Amparo Dávila

CARTAS DESDE TECLA | El día en que Amparo Dávila me firmó un libro que no sé de dónde salió

La escritora y cuentista Amparo Dávila murió este sábado a los 92 años de edad. Oriunda de Zacatecas, Dávila nació el 21 de febrero de 1928. Durante su carrera, obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia, en 1977, la Medalla Bellas Artes, en 2015 y recientemente el III Premio Jorge Ibargüengoitia de Literatura.

Zacatecas 18 de abril (MaremotoM).- Por muy paradójico que parezca, la vida de un fotógrafo de prensa está llena de distracciones. Por ir pensando muchas veces en la siguiente foto que tenemos que tomar o el evento a cubrir, dejamos pasar detalles vitales, quizá una estampa que nos valdría un futuro premio de fotoperiodismo o  por lo menos atravesar la banqueta sin riesgo de ser embestidos.

Era 23 de mayo de 2013. Diez minutos nos separaban del mediodía al momento en que entré al lobby del hotel en cuyo sillón descansaba la gran escritora zacatecana Amparo Dávila. Soportaba los flashes de las cámaras y los abrazos de desconocidos que querían tomarse una foto con ella.

No estaba en mi agenda asistir al lugar, pero pensé que sería bueno tener un retrato de Amparo que en aquel entonces había cumplido ya 85 años.  Una foto para la memoria, una foto para el archivo, una foto para la historia.

La narradora conversaba con los asistentes que sonreían azorados cuando les platicó que aún escribía. Yo buscaba el mejor ángulo, cambiaba de lentes e intentaba no ser inoportuno con mi cercanía y la de la cámara. Coloqué un gran angular 10-20 y disparé posicionado en cuclillas. La escritora estaba sentada en un sillón color naranja y a sus espaldas, por la distorsión óptica del lente, las vigas del techo creaban un buen fondo. Decorativo.

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Al momento del retrato ella no miraba hacia mi lente, por lo que no logré la esencia del género, extraer el alma del retratado, pero no me disgustó porque en su rostro se asoma la prehistoria de una sonrisa, en su mano derecha sostiene una pequeña lupa que aún utiliza para leer y en la izquierda un ejemplar de sus poemas reunidos.

Amparo Dávila
En su mano derecha sostiene una pequeña lupa que aún utiliza para leer y en la izquierda un ejemplar de sus poemas reunidos. Foto: Alejandro Ortega Neri

Cuando me levanté después de disparar varias veces, quien la acompañaba me preguntó mi nombre. Alejandro, contesté. Y ella acercándose a la escritora le repitió mi nombre y comenzó a escribir sobre la primera página del ejemplar. El libro era para mí. No recuerdo de dónde salió por estar distraído pensando una foto más, pero me lo dieron.

Lo abrí y con letra de carta de una mano que tiembla decía: “Este libro es para Alejandro afectivamente. Amparo Dávila”.  Agradecí y me fui de lugar con mi foto y mi libro. Yo la capturé con mi cámara y ella lo hizo con su poesía. Por eso, hoy duele la partida de esta dama de la fantasía. Zacatecas le llora, pero también la lee.

Me consuela pensar que Amparo Dávila no murió, pues quien crea historias como ella trasciende la muerte. Seguramente se fue a pasear entre árboles petrificados y desde allí mira este tiempo destrozado que nos queda.

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