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BÉLGICA 2021: Entre la farsa y el papelón, las lecciones de una carrera que no existió, aunque va a quedar en la historia por varias razones

No hubo competencia en la pista pero sí entre fanáticos para estimar quien podía acuñar el más ampuloso argumento de condena ante la situación. “Farsa” ganó el premio, evidentemente. Imposible no estar de acuerdo.

Ciudad de México, 30 de agosto (MaremotoM).- Max Verstappen acaba de ganar la competencia más corta de la historia de la Fórmula 1. Oficialmente, el Grand Prix de Bélgica solo duró una vuelta al espectacular trazado de Spa-Francorchamps transformado este domingo 29 en una trampa fatal a causa del atroz clima. Es, seguramente, la primera carrera en 72 campeonatos mundiales en los que se ha recorrido más distancia en clasificación que en la competencia misma.

A pesar de que transcurrieron casi cuatro horas entre el horario original de la largada y la consagración de Verstappen como ganador, el piloto de RedBull apenas precisó -oficialmente- algo más de 3 minutos y 27 segundos para asegurarse el sexto triunfo del 2021.

Durante semanas se discutió ante la grosera posibilidad de que una prueba sprint, como la que se disputó en Silverstone durante julio, pudiera ser llamada “carrera”. Al mes siguiente, una fila india encolumnada detrás de un safety-car a lo largo de un par de vueltas, que recorrió la décima parte de lo que había transitado en Silverstone en ese sprint, fue consagrada como un Grand Prix,  que repartió el 50 por ciento de los puntos en juego, eso sí.

Como suele ocurrir en las sociedades actuales, la tentación a indignarse es enorme y las posibilidades son múltiples, dada la democrática plataforma que suponen las redes sociales para el denuesto. Sin embargo, varias horas después de que la noche haya caído sobre una pista que no pudo hospedar una verdadera carrera de autos, vale la pena repasar las circunstancias de lo ocurrido desde una perspectiva más profunda.

Que lo sucedido en Spa no debe volver a ocurrir es algo que ni siquiera vale la pena debatir. Lo importante es desenterrar del fango de las Ardenas las enseñanzas que dejó este frustrante domingo.

¿Se podía correr?

Acaso se pudo. Temprano, en circunstancias complicadas, ya habían competido la Fórmula 3 y la Porsche Supercup. Se postergó la largada de las 15 durante 25 minutos: lo que ocurrió posteriormente sugiere que allí se perdió la única posibilidad de haber podido disputar algo parecido a un Grand Prix este domingo en Spa-Francorchamps

Según Max Verstappen, a esa hora “las condiciones eran decentes, pero, por supuesto, la visibilidad era muy baja, así que creo que si hubiéramos salido a las 3 en punto tendríamos una mejor oportunidad, pero después de eso la pista quedó muy mojada y siguió lloviendo”.

Todo indica que la dirección de la carrera cometió un formidable error en ese momento. Pero bien se podría argumentar que 24 horas antes la habían criticado precisamente por haber tomando la decisión opuesta: cuando Lando Norris sufrió su pavoroso accidente en la subida de Raidillon durante la clasificación, se criticó ruidosamente a Masi por no haber escuchado a pilotos como Sebastian Vettel que reclamaban una bandera roja. Siempre hay matices.

“Si hubiésemos comenzado a las 15, habríamos tenido una mejor chance de correr”, sentenció Verstappen. Era por ahí. En ese momento pudo pesar la consideración de la seguridad.

¿Se debió correr?

Los que más saben de la cuestión, los propios pilotos, entendieron que no. Es fácil reclamarles coraje temerario, descargar en ellos la frustración de no haber visto una carrera, pero si la seguridad es el valor supremo, el límite es infranqueable.

Una carrera con lluvia torrencial mientras oscurece fue la que se disputó en Suzuka durante 2014. Elló derivó en el accidente que al cabo se llevó la vida de Jules Bianchi. Se supone que el Halo vino a desterrar ese riesgo. Pero el debate se dirime en un terreno muy filoso y sin arriesgar la piel los argumentos no siempre tienen el mismo peso.

“Las condiciones hoy no eran buenas. Seguía lloviendo todo el tiempo. La visibilidad era muy mala y con los eventos recientes no quieres arriesgarte a que ocurra algo grave”, agregó el autor de la pole-position proclamado vencedor. “Por supuesto, los fanáticos no estarán de acuerdo con lo que sucedió hoy, pero también hay que pensar en la seguridad al final”.

“Es una pena porque, por supuesto, quería correr y podría haber sido una gran carrera si no hubiera llovido tan fuerte”, señaló por su parte el campeón Lewis Hamilton. “Pero realmente no podías ver, cinco metros delante de ti el coche desaparecía, así que era muy difícil en las rectas saber dónde estaba esa luz intermitente. Ni siquiera podías ir a toda velocidad porque no sabías en qué parte de la pista estarían”. El inglés recordó la chance de que los pilotos pudieran lastimarse seriamente.

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Daniel Ricciardo, siempre sonriente. Foto: Cortesía formula1.com

Para George Russell, que subió por primera vez al podio, “la FIA tomó la decisión correcta. No era nada seguro correr. Inclusive yo, que viajaba en segundo lugar detrás de Max, a más de 200 km / h, no podía ver nada. Podría haber estado cerrando los ojos en la recta y era lo mismo”. Al inglés lo benefició la ausencia de una real competencia pero sus argumentos son lógicos aún para quienes no se vieron tan favorecidos.

Cualquier comparación con Fuji 1976 o Mónaco 1984 o incluso carreras más recientes son producto de la frustración antes que de la razón. La conciencia de seguridad que hoy prima harían imposible considerar como válidas las razones por las cuales aquellas competencias se disputaron. Traerlas al presente para defender un punto de vista supone no entender realmente la dinámica de lo que ocurre en 2021 con la Fórmula 1.

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¿Se manejó mal la situación?

Absolutamente. La dirección de la carrera que ejerce Michael Masi mostró severas lagunas, como en el momento en que entendió que Sergio Pérez no estaba en condiciones de correr, confundiendo una vuelta de reconocimiento como una de formación.

Se puede advertir que Masi está sujeto a enormes presiones para sacar adelante una temporada repleta de incidentes, pero lo cierto es que la Fórmula 1 siente cada vez mayor nostalgia por la manera en la que Charlie Whiting conducía la categoría, una mano firme que prolongaba la filosofía de Bernie Ecclestone.

Masi no mamó esa escuela y sus carencias se advierten desde el arranque del torneo, con el discutido problema de los límites de pista en Bahrein. Esos problemas se fueron amplificando en otras pistas y a ellos se les agregó la creciente diferencia de criterio entre un Grand Prix y otro para aplicar penalidades.

La FIA emitió su propio comunicado para deslindar responsabilidades: “La seguridad de los pilotos, personal de pista. y los espectadores deben ser siempre la prioridad. La decisión de los comisarios de ampliar la ventana en la que la carrera podría tener lugar dio todas las oportunidades posibles para disputar la carrera, pero lamentablemente las condiciones meteorológicas no mejoraron lo suficiente como para completar más vueltas”.

Esa fue la línea oficial que reconoció Masi. Pero según Hamilton, “ellos sabían que la pista no estaba mejor (a las 18:17 que a las 15) y sin embargo nos enviaron a dar dos vueltas detrás del safety-car, cuando realmente no se podía ver a cinco metros por delante, y ni siquiera se podía ir a fondo”.

En perspectiva, se registró una excesiva inconsistencia entre las decisiones. ¿Fue tratando de sacar la carrera adelante o, simplemente, intentando no desatender ninguna obligación contractual? Los dos objetivos pudieron ir de la mano, pero al final pareció que solo primaba el segundo.

¿Fue un papelón?

No hubo competencia en la pista pero sí entre fanáticos para estimar quien podía acuñar el más ampuloso argumento de condena ante la situación. “Farsa” ganó el premio, evidentemente. Imposible no estar de acuerdo.

Aunque el CEO de la Fórmula 1, Stefano Domenicali, insistió en negarlo (“que hubiera una discusión comercial detrás de la decisión es totalmente no verdadero”), es difícil creerle que la larga espera y el simulacro de intento de carrera no estuvieron directamente relacionados con cuestiones comerciales y de contratos televisivos.

No es una cuestión sencilla después de 18 meses de pandemia. Muchos Grandes Premios se disputaron durante 2020 sin público presente y expusieron a los organizadores al quebranto. La situación de Spa ha sido, dsede hace años, delicada en términos económicos y más de una vez solo su status deportivo aseguró su continuidad en el calendario.

La trágica muerte de su gerenta dos semanas atrás y la posibilidad de verse obligados a cerrar un segundo ejercicio consecutivo con pérdidas -especialmente si es necesario devolver el dinero de las entradas- enrarecieron más el panorama.

Todos los análisis son válidos, pero en ellos no debe descuidarse el indudable peso que las circunstancias económicas tienen en las determinaciones finales. Inclusive el debate de los aspectos deportivos no puede entenderse hoy en toda su dimensión sin tener en cuenta ese registro.

¿Es justa la distribución de puntos?

Es reglamentaria, para empezar. Lo señala el Artículo 6.5 del Código Deportivo. Pero el reparto al cabo de lo que no fue una carrera más el podio acrecentaron la sensación de un respeto a cuestiones contractuales y comerciales superior al trato dispensado a los espectadores.

“¿Puntos? ¿Es una broma, no? ¿Qué hicimos hoy para ganar esos puntos? No lo sé”, se preguntó Sebastian Vettel con causticidad.

Zak Brown, el CEO de McLaren, sugirió que si la carrera fue “reglamentaria” y por eso se repartieron los puntos, entonces “eso necesita ser revisado”. Ese artículo 6.5. es el que pasa a estar en cuestión.

El reglamento lo sostiene pero, en público, solo con puntos y podio fue que acabó habiendo oficialmente carrera: las discusiones pueden seguir eventualmente en los tribunales. El sentido deportivo resultó burlado, pero las consecuencias legales quedaron desactivadas.

¿Qué lecciones aprovechar?

Hay que examinar la idoneidad del director de la carrera y echar un ojo al reglamento para cubrir alternativas imprevistas: no debió haber simulacro de carrera ni puesta en escena.

Algunos expertos sugirieron que una solución podría haber sido mandar el pelotón detrás del safety-car durante dos giros y luego hacerlos correr algunas vueltas bajo régimen de bandera amarilla, para que a mayor ritmo pudieran desalojar todo el agua del circuito y advertir, al cabo de algunos giros, si era seguro o no correr; en caso negativo, en ese momento se habría dado por terminado el Grand Prix sin postergar la incertidumbre del público en la pista o de los fanáticos que la siguen por TV en todo el planeta. Es una alternativa para estudiar de cara al futuro, contemplando la chance de que no haya reparto de puntos si los pilotos no tuvieron chance de competir.

Y ahora, Zandvoort.

Fuente: Pablo Vignone / Original aquí.

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