Capital Mundial del Libro

CAPITAL MUNDIAL DEL LIBRO | ¿Por qué leemos? ¿Por qué escribimos?

Hugo Hiriart (que hoy cumple 80 años) recordó por supuesto a Errol Flynn, uno de sus actores preferidos que llevó la novela de piratas de Laura al cine. “Nunca me pareció particularmente interesante el género de la novela de los corsarios, pero sí Errol Flynn haciendo cosas”, dijo.

Guadalajara, 28 de abril (MaremotoM).- “Celebrando la lectura, celebrando el libro, he tenido una relación muy larga y muy intensa con la lectura. Después del cigarro, la lectura ha sido mi relación más constante, a que nunca he dejado de cuidar. Empezó hace mucho tiempo, de niña y siempre le he echado la culpa a una miopía mal curada. Yo no veía de lejos, prefería de muy chica las actividades en corto. Jugar con los insectos en el jardín, leer”, dice una de las invitadas, Cristina Rivera Garza, por zoom.

No ha podido venir esta tarde, cuando se inaugura la Capital Mundial del Libro, en ese paseo maravilloso, Fray León de Alcalde, donde antes pasaban camiones y camionetas a todo lo que daba la velocidad y sin embargo hoy esta metrópolis, que parece cada vez más literaria, da un sentido a las calles y a la vida, probablemente por los árboles y porque cada uno que pasa se topará con algún espectáculo afín.

Capital Mundial del Libro
“Lo que importa es el gozo y la posibilidad de vivir lo que uno no puede”. Foto: Cortesía

Dice Cristina que “lo que importa es el gozo y la posibilidad de vivir lo que uno no puede”, refiriéndose a la lectura y recuerda algunos que ha tenido para este vicio que no se ha curado (el del cigarrillo sí).

“Los libros llegaron muy temprano para decir que había otros mundos. Recuerdo por supuesto mis primeros libros, entre ellos Cazadores de microbios, de Paul de Kruif, El diario de Ana Frank, que hizo muchas escritoras a lo largo del planeta. Escribir podía ser algo compartido por muchos. Estaba una niña en condiciones extremas tratando de formarse un mundo propio en la escritura”, afirmó.

“Los libros de Dostoievski, de Tolstoi, me enseñaron a preguntarme quién era yo, para qué estoy aquí y le debo a esos traductores haberme convertido en una lectora. No sé si leer nos convierte en mejores personas, pero si nos permite hacernos grandes preguntas”, dijo.

Hugo Hiriart
Hugo Hiriart, hoy cumple jóvenes 80 años. Foto: Cortesía

Luego fue el tiempo grabado de Guillermo Arriaga, otro que no pudo estar en forma “presencial”, pero que se hizo presente mediante una pantalla, donde felicitó a Guadalajara, por haber sido nombrada Capital Mundial del Libro.

“¿Por qué leo? Creo que el arte en general y la literatura en particular nos abre una perspectiva. El cambio de vista nos hace ver cosas que jamás nos hubiéramos imaginado. La gran obra es la que nos hace ir hacia adentro. Nos presenta algo que desconocíamos de nosotros, algo que hemos perdido, los interrogantes, las emociones, los recuerdos, las memorias de lo que ha sido un tema en el pasado”, dijo el autor de Salvar el fuego (Alfaguara)

“¿Por qué escribimos? Para contar historia, los seres humanos se dieron cuenta en la edad rupestre que hacía falta narrar. Poco a poco fue existiendo la ficción para agregar elementos de la imaginación, darle una dimensión distinta a la historia. Escribo porque es una adicción para mí, si no cuento una historia, comienzo a asfixiarme”, agregó.

“Habita en mí esa pulsión de escribir que me permite por otro lado vivir de ello”, afirmó Guillermo Arriaga.

La tarde era como un verano maravilloso, como esos donde hay una brisa fresca, está el tabachín naranja al fondo, los olivos al costado y un joven que se ha mantenido sentado en primera fila escuchando atentamente todo lo dicho. Le digo que parece una máquina de escuchar y me hace preguntas a mí, la “periodista experimentada”, en un mundo que a veces resulta extraño y lejano.

Un ciudadano pide la palabra. Dice que ha estado a punto de suicidarse. Martín lo escucha y le pide que deje terminar la charla y que cuando se baje él mismo lo escuchará.

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¿Suicidio? Es una palabra que se dice mucho en el sistema pospandémico. Suena un violoncello, suena un saxo, alguien se compra una nieve de fresa en la esquina y ese preguntarnos ¿por qué leemos? ¿por qué escribimos?, se parte como una fruta, como un higo, como las uvas, que quedan estrellados en la vereda, dispuestos a oír una respuesta.

La Capital Mundial del Libro se une con mucho gusto a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Constituyen la misma savia, la misma fuerza. Sin embargo, las dos son propuestas distintas. Esta, la de la ciudad, se lleva a cabo en el centro, un lugar muchas veces misterioso para los visitantes.  Para los locales, algo que carecía de ese brillo de otras colonias que en Guadalajara, hay que decirlo, son esplendorosas.

En la pasada Feria, tuve la oportunidad de conocer el centro de la mano de la periodista Rosa Esther Juárez, quien se ha convertido en una verdadera difusora de las ventajas de este espacio donde la gente transita a mucha velocidad, pero a veces se queda a ver una obra de teatro.

Beber una cerveza, caminar ya no sólo por el Hospicio Cabañas, sino dar la vuelta por la Catedral, tan imponente o descubrir –como me lo hiciera ver la escritora Zeth Arellano- el Templo Expiatorio del Gran Sacramento, son paseos que se valen por sí mismo, en este centro renacido gracias –¿por qué no decirlo?- de la labor del alcalde Pablo Lemus.

Para la joven Abril Pozas escribir es “haber empezado por imitación. Cuando mi madre empezó a acercarme los libros, me di cuenta de que yo podía como lectora llorar, reír o enojarme. Cuando estaba leyendo Mujercitas, yo lloré cuando Jo se cortó el pelo para ayudar con dinero a la familia. Me di cuenta de que los escritores son manipuladores. La lectura es valiente, masoquista y la creación requiere un poco de valor para provocar ese llanto en otras personas”, afirmó.

Capital Mundial del Libro
Los libros, esos objetos queridos. Foto: Cortesía

Elisa Díaz Castelo recuerda el poema “Elegía a Ramón Sijé”, de Miguel Hernández. En este momento se cae una lagrimita, coincidiendo con la apreciación de Abril, pues parte de esas palabras profundas formaron parte de la lápida de mi padre.

Yo quiero ser llorando el hortelano

de la tierra que ocupas y estercolas,

compañero del alma, tan temprano.

Alimentando lluvias, caracoles

Y órganos mi dolor sin instrumento,

a las desalentadas amapolas

“De pronto toda la familia estaba llorando y me di cuenta del poder de la poesía”, afirmó.

“Un libro que me dio mi padre para que leyera. Yo tenía 15 años, mi padre era un científico, llegó al hogar y me dio un libro de piratas. Cuando lo comenté con él, fue algo tan emocionante, porque de pronto nos habíamos convertido en compañeros de aventuras. La lectura me había dado una relación de tú a tú con mi padre”, recordó la poeta Laura Solórzano.

Hugo Hiriart (que hoy cumple 80 años) recordó por supuesto a Errol Flynn, uno de sus actores preferidos que llevó la novela de piratas de Laura al cine. “Nunca me pareció particularmente interesante el género de la novela de los corsarios, pero sí Errol Flynn haciendo cosas”, dijo.

Más tarde se refirió a su novela La destrucción de todas las cosas, pensó en Juan Rulfo y dijo que si alguien no tenía interés en lo que él decía, que se aguantaran, porque para eso era el invitado.

Un poco compelido por el público, Martín Solares dijo cuál era su razón para leer y para escribir. No quería lucirse al lado de semejantes invitados, pero “para mí la literatura es la posibilidad de ser felices a lo largo del día. Si escribimos o leemos todo va a ser majestuoso ese día”, afirmó.

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