Caetano Veloso

Caetano Veloso, alguem cantando

¿Cómo hace este músico-chamán de dientes relucientes y mirada serena para desatar con un simple gesto semejante efecto sanitario? ¿En qué rincón de su alma bendita destila ese antídoto contra la mediocridad, el miedo y el cinismo?

Ciudad de México, 7 de agosto (MaremotoM).- Ocurrió a principios de los ochenta. Una hora después de iniciado el espectáculo sonaron los primeros acordes del tango “Mano a Mano” y el aire del teatro se congeló. Una súbita inquietud se instaló entre los presentes y, de inmediato, una cacofonía de voces, murmullos y silbidos de reprobación surgieron como respuesta.

—”Qué miedo le tienen a su propia música”—respondió el mulato desde el escenario, luciendo una sonrisa que envidiaría el mismísimo Gardel, y revelando, con solo un par de palabras, nuestro infinito bagaje de prejuicios y zonceras.

Bastaron solo unas notas para iluminar las conciencias. Apenas una frase para provocar una reflexión entre los asistentes al concierto, tímidos habitantes de este país absurdo, que necesitó el horror de una guerra para reivindicar a sus artistas. ¿Cómo hace este músico-chamán de dientes relucientes y mirada serena para desatar con un simple gesto semejante efecto sanitario? ¿En qué rincón de su alma bendita destila ese antídoto contra la mediocridad, el miedo y el cinismo?

Caetano Veloso
El artista más importante de Brasil lanza nuevo disco. Foto: Cortesía Sony Music / Fernando Young

“Una persona es atractiva por su vitalidad”, dijo alguna vez Erich Fromm. “Lo que atrae es siempre lo vivo”. Será por eso que Caetano nunca declama. Su suave voz y su sonrisa son expresiones vitales más elocuentes que cualquier grito. Será por eso también que en Veloso todo opera por contagio. Lo irresistible en él es su integridad, el compromiso y sinceridad de su trayectoria existencial. Es esa estética del vivir apasionada e irreductible, esa militancia sin más dogma que la verdad inmediata, la que convierte a Caetano no solo en un artista luminoso, sino en un músico entrañable.

Como resultado de esa épica prometeica encarnada a contrapelo, Caetano se ocupa de descorrer el velo que cubre lo intrínsecamente dorado:

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“Luz del sol, que la hoja traga y traduce, en verde nuevo, en gracia, en vida, en fuerza, en luz. Cielo azul, que viene hasta donde los pies tocan la tierra, y así la tierra inspira y exhala sus azules” (Luz do Sol).

“Veo al hombre viejo riendo en una curva del camino de Hebron. Y a su mirada, todo lo que es color cambia de tonalidad. Los hijos, películas, libros, soltados como un vendaval, lo extienden más allá de la ilusión de su ser personal. Pero él duele y brilla como un individuo único, maravilla sin igual. Ya tiene el coraje de saber que es inmortal” (O Homem Velho).

Su testimonio de lo maravilloso libera a lo invisible oculto en lo visible, haciéndolo brotar con generosidad, como una ofrenda para los que andan apurados por el mundo:

“Veo a la arena linda, brillando en cada grano, gracias del sol brillan todavía por el suelo. Veo que al agua deja los colores de otro color, y vuelve para sí sin queja, todo es tanto amor”. (Cá Já)

Como consecuencia de su quehacer, de su modo de ser en el mundo, el arte de Caetano Veloso es siempre una manifestación profunda de su compromiso con la vida. Probablemente sea por eso que su identidad personal y musical conforman una totalidad coherente.

Chico Buarque
Chico Buarque y Caetano Veloso. Foto: Facebook

Para conquistar las raíces de la identidad, Caetano no duda en nutrirse de las múltiples expresiones de lo vital, tanto sean populares como eruditas, sublimes como mundanas, sumergiéndose en un torbellino de transformación del que, como el don Juan de Castaneda, siempre sale intacto, renovado y rejuvenecido.

Caetano viril, Caetano gay, folclórico o supermoderno, electrificado o austero con su guitarra solista, Veloso trasciende ampliamente lo musical. Lo suyo es una aventura ontológica.

Felices ochenta, Caetano.

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