Escritores elegidos

CARTAS DESDE TECLA | Tres de México y dos franceses para llevar: top 5 de libros del año

Zacatecas, 16 de diciembre (MaremotoM).- Finaliza el año y con él los días de lecturas de este 2019. En la siguiente lista sólo aparecen cinco de los libros, publicados durante el año, que más me gustaron, pero no excluye a otros de años anteriores que se me fueron apareciendo a lo largo de 2019 y que de una forma u otra me impactaron, fascinaron o golpearon tan fuerte para dejarme una resaca literaria de superación complicada. Se quedan fuera por el año, pero merecen ser nombradas: No contar todo (2018) de Emiliano Monge, Metal (2018) de Samuel Segura, ¿Cuándo es ahora? (2018) Johnny Marr, Zona de Obras (2015) de Leila Guerriero, La fragilidad de los cuerpos (2012) Sergio Olguín, Salinger (2014) Davied Shields y Shane Salerno, Mr. Mercedes (2017) Stephen King, El banquete celestial (2017) de Donald Ray Pollock y Nacer, crecer, Metallica, morir (2018) de Paul Brannigan e Ian Winwood.

Teoría King Kong
Teoría King Kong, de Virginie Despentes. Foto: Cortesía

Teoría King Kong (PRH, 2019) – Virginie Despentes

Se me apareció Teoría King Kong unos días después de que Despentes me había sacudido con “Vernon Subutex”, sus novelas de un cincuentón vendedor de discos devenido en indigente, y aunque el manifiesto feminista fue publicado en 2006, hoy, en esta edición en español 13 años después no ha perdido vigencia, por el contrario, en esta ola feminista se suma con más fuerza. A un ala del feminismo no le gusta por la posición de Despentes, pero también escribe para los hombres “los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos…” Despentes habla sin tapujos de la violación, de la cual fue víctima, de la prostitución de la cual fue trabajadora, del porno, del cual fue reseñista, y de todas las convencionalidades que exigen la feminidad y la masculinidad, las cuales, dice, son una puta broma. La chica mala de las letras francesas vuelve diseccionar a la sociedad contemporánea y su hipocresía y levanta la voz dura y rasposa como la punk que es. Lectura obligada para estos tiempos en los que el feminismo debe entenderse como una aventura colectiva.anto

Olinka, de Antonio Ortuño.
Editada por Seix Barral. Foto: Cortesía

Olinka (Seix Barral, 2019) – Antonio Ortuño

Olinka (Seix Barrial, 2019) de Antonio Ortuño viene a confirmar lo que se ha dicho en los últimos años: Ortuño es un cabrón, uno de los mejores escritores de su generación. Comencé Olinka durante la FIL de Guadalajara, lugar inmejorable porque es la ciudad donde se desarrolla la novela, y al recorrerla y ver sus torres departamentales, construcciones por doquier y grúas, no podía hacer otra cosa que pensar en el desdichado de Aurelio Blanco, personaje principal de la novela muy al estilo de los que le interesan a Ortuño, gris, pusilánime, en busca de redención, que tuvo que pasarse 15 años en la cárcel para encubrir a su suegro Carlos Flores cuya constructora aparece entre los negocios que lavan dinero para el crimen organizado. La mirada de Ortuño es certera y filosa. Sin dejar de lado su humor ibargüengoiteano extrae literatura del más alto calibre de un tema que pudiera pasar inadvertido pero que sin embargo es uno de los tantos tentáculos del crimen y la corrupción en México como es la industria de la construcción, la creación de fraccionamientos y la gentrificación. Ortuño lo ha hecho nuevamente, escribió un gran libro.

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Carlos Velázquez
Aprende a amar el plástico, de Carlos Velázquez. Foto: Cortesía

Aprende a amar el plástico (Cal y Arena, 2019) – Carlos Velázquez

Las crónicas que conforman el libro son honestas, brutales, directas. La narrativa de Velázquez se ha convertido en el pulmón necesario para respirar en el ambiente de la patética corrección política. Sexo, drogas, pleitos y rock son el común denominador de este libro del lagunero que ha heredado el buen Gonzo; sus crónicas son tragedias convertidas en comedias en las que a pesar de tanto madrazo, Velázquez sale avante. Mis favoritas “Darks de boutique”, “Diarrea y asco en el Vive Latino”, “Conectar en Tepito” y “Norteños VS. hooligans” aunque ninguna tiene desperdicio.

Michel Houellebecq
Michel Houellebecq. Foto: Cortesía

Serotonina (Anagrama, 2019) – Michel Houellebecq

Serotonina es una oda literaria al desencanto y la depresión, además de que confirma a Houellebecq como uno de los críticos más agudos de la sociedad occidental y su decadencia. Florent-Claude Labrouste, el personaje cuarentón que toma antidepresivos, es uno de esos antihéroes que pueden pasar a la historia de la literatura casi como un Bartleby, Goncharov o un Sutree. Entre la filosofía de los cínicos y la de Epicuro, transita viendo cómo su mundo pierde importancia, sin mujeres, sexo y felicidad va conduciendo su autodestrucción mientras la píldoras de Captorix, el antidepresivo que le libera serotonina, también van menguando. Literatura con mayúsculas, depresión, sexo y humor negro desfilan por esta nueva entrega del francés más incómodo del momento.

Retrato de mi madre con perros
Una novela distópica y con madre. Foto: Cortesía

Retrato de mi madre con perros (Seix Barral, 2019) – Daniel Rodríguez Barrón

La novelita es una distopía a la mexicana no muy alejada de la realidad y que por eso mismo mantiene al lector intranquilo. Los cuerpos se acumulan en la calle, una peste está terminando con el mundo como lo conocemos y sobrevive aquel que publica continuamente en las redes y que no incurra en faltas, pues los drones que vigilan la ciudad de México darán cuenta a la Gran Inteligencia que todo lo ve y que prohíbe salir de la ciudad y hablar de los muertos. En ese ambiente apocalíptico se mueve Jacobo, un hombre atormentado por el fantasma de su madre que busca al asesino de ella para vengar su muerte llevándolo a las zonas más oscuras de la psique y el comportamiento humano, todo esto mientras el presidente del país mediante un holograma omnipresente ofrece conferencias cotidianas en las que le repite al pueblo que deben ser buenos y felices. ¿Les suena conocido? La novela se lee de corrido por su ritmo frenético, pero eso no la excluye de la profundidad de sus planteamientos y desafíos intelectuales, sobre todo porque continuamente nos hace preguntarnos quién nos espía y qué rostros se esconden tras la pantalla de los celulares, todo esto mientras el “Yo” de cada uno se va fragmentando.

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