Gabriel Boric

Boric, el cruzado

La infancia posee ese no sé qué que nos enamora de los ídolos. El Beto Acosta y Néstor Gorosito la rompieron en la temporada 94/95. Más de una vez, les expresó su amor vía las redes sociales. Pipo se hizo cargo de su traje y le envió unas felicitaciones por vencer en los comicios. Al electo jefe de Estado, Twitter le permitió defender a sus ídolos. Messi y Maradona, entre otros.

Ciudad de México, 27 de diciembre (MaremotoM).- La Plaza Dignidad todavía se llamaba Plaza Italia. No eran demasiados. Tenían una bronca suficiente. Dolía la sensación de que el poder viajaba por encima del sentimiento. Hacía cuatro meses había terminado el Mundial de Sudáfrica. Las elecciones en la Asociación Nacional de Fútbol Profesional (ANFP) ya eran un escándalo. Sería peor. Marcelo Bielsa había sido tajante: si no triunfaba Harold Mayne Nicholls, se marchaba. Cantaban por el Loco. Tanto fervor que unos jóvenes propusieron ir a tirarle piedras a la SEK. La Universidad de la que era propietario Jorge Segovia. Dirigente de Unión Española. El opositor. Gabriel Boric no lanzaba proyectiles. Insultaba. Por dentro, abrigaba un dolor tan pesado que, en 2018, en el living del programa Prensa Fútbol, no podía superarlo: “Me da una rabia profunda. Sacaron al entrenador con más altura de la historia de Chile”. Silencio.

Miró hacia el suelo: “Nos quitaron a Bielsa”.

El programa con el que Boric arribó al gobierno sorprende con propuestas precisas sobre el fútbol. A diferencia de muchos otros países donde el Estado se ocupa de todos los deportes que no son el fútbol. Es decir, lo manejan el mercado o los clubes. Son cuatro:

Participación real de los hinchas en la toma de decisiones.

Fin del programa Estadio Seguro (un engendro que mezcla venta de entradas y derecho de admisión).

Derecho de medios públicos a participar de las transmisiones.

Profesionalización del fútbol femenino.

En la misma entrevista de 2018, el panel y la patria chilena padecían ver el mundial de Rusia por televisión. El desencanto era absoluto. Boric cerró su participación con un detalle fuera de moda: “Hay que recordar que está la Copa América femenina. Estamos en proceso de deconstrucción machista. El fútbol no es una cuestión de hombres. Es muy bueno lo que están haciendo. Desearles que les vaya la raja en Uruguay”.

La región de Magallanes no exhibe ningún equipo en Primera División. Colo Colo, el más popular, se fundó en 1925 como un desprendimiento de Deportes Magallanes, pero era de Santiago. En 1950, la Universidad Católica realizó una gira por todo Chile. La familia Boric participaba de las actividades de la iglesia. En Punta Arenas, el flechazo les cambió la vida. “Yo no tengo ninguna relación con la religión, pero mi papá, mi abuelo y mi tío se hicieron de Católica y en mí fue una herencia de sangre”, admite el flamante presidente. Que nunca se cambió de club: “Yo creo que cambiarse de club es de las cosas más imperdonables en los futboleros y las futboleras”.

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Quizás el cargo lo lleve a modificar el discurso, pero el presidente de Chile es un fanático de los Cruzados con todos los vicios: “No soporto a los estadistas del fútbol. Esos que dicen: ojalá a los equipos chilenos les vaya bien en la Libertadores. No. Ojalá que si juegan la Libertadores los goleen 6–0. Los humillen. Les vaya lo peor posible”. Aun así, en más de una oportunidad, manifestó que para hacer crecer al fútbol chileno era indispensable la unión. Ahí citó a las organizaciones de los clubes más poderosos con las que se había reunido para pensar ideas.

Gabriel Boric
Boric y el futbol. Foto: Cortesía

Boric desembarca a la presidencia en estado de gracia. Su club es tetracampeón de Chile. Su admiración por el Chapa Fuenzalida y por Luciano Aued es impresionante. Su primer recuerdo del fútbol tiene una cuota de tristeza. En 1993, Católica se enfrentó en la final de la Libertadores contra el Sao Paulo. La serie fue una locura. En la ida, en Brasil, los conducidos por Telê Santana vencieron 5–1. Parecía liquidado. En el Estadio Nacional, a los 15, los locales vencían 2–0. Se percibía la remontada. Al borde del entretiempo, Luis Pérez corre mano a mano frente a Zetti y define afuera.

La infancia posee ese no sé qué que nos enamora de los ídolos. El Beto Acosta y Néstor Gorosito la rompieron en la temporada 94/95. Más de una vez, les expresó su amor vía las redes sociales. Pipo se hizo cargo de su traje y le envió unas felicitaciones por vencer en los comicios. Al electo jefe de Estado, Twitter le permitió defender a sus ídolos. Messi y Maradona, entre otros.

Boric más de una vez despotricó contra Colo Colo y sus abusos de poder. Sin embargo, admira futbolistas colocolinos como Esteban Paredes. Se asume como un pragmático del juego. Asegura que hay que respetar los procesos de los técnicos. Con uno no pudo: “Con el único entrenador con el que perdí la paciencia fue con Falcioni”. En la temporada 2014/2015, Julio César culminó con el 34% de efectividad en puntos.

“Al final, el fútbol es el único espacio de irracionalidad que podemos permitirnos”, declaró hace unos años, cuando no estaba ni en su imaginario ser presidente. A pesar de ese rasgo, es un fanático que, como muchos en Chile, aceptan los ciclos formativos. Repite tres nombres: José Sulantay, Bielsa y Jorge Sampaoli. Denosta otro: Sergio Jadue, presidente de la ANFP, que culminó detenido en Estados Unidos tras el FIFAGate.

El fútbol aparenta la vida. No es lo mismo. Uno de sus grandes aportes hacia la disputa de poder es la cantidad de latiguillos. Boric ha jugado toda la vida de wing derecho. Aclara: “En la política, hay que saber moverse por toda la cancha”.

Fuente: Cenital / Original aquí.

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