Caetano Veloso

Caetano Veloso no es cantautor de la trova, pero se presentará en el Festival Cantares

Para dar difusión a uno de los géneros predilectos del público mexicano, el Gobierno de la Ciudad de México y la UNAM, organiza Cantares: Fiesta de Trova y Canción Urbana, que se realizará el 27 y 28 de julio con la participación de más de 50 artistas nacionales e internacionales.

Ciudad de México, 29 de junio (MaremotoM).- Difícil ubicar a Caetano Veloso en este Festival Cantares, donde se presentarán más de 50 artistas nacionales e internacionales.

Es difícil y a veces caprichoso: una cosa que dijeron tanto Claudia Sheinbaum como su secretario de cultura, José Alfonso Suárez del Real, fue que “haremos muchos festivales”, por esa cosa de hacer “popular” a la cultura y traer mucha gente a los conciertos y a los encuentros artísticos.

Así se ha hecho, entre la UNAM y el Gobierno de la Ciudad de México, el Festival Cantares, Fiesta de la Trova y Canción Urbana, donde la estrella mayor es Oscar Chávez, quien dijo que “siempre es un privilegio presentarse en los espacios de la UNAM”.

El sábado 27 de julio, Óscar Chávez, Caetano Veloso, Inti Illimani, Fernando Delgadillo e Isabel y Tita Parra, entre otros intérpretes, inaugurarán el festival, en Las Islas de la UNAM.

A juzgar por la cantidad de artistas, uno puede decir que arreglaron con quienes estaban dispuestos y que el festival no posee ninguna temática, ningún orden y ninguna línea.

Hay que decir que a los artistas brasileños les cuesta muchísimo estar en México. No sabemos si es por el idioma o por qué será, pero todavía recordamos a Lenine, en la única vez que vino el brasileño a nuestro país (un artista inconmensurable, genial), con la mitad del Teatro de la Ciudad vacío.

Caetano Veloso ha venido unas cuantas veces. La última fue en su variante de rock con su hijo Moreno, en el Auditorio Nacional, con gente que se fue en el medio del concierto, que no supo comprender su propuesta musical.

Festival Cantares
Festival Cantares

Tiene una trayectoria extensa, nació en Bahía do Santo Amaro, en 1942 y es sobre todo un músico que confina su obra al alabado ecleticismo que lo ha convertido en uno de los artistas fundamentales de su país y, por qué no decirlo, del mundo musical contemporáneo, si existe algo que pueda definirse como un sonido clásico.

Su obra ha pasado por un colador del tiempo y la materia de sus canciones nuevas nos recuerda al Caetano contestatario y profundo de Circulado (1991), de Tropicalia (1993), de Livro (1997), incluso (aunque con menos lirismo y despojado ya del trágico perfume existencial que solía rodearlo en su juventud) de Transa (1972), su obra más desgarrada.

El artista más intelectual de la MPB (como a menudo lo define su gran amigo Gilberto Gil) es otra vez el hombre lúcido que se obliga a pensar el mundo en el que vive y a enmarcarlo mediante dardos certeros que alargan su vida en el debate planteado por textos y lemas que demuestran que Caetano se ha hecho viejo, pero nunca indiferente.

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Caetano canta además como nadie. Sus temas tienen esa calidad sonora de una voz prístina y maternal que lo ha hecho un gran intérprete de covers. Por caso, su versión de Michael Jackson, que además relaciona con “Eleanor Rigby”, de Los Beatles.

“Sé que reasumo explícitamente mis relaciones con el rock, que vienen de mediados de los años ‘60, del periodo tropicalista, ya lo había hecho en Velô, en Estrangeiro y en Transa. El diálogo con el rock es recurrente – claro que mucho es recurrente en el trabajo de uno-, pero me siento siempre yendo para adelante”, dijo Caetano.

Siempre político, Caetano es opositor a ese “trump brasileño” llamado Jair Bolsonaro, aunque también ha sido un poco crítico de Lula, algo que evidenció en una nota y que enojó mucho a su madre Doña Canó (1907-2012).

¿Qué le pareció que Lula la llamara por teléfono para tranquilizarla?, le preguntamos una vez a Caetano y él contestó.

“Me gustó mucho. Lula es muy cálido y esa es una de las razones porque nos gusta tanto a los brasileños”.

Caetano Veloso
México era una sensación fuerte antes que yo estuviera físicamente en el país: las películas en mi niñez y adolescencia, los boleros, las rancheras. Foto: Cortesía

Siempre defensor de la vanguardia, en su libro Verdad Tropical hay un capítulo llamado “Vanguardia”.

“No sé si la gente realmente ligada a las vanguardias concordaría con las cosas que he dicho allí. No me gusta mucho el tono militar de la palabra y muchas veces entiendo los modernismos como maneras de preservar la grandeza de las obras de tiempos pasados, pero cuando oigo los argumentos de la reacción me pongo del lado de los que hacen obras experimentales y abren caminos”, ha dicho.

¿Y qué piensa de México?

“México era una sensación fuerte antes que yo estuviera físicamente en el país: las películas en mi niñez y adolescencia, los boleros, las rancheras. Cuando finalmente estuve en México, me impresionaron las dimensiones de todo (todo es muy grande), los colores de las casas, la dulzura de la gente en las calles, la arquitectura colonial, la moderna y la pre-colombina (cada vez que voy a la ciudad De México visito Teotihuacán), finalmente el muy sorprendente interés del público mexicano por mi música y mi persona: la primera vez fue antes que saliera el disco Fina Estampa – y la gente que me invitaba temía que el Auditorio Nacional fuera demasiado grande para un concierto mío. Yo hubiera estado feliz de cantar allí para 17 personas, pero a la noche el Auditorio estaba lleno. Canté “María Bonita” y “O Leãozinho” y lo que fuera. Moreno y Jaques estaban conmigo. Quedamos felices. Después vi una estatua en el parque y me pareció que era de Agustín Lara. Salí del coche y vi que sí, lo era – y estaba escrito “A Agustín Lara, de María Félix y sus amigos”. Todo el comienzo de mi vida en Santo Amaro me vino a la cabeza y lloré”.

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