Selva Almada

“Buenos Aires no aparece nunca como una promesa en mi relato”: Selva Almada

Dice que su literatura tiene mucho que ver con esas zonas rurales alejadas del centro de un país al que podríamos describir como centralista. La escritora entrerriana ha ganado recientemente el premio First Book Award de Edimburgo con su novela El viento que arrasa, que pronto tendremos en México.

Ciudad de México, 13 de noviembre (MaremotoM).- La escritora argentina Selva Almada (Entre Ríos, 1973) ha ganado recientemente el premio First Book Award de Edimburgo con su libro Un viento que arrasa, publicada por Mardulce en 2012.

También es autora de Chicas muertas (2014), finalista del Premio Rodolfo Walsh; Ladrilleros (2013), finalista del Premio Tigre Juan; Una chica de provincia (2007), Niños (2005) y Mal de muñecas (2003). Sus novelas fueron traducidas al francés, al italiano, al portugués y al holandés.

En México, en 2016, ha sido editada por Penguin Random House una compilación de sus cuentos con el título El desapego es una manera de querernos, además de que pronto tendremos la novela premiada, El viento que arrasa, una prosa firme que ha hecho decir al escritor Oliverio Coelho que “lo que parece fantástico de pronto se vuelve hiperrealista, un poco como en los cuentos de Rulfo o Sara Gallardo”.

Un reverendo y su hija de viaje por el Chaco, en un clima de conflictos y tormentas, diálogos filosos y locura solapada. Casi cinematográfica, El viento que arrasa es una novela en la que los personajes son nítidos, corpóreos, se escuchan sus voces, sus modos. Y los del paisaje: el monte, el sol, los árboles achaparrados, los autos rotos, las camisas transpiradas y las vidas destruidas. Así reza la sinopsis de la novela.

–¿Qué espacio hay en tu literatura para el lugar en donde naciste?

–Hay mucho de eso, aunque no toda mi literatura está en Entre Ríos, está toda esa experiencia de haber vivido la mitad de mi vida en una ciudad del interior argentina, lejos de Buenos Aires. Eso es lo que marca un poco mi escritura o mi búsqueda como escritora. Desde la incorporación de ciertos giros o palabras que son muy del litoral hasta la construcción de personajes o de situaciones que tienen mucho que ver con esas zonas rurales, que son bien distintas a las vivencias que puede tener a alguien que ha crecido en Buenos Aires.

Selva Almada
Llevar lo que se produce fuera de Buenos Aires a Buenos Aires. Foto: Facebook

–Ricardo Piglia siempre estaba preocupado por unir el interior con esta zona central de Buenos Aires…

–No tengo esa preocupación en la escritura. Buenos Aires no aparece nunca como una promesa en mi relato. Sí tengo esa preocupación más como escritora, como lectora o como productora cultural, acerca de lo que se produce fuera de Buenos Aires para poder llevarlo a Buenos Aires; por ejemplo en Carne Argentina, un ciclo de lecturas que tengo con Julián López y Alejandra Zina desde hace más de 14 años: en ese espacio de lectura y de reflexión acerca de la lectura argentina aparece esa preocupación de convocar a escritores de las provincias a que lean en Buenos Aires. Al revés no pasa. La ida de Buenos Aires hacia las provincias es algo que está mucho más fluido y más aceitado. Los escritores provincianos estamos bastante al tanto de lo que ocurre en Buenos Aires porque las editoriales grandes están allí, aquello que tiene circulación en los suplementos culturales, en los diarios importantes, ocurre en Buenos Aires…pero bueno hay un desconocimiento bastante grande de los lectores porteños con respecto a lo que se produce en las provincias. En mi ciclo tratamos en la medida que podemos de que aparezcan ese otro tipo de literatura que están en el resto del país.

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–Recuerdo que Héctor Tizón decía que “si somos escritores del interior, ellos son del exterior”

–De Tizón me gustaba que él no hablaba de una literatura del interior sino que hablaba de una literatura de provincia, una literatura que tiene marca propia. Una literatura que tiene marcas que no son precisamente las mismas que se producen en Buenos Aires.

–Estas mujeres que fueron recientemente premiadas están un poco lejos de la universidad, ¿también hay un corte ahí, verdad?

–Sí. En mi caso estudié literatura en un Instituto del interior, no tengo ni un pasado ni un presente académico. María Gainza también…

–Yo le preguntaba a Luisa Valenzuela qué cosas había hecho en la universidad, como dando por sentado que todos sus ensayos eran académicos. Y de pronto me dice que nunca fue a la universidad…

–Ah, mira, no sabía si ella había estudiado Letras o no. Así que tampoco. Es una de las cosas que se fueron desmontando en estas últimas dos décadas. En el ’90, muchos escritores venían de la academia, de la universidad de Buenos Aires. Estaba formada la literatura por escritores académicos, que daban clases o tenían algún tipo de vinculación. Todo eso se fue desarmando. Al multiplicarse la cantidad de editoriales, con todo este fenómeno de editoriales independientes, editoriales pequeñas, se desmontó esa tradición que exigía que el escritor pasara por la universidad para después ser escritor. De alguna manera se volvió mucho más abierta esa circulación. Empezamos a circular escritores que veníamos de otros lugares.

Selva Almada
Soriano es famoso por las disputas que tenía con la academia y el desprecio que la academia sentía por él. Foto: Facebook

–Osvaldo Soriano o Juan Gelman antes no entraban a la universidad. Era bastante complicado ver dónde se metían este tipo de escritores…

–Hay una apertura muchísimo mayor. Soriano es famoso por las disputas que tenía con la academia y el desprecio que la academia sentía por él. Hace poco tuve en un congreso de literatura argentina en La Pampa y cuando veía el programa, muchos autores como Gaby Cabezón, como Leonardo Oyola, como yo misma, somos estudiados precisamente en la academia y somos autores que no venimos de la academia. Nos hemos transformado en objetos de estudio cosa que antes no era tan frecuente.

–¿Cómo es ser traducida al inglés? ¿Estás al tanto de la traducción o no te importa tanto?

–Me importa que el libro traduzca y me interesa saber qué pasa, de qué manera empiezan a circular en otras lenguas, trato de seguirle un poco la pista una vez que son traducidos. En algunos casos los traductores me han consultado más y en otras menos. En el inglés hemos tenido algunos intercambios con Chris Andrews, el traductor que vive en Buenos Aires. Un libro argentino que se traduzca al inglés es la figurita más difícil. Esta misma novela estaba traducida a otros idiomas, costó bastante llegar al inglés. Salió en una editorial en los Estados Unidos y en Inglaterra salió con Charco Press. Que el libro salga y tenga ese premio, que está elegido por los lectores, algo que es importante para una escritora. El premio siempre le va a dar una visibilidad y un empuje al libro que salió hace muy poco allá. La editora está muy contenta y yo también.

–¿Qué significan los premios para ti?

–Sí, un poco de visibilidad, cuando son económicos son buenos, porque los escritores no tenemos muy resuelto ese tema jamás. En este caso no había ninguna dotación de dinero, pero es importante porque le da prestigio al libro y llamará la atención a los lectores que no les había llamado la atención. Un premio simbólico es gratificante. Siempre los he recibido con alegría, siempre significa una valoración a tu trabajo, a tu trayectoria.

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