Carlos Monzón

Carlos Monzón, un hombre que fue y será un enigma difícil de comprender

A 26 años de la muerte de Carlos Monzón, hablamos de la biografía que escribió Carlos Irusta sobre el ex boxeador. Escribe Diego Maximiliano Huertas.

Ciudad de México, 19 de enero (MaremotoM).- Categoría de lectura de Monzón – La biografía Definitiva, editado por Planeta, con Carlos Irusta como autor: De reposera, de tren, de plaza, de espera. Un caudal importante de datos da el libro, se lee fácil pero, como toda lectura, hay que prestar atención. A la bartola no se lee, hay que comprometerse con lo que se está leyendo.

Precio en librerías: Se consigue en Internet desde 5 dólares a 12 dólares. Entre esos números hay que manejarse. El precio va a variar si es usado o nuevo. Hay que enroscarse, la data está sobre la mesa. Yo mi carta la jugué.

Un 8 de enero de 1995 moría el ex – boxeador argentino Carlos Monzón. El mismo que llevó la bandera argentina a lo más alto en su deporte, el que había salido con Susana Giménez, por quien había abandonado a Pelusa, la madre de sus hijos, el que filmó una película de Leonardo Favio, el femicida de Alícia Muñiz, el modelo de perfumes, el macho cabrío por el cual las mujeres se volvían locas. Se moría Monzón hace 26 años. Un hombre que fue y será un enigma difícil de comprender.

¿Fue un sólo hombre Monzón o fueron muchos dentro de uno?

Esa respuesta la devela con total maestría Carlos Irusta, una persona que trabajó en la revista El Gráfico durante 38 años y que lo siguió de cerca no sólo a él,  sino al equipo que acompañaba al campeón. De Monzón se dijo mucho, ya retirado fue noticia por haber asesinado a su compañera en una casa en el barrio La Florida de la ciudad de Mar del Plata. Se hicieron documentales, se revisitó el archivo para tratar de comprender qué le había pasado en sus últimos años de vida. Hubo una serie transmitida por el canal Space que muchos vieron y otros dejaron de lado. Monzón siempre fue noticia, lo fue, tanto en la victoria deportiva como en su derrota personal.  Es un apellido que genera amores, odios, broncas y tantas otras cosas más. Pero acá en Argentina y en gran parte del mundo el apellido Monzón resuena, no pasa desapercibido. Y en el deporte es un apellido que será inmortal y en eso no hay lugar a discusión.

Carlos Monzón – La biografía definitiva es un gran libro, aunque me la banco y lo digo, no sé si es “definitiva”. En Monzón intuyo que nada es definitivo porque siempre sale a la luz algo nuevo y eso pasó con la serie lanzada por Space. Vimos a Monzón y quizá tratamos de armar ese rompecabezas que fue. De hecho Carlos Irusta participó de la serie mencionada, porque el hombre que se animó a escribir esa biografía “definitiva” contaba con una serie de datos  que estaba guardada en los archivos, había que sacarla de su largo sueño e Irusta lo hizo. Pero “definitiva” es una palabra fuerte.

Como dijo el gran Boxeador Claude Adolphe Dubois en el cuadrilátero más famoso de Papero Viejo: “Acá no se concluye nada, que siga peleando. Si lo noqueo me compro la Winco y arreglo la F-100. Si se baja del Ring que se olvide de casarse con mi hija y que vaya tramitando una nueva nacionalidad porque lo voy a perseguir por todo el país. Dale, peleá turrito, peleá”.

Carlos Monzón
El libro fue editado por Planeta. Foto: Cortesía

El libro tiene cuatro partes: la primera titulada “De Canillita a campeón”, la segunda titulada “Torbellino de pasiones”, la tercera “Trágica Madrugada” y última titulada “De cara al cielo”.  Cada una de las partes está bien relatada. Lo bueno que tiene cada segmento del libro se basa en las distintas declaraciones de cada uno de los personajes que poblaron la vida de Monzón. En este aspecto, se puede decir que hay toda una recopilación de opiniones acerca del boxeador que nos sitúan en el contexto que describe el libro. Los relatos acompañan siempre, es algo que no me voy a cansar de destacar. Los Lados B, las cosas que no llegaron a oídos de la mayor parte de la gente, aquí quedan esclarecidas. Hay una bibliografía consultada que es interesantísima, hay un recorrido por los archivos que tienen el apellido Monzón, se nota en cada uno de los párrafos que contiene la biografía, que hay un compromiso por tratar de llevar al lector/a,  quién fue Monzón en cada uno de los tramos de su vida.  Acompañan fotos al libro que enriquecen aún más la historia que se está contando.

Me detengo un rato en las fotos que hay.

Elijo una, destaco la que está con Gian Franco Pagliaro en Soñar, soñar, película realizada por Leonardo Favio en 1976. Ese es un Monzón del que muchos hablaron.

Las otras que aparecen son de su carrera deportiva, momentos del glamour y otros en los cuales también fue protagonista. El libro cuenta un total de veinte hojas dedicada a las fotografías de Monzón en varias de sus épocas, el papel no es el mismo en cuanto a su calidad. Están bien impresas con una muy buena restauración digital. El archivo fue bien elegido.

Relatado en forma cronológica la lectura es simple y llevadera, nada de cosas raras ni tecnicismos, palo y a la bolsa. Pero lo recalco nuevamente, las declaraciones de aquellos que acompañaron a Monzón juegan un papel importante, nos ayudan a tratar de entenderlo, de conocerlo, de acercarnos a lo que fue. Pelusa, la madre de sus hijos y su primera esposa, dirá:

“Yo necesitaba un hogar, necesitaba una familia, porque en todos lados sentía rechazo. Carlos no era confiable para mi mamá, porque él ya había tenido un hijo y eso no era bien mirado antes”.

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La pobreza que pasaron juntos, el barro con el cual se crió Monzón y con el que tuvo que lidiar Pelusa está relatado, tanto de la mano del escritor como de aquellos que vivieron en carne propia lo que están diciendo. Los orígenes de tierra y hambre están en el libro como así también la gloria y el champán, el retiro y su posterior ocaso. Vale la pena leer cada página no sólo por la forma en que está encarado y escrito el asunto, sino por lo que fue la vida del ex – boxeador. Toda vida es una historia, cada uno escribe su propia biografía, simplemente sucede que muchos no encuentran a su biógrafo.

Ya pasado el tiempo dentro del libro y la vida de Monzón, el ex – boxeador dirá:

“Cuando se pasan los 40 años la gente dice que uno comienza a sentirse hombre. Y eso, para mí, no corre. Yo empecé a sentirme hombre desde los 12 años, cuando salí a buscar el pan para mis hermanos y mi vieja”.

En cada tramo de la vida de Monzón aparecen las voces que supieron acompañarlo, desde aquel momento en que le peleaba al hambre en Santa Fe, hasta el último día de su vida en donde la muerte lo estaba esperando en una ruta provincial. Son las voces que están en el libro las que van armando una figura de Monzón, no creo que sea “la definitiva” pero si es una figura compuesta de relatos que hablan de él y dibujan una forma que intuyo nunca será final y absoluta.

Antes de leerlo siempre me había perseguido la misma pregunta: ¿Cómo fue el tiempo que va desde que se retira del boxeo hasta que mata a Alicia Muñiz? Esa respuesta la encontré en el libro de Irusta. De hecho, y no lo digo de alcahuete, encontré mucha data que no conocía. La sorpresa está latente porque hay un trabajo serio, es una biografía muy buena de alguien que fue complejo o por lo menos así se mostró. Supongamos que no conocemos quién fue Monzón, Irusta nos lo dibuja a través de sus oraciones.

En el libro está casi todo Monzón, puede ser que esté todo pero me niego a pensar que es una persona de la cual ya descubrimos todo. Me niego a pensarlo. Y nadie me saca de ahí.

Como reza la frase de una pared grafriteada en Lavallol: “Escupí las palabras que no tenían saliva”.

Sigamos con el libro que es un librazo. Lo dije. Levanto la bandera. Reposera linda con libro amigo. Los días ya están generando su propio brillo.

Carlos Monzón
Carlos Monzón en la cárcel. Foto: Cortesía

El libro se lee con intensidad, cada capítulo es una nueva calle en el mundo Monzón y el asfalto está bien trazado. ¿Pasa algo si no lo leemos? No sé si pasa algo, pero puede llegar a suceder que te estás perdiendo un libro muy importante de la que hemos llamado lectura deportiva. Se disfruta la lectura, está bien organizado y el archivo juega un papel fundamental. Hay una muy buena recolección de datos en cuanto a la figura de Monzón.  Es un libro no sólo para los amantes del boxeo o del deporte, es un libro que encierra en sus páginas una vida de la cual la mayor parte del tiempo escuchamos algo. Alguien siempre mencionó a Monzón, lo insultó, lo alabó. Monzón siempre estuvo y va a estar. Es como una hoja eterna que vuela en el viento, en ese viento que nos toca la piel.

Al final del libro, no me lo quiero olvidar, por eso lo escribo, hay un apéndice de Carlos Monzón, el boxeador. Ahí vamos a encontrar detalladamente año por año los récords, estadísticas, galardones y trayectoria del santafesino. Realmente un trabajo muy bien organizado. Irusta no dejó nada afuera, nada de lo que tuviese en su mano y lo pudiera escribir.

Realmente es un gran libro, me hizo saborear cada una de sus hojas, estar compenetrado en la lectura, ponerme atento a cada párrafo dejado. Lo recomiendo hoy y siempre, porque  fue una vida que marcó huella para bien o para mal a los argentinos, fue una existencia que dejó su sello, el sello Monzón. En el deporte fue uno de nuestros mayores exponentes, un tipo que podía estar de juergas semanas seguidas y que a la hora de entrenar dejaba los vicios y los placeres para estar en forma, no quería ganarle a su rival, quería vencerlo que es algo bien distinto.

Les invito a la lectura de este libro reseñado. Si lo lees y crees que yo digo pavadas y en una de esas me querés putear, te invito a que dejes un comentario. No te quedes con las ganas de insultarme, para eso están las redes. Tiempo atrás tenías que vivir con un nudo en la garganta porque querías putear a alguien y no tenías cómo. Ahora esa oportunidad llegó. Acá estoy para que me putees, pero también para que me hagas saber si te gustó lo que escribí. Guarda, por ahí te gustó pero no te animas a decirlo. Dale, comentá que estamos en todos lados. Estamos en Twitter, en Facebook, en Instagram y en  la página oficial. No me digas que no te damos todos los medios para decirnos algo porque estás mintiendo.

Y como dijo el gran Pepe Yusita en la Fiesta Uvera de Papero Viejo: “Leer una vida no es solamente leer un libro, en los párrafos corre la sangre y la memoria, el vino tomado, las intoxicaciones que no voy a decir. Una vida es lectura plena, porque todos los días la estamos escribiendo”.

Cómpralo, hazme caso. Vale la pena. Invertir en un libro y leerlo siempre es un mimo al alma. Yo sé que no te vas a arrepentir.

Fuente: Lástima a nadie, maestro / Original aquí.

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