo cómo vas perdiendo las facultades, dejas de hacer cosas, eso es algo que me tiene atosigada. Lo veo con mis padres. No es tanto conmigo, a veces exagero. Todavía me siento bien, no puedo no hacer nada que hacía a los 30 años. De los 30 a ahorita, ni siquiera tengo tantas arrugas, nunca fui demasiado deportista…pero lo veo con mis padres, con mi marido y eso que mi marido se conserva súper bien, pero ver a mis padres, cómo han ido perdiendo facultades, cómo empiezan a repetir las cosas…

–¿Cómo te enteraste de la muerte de Armando Vega-Gil?

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–Yo estaba de viaje y cuando empezó a mandar mails a los amigos, no tenía celular encendido. Ya cuando aterricé, había varios recados. Contaba lo que le estaba pasando, decía que estaba con el abogado, le pregunté qué pasaba y él me dijo que me iba a marcar mañana. No le di mayor importancia, porque era un whatsapp muy tranquilo. Al otro día, a las 6 de la mañana, me llama Juan Aguirre, un amigo en común. Me metí luego al Facebook de Armando y cuando vi la carta, me paralicé. Supe que se había matado.

–¿Él sufría depresión?

–Él era un hombre melancólico. Era un hombre sensible y lloraba muy fácilmente, pero no lo veía como un hombre triste. Era un hombre cariñoso, lo que sí es cierto que tenía muchos pleitos. Él adoraba su departamento, en un edificio que se estaba cayendo, y estaba a punto de perderlo. Muchos de sus frentes se le estaban cayendo. Esto que pasó fue la gota que derramó el vaso.

–De todas maneras la depresión es una cosa asidua en estos tiempos…

–No sé si hay más que antes o ahora se sabe más. En 1800, no sé si recuerdas La montaña mágica, de Thomas Mann, existían esta aguas termales, iba la gente a curarse de pulmones, pero también de depresión. Ahora, sabemos que gran parte de las depresiones son fisiológicas.

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Ahora, sabemos que gran parte de las depresiones son fisiológicas. Foto:MaremotoM

–En el caso de la literatura, ¿uno puede escribir bien si está económicamente bien?

–Nunca me lo he preguntado. Hay muchos autores que no están bien económicamente u otros que no dependen de la literatura para vivir. No sé cómo me ven los demás.

–¿Tú pudiste hacer todas las novelas que quisiste?

–No. Tengo muchas, por lo menos tres, esperando a ser escritas. Es muy chistoso porque tengo un folder que se llama novelas para escribir. Una novela de las campanas, tengo como 100 cuartillas, otra por qué la gente necesita creer y otra no…tengo por lo menos cuatro novelas más o menos empezadas.

–El tema de creer o no creer me llama la atención

–Es muy chistoso. Cuando uno no cree, como es mi caso, a la gente le llama mucho la atención y no pueden creer que yo no crea. Tengo un amigo que es muy religioso, que insiste en que yo creo. Hay mucha gente que está convencida de que no se puede vivir sin creer. No es algo que me atosigue, pero sí me interesa y empecé a hacer investigación científica, donde está el tema de la fe en el cerebro. No es que sea una heroína que no necesita a Dios, sólo que no creo. ¿Dónde estará la diferencia? ¿Entre necesitar creer o no?

–¿El hecho de ser mujer cómo influyó en tu literatura?

–Siento que en mi caso ha sido una ventaja. Afortunadamente nací en una familia liberal, con un padre cero misógino, nunca me he sentido menos por ser mujer, nunca me he sentido abusada. Todos mis jefes han sido hombres y han sido respetuosos. En la literatura sí siento que hay una diferencia. En la literatura siento que se ve a la literatura de las mujeres como lo que los hombres no leen. Tengo lectores hombres, aunque más mujeres, pero estoy convencida de que si yo hubiera firmado como si fuera un hombre, seguro que tendría más éxito.

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Aun cuando trato de que la siguiente novela sea la mejor, no necesariamente lo consigo. Foto: MaremotoM

–¿Con cada novela avanza tu oficio o no?

–Trato de que cada novela sea distinta, en el tema estructural, trato de que haya algo diferente, pero a nivel calidad, va y viene. Aun cuando trato de que la siguiente novela sea la mejor, no necesariamente lo consigo.

–¿Qué te han dado los alumnos?

–Me han dado mucha vida. Me han dado energía. Ha sido algo bellísimo. Otra de mis experiencias como mujer es haber descubierto la solidaridad. Jamás he sentido esa envidia o esa mala onda, no tengo esa experiencia con las mujeres. En este grupo que se ha hecho, son seis talleres, empecé a hacer reuniones de Navidad para todos los talleres y no te imaginas la solidaridad tan bella que se ha dado. Muchos de mis talleristas tienen libros, como Ana Francis Mor, Federico Traeger, Sandra Frid, Arantxa Tallería, hay un libro de Micaela Sánchez que falleció antes de que saliera publicada. La corregimos entre el hijo y yo y la publicamos.

–¿Qué estás haciendo ahora?

–Mi idea era hacer una novela uniendo la vida de mis dos abuelas con la vida de Irène Némirovsky, con su vida literaria. Basándome sobre todo en Suite Francesa, pero empecé y acabé escribiendo sobre mi vida. Voy a seguirla, porque así salió, pero está siendo una cosa muy extraña. Se la enseñé a Ramón y una semana antes de morirse, me dijo que le había encantado. Me dijo que me olvidara de la Némirovsky y que siguiera. Claro que ahora estoy un poco paralizada. Vamos a ver.

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