Ramón López Velarde

CARTAS DESDE TECLA| ¡Aplausos para el señor Ramón López Velarde!

Zacatecas, 15 de junio (MaremotoM).- En Zacatecas el nombre de Ramón López Velarde y todo lo que refiere a su enorme aportación poética es tabla de salvación para quien busca bautizar desde una escuela, campos de futbol, calles, colonias y los consabidos premios literarios. El poeta nacido el 25 de junio de 1888 en el municipio de Jerez, Zacatecas, es el claro ejemplo que rompe el dicho popular de que nadie es profeta en su tierra, por aquí Ramón Modesto López Velarde Berumen Díaz Valdez Lozano Félix Aguayo Martínez Flores Llamas Morán Escobedo Chaparro sigue siendo el consentido, aunque muchos no sepan quién sea.

La figura de nuestro vate jerezano es omnipresente. Su fantasma pulula en todo el ambiente cultural zacatecano. Y seguro estoy que todos conocen o habrán escuchado alguna vez su nombre y los menos, leído sus poemas o sus crónicas periodísticas. El Instituto Zacatecano de Cultura lleva su nombre; hay, al menos, tres premios literarios que también lo ostentan y empresas y negocios que recurren a algún verso de sus poemas para identificarse.

Parece que todos los zacatecanos nos lo apropiamos, recurrimos a sus versos cuando queremos describir nuestra ciudad, nuestra provincia. Los viandantes se le sientan en los muslos a la efigie de bronce que engalana la Plaza de Armas, lo acarician, se toman selfies con él, y los niños de la primaria siguen memorizando la “Suave Patria” como parte de la materia de español. Ramón López Velarde es de nosotros…pero a pesar de lo ínclito de su nombre, la grandeza de su obra apenas en una vida efímera, hay quienes aún pecan de incautos y cometen errores risibles, garrafales, vergonzosos.

Hace apenas unas semanas, en un evento cívico en el municipio de Fresnillo, donde nació el fotoperiodista Pedro Valtierra, otro de los consentidos del estado, el maestro de ceremonias al presentar al director del Instituto Zacatecano de Cultura, creyó que éste se llamaba Ramón López Velarde, por lo que pidió un “caluroso” aplauso para él a lo que el público respondió obediente ante el desconcierto de quiénes sí lo conocían.

El error y el caluroso aplauso me hicieron recordar una anécdota que me llegó por testigos, cuando al alcalde del municipio de Jerez, sitio de nacimiento de López Velarde, se le solicitó apoyo para restaurar la casa en la que nació el poeta, a lo que Andrés Bermudez, mejor conocido como “El Rey del Tomate” por su éxito como bracero y que gobernó el municipio de 2004 a 2007, respondió que con mucho gusto, que le dijeran al señor Ramón López Velarde que fuera para hablar con él.

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Obviamente la plática entre alcalde y poeta no se pudo concretar, pero la casa donde nació Ramón si se rescató hace diez años, en junio de 2009, cuando comenzó a funcionar como museo interactivo. En días pasados pasé por ahí y tras pagar mi entrada de 20 pesos, la recorrí con mucho gusto y quizá hasta con ese apego tierno que decía José Luis Martínez que se le tenía al poeta cuando lo examinó.

Al entrar está el despacho y al pararse en sitios específicos comienzan a sonar mediante bocinas poemas leídos en voz alta por una voz que creí identificar pero debido al desconocimiento del personal del museo no logré llegar a la certeza, pero juré que es la propia voz de Juan Villoro, admirador y difusor de la obra de Velarde, quien los lee.

Luego está una sala donde se exhibe una cronología del poeta, le sigue un patio enorme donde están los baños y entran las amistades de quienes cuidan cuando van a la visita para el cotilleo jerezano. También se puede apreciar la cocina, igual con sus dos respectivos poemas, luego el comedor, una recámara y finalmente la sala. Estar ahí es adentrarse en ese universo que habitó el poeta, una vida trastocada por el movimiento revolucionario y la diferencia abismal entre la metrópoli y la provincia.

Las anécdotas mencionadas preferimos verlas por el lado poético, ese que nos dice que aunque esos señores no tengan ni una mínima idea de quien fue el poeta, el hecho de que lo traten como si estuviera vivo nos hace pensarlo así, que a pesar de que falleció a los 33 años, el jerezano es inmortal por el legado que dejó. En Zacatecas se desayuna, se come y se cena Ramón López Velarde, lo hemos hecho de nosotros y le aplaudimos todos los días aún en su equívoca presencia, porque los poetas no mueren, dicen, sólo trascienden y su espíritu continúa vagando por aquí, recibiendo aplausos cada que un incauto lo siente presente.

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