Emmanuel Carrere

Calais, el desmantelamiento de la Jungla, los migrantes y Carrére…

Recuperamos parte del texto de Calais, el nuevo cuaderno Anagrama que Emmanuel Carrère escribió justo después del desmantelamiento de la Jungla, en el 2017, para tratar de entender una situación que deja al descubierto la imposibilidad de los gobiernos europeos de afrontar y proponer soluciones a esta tragedia humana de alcance inimaginable.

Ciudad de México, 3 de diciembre (MaremotoM).- Calais es una ciudad costera francesa de unos 73.000 habitantes. Situada frente al canal de la Mancha, representa la última parada en el continente para miles de migrantes que esperan, en condiciones infrahumanas y en campamentos improvisados, la oportunidad de poder entrar en el Reino Unido. En el 2016 las autoridades francesas desmantelaron la Jungla, un campamento de 3,9 kilómetros cuadrados en el que vivían hasta 10.000 refugiados, una pesadilla de miseria e insalubridad. Aun así, las asociaciones humanitarias que operan en la zona advertían de que, desde entonces, las condiciones de vida de esos migrantes han empeorado: al menos con la Jungla, dicen, había una cierta estructura.

La trágica muerte de 27 personas por el naufragio de una embarcación que intentaba salvar la distancia entre Francia y el Reino Unido la semana pasada ha vuelto a situar a Calais en el centro de las noticias. Esta tragedia ha provocado una crisis diplomática entre los dos países: Boris Johnson pidió devolver automáticamente a Francia a todos los que cruzaran el estrecho, provocando así que Francia retirara la invitación al Reino Unido a la reunión europea sobre migración que se hizo el domingo pasado. A ello se suman las protestas de los pescadores franceses por los acuerdos del Brexit, que consideran perjudiciales para su trabajo.

Recuperamos parte del texto de Calais, el nuevo cuaderno Anagrama que Emmanuel Carrère escribió justo después del desmantelamiento de la Jungla, en el 2017, para tratar de entender una situación que deja al descubierto la imposibilidad de los gobiernos europeos de afrontar y proponer soluciones a esta tragedia humana de alcance inimaginable:

Te puede interesar:  Chuck Palahniuk y la saga de Fight Club: Las pesadillas son una buena señal

“Tras las contraventanas cerradas o las persianas metálicas echadas no se ve ninguna luz. Avanzamos por calles desiertas, cenicientas, en una mezcolanza entre toque de queda y estado de sitio. Todo eso hace aún más dulce la sensación de calor y alivio cuando se abre una puerta amiga. Esas casas, de las que con seguridad sería un habitual si viviese en Calais, dan la impresión de cabinas a bordo del Titanic: llenas de libros y discos, con cocinas rutilantes y citas enmarcadas en los  baños de Edgar Morin, Stéphane Hessel y Pierre Rabhi, gran figura del altermundialismo, apóstol de la disminución del crecimiento cuya teoría del colibrí me explicaron en torno a una bandeja de quesos suntuosamente malolientes (…). Se declara un incendio en el bosque; todos los animales emprenden la fuga, pero el colibrí vuela solo hasta el río, llena de agua el pico minúsculo y se vuelve a marchar a aletadas rápidas para verter el contenido sobre el fuego. Se pasa todo el día yendo y viniendo, y cuando un hipopótamo le hace ver que es irrisorio echar unas gotitas de agua sobre las llamaradas, el colibrí responde: “Quizás, pero yo hago mi parte.” La parte del colibrí, para mis amigos calesienses, consistía en llevar comida, mantas y ropa a los migrantes cuando aún vivían en casas ocupadas del centro, en hablar con ellos, y ahora que los han evacuado de la Djeungueule (la Jungla), en hacer más o menos lo mismo, pero con menos frecuencia.”

Fuente: La newsletter de Anagrama

Comments are closed.