Cartas desde Tecla | Zacatecas, una ciudad invisible

Zacatecas, 17 de abril (MaremotoM).-“Cada vez que estás cerquita de mí/ se ilumina todo aquí. Cada vez es más lo que quiero decir/ pero callo al verte así” Dice la primera estrofa de “Corazonada”, una de las rolitas de Los Románticos de Zacatecas que bien pueden ser la entrada de cualquier canción fácil, sin embargo el video es lo que llega hasta el alma, pues está filmado en la ciudad que me vio nacer, y a ellos también.

El videoclip presenta la historia de un idilio de amor entre dos jóvenes en una tarde cualquiera en Zacatecas, una tarde como la que tuvimos muchos en nuestra adolescencia, un día en que nos fugamos de la escuela; de vagancia, de travesura, de amor loco. Los jóvenes se pasean en un camioneta por el centro de la ciudad, luego por el periférico hasta que les cae noche y la majestuosidad de la cantera iluminada se hace presente ahí, frente a la cámara, mientras ellos se deshacen en caricias y besos y lo inmortalizan en selfies.

“Tener nostalgia es de las pocas cosas que todavía se encuentran a mi alcance” decía Enrique Tenorio, el personaje manco de la novela Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas y que suscribo. Y es que cada que veo el video lo que produce es eso, nostalgia pura, pura nostalgia. De las calles que cuando chavito caminé, del cielo azul y cruel que vi con otros ojos, del rosado de la cantera que dibujé, del olor a aguamiel y de la comida preparada por mamá. El vídeo de Los Románticos apachurra el corazón y despliega la memoria.

En días pasados, en el Tianguis Turístico Acapulco 2019, Zacatecas fue premiada como la ciudad colonial más bonita de México y su catedral barroca como la iglesia favorita, de acuerdo a los lectores de una consagrada revista de la materia. No hacía falta que nos lo dijeran, quienes aquí nacimos así la consideramos y la presumimos a donde quiera que vamos.

Sé que tal catapultazo traerá más –sí, aún más- turistas a la ciudad, que si me leen en estos momentos, quiero advertirles que siempre está en constante reparación, una sempiterna zona de obras con las entrañas de fuera pero que no deja de ser bella aunque quizá lo traicionero de su suelo les machaque un tobillo.

En los últimos meses, dos de sus arterias fueron nuevamente abiertas y “remodeladas” antes de que iniciara la temporada vacacional. Pero si echamos a andar la memoria, no recuero un ciclo de los últimos años en que la ciudad no esté con sus entrañas al aire libre y cada administración, municipal o estatal que inicia, sabemos que un escarbadero vendrá.

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La ciudad tiene tantas cirugías como una diva del cine que se niega a envejecer. Y sí la arquitectura y la obra pública son el testigo de cómo transcurre la vida en un pueblo, como aseguran los arquitectos, triste alegoría, pues en Zacatecas sus casas se caen a pedazos o siempre está en constante construcción, sumiéndonos en un presentismo que mata.

Para contrarrestar los sinsabores he preferido ver, de manera romántica y literaria, a Zacatecas y su (de) construcción como una de las Ciudades Invisibles que describió a Kublai Khan el viajero Marco Polo en el genial librito que Italo Calvino publicó en 1972, en el que decía que “las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y temores, aunque el hilo de su discurrir sea secreto, sus normas absurdas, sus perspectivas engañosas, y cada cosa esconda otra”, parece que habla de Zacatecas.

De entre las descripciones hice una depuración para ver cuál ciudad invisible es Zacatecas. Marco Polo describe una llamada Zora, de la que asegura que quien la ha visto no puede olvidarla jamás, pues Zora “tiene la propiedad de permanecer en la memoria punto por punto, en la sucesión de sus calles, y de las puertas y ventanas de las casas…” Posiblemente, porque además de ser memorables comparten la Z de su nombre.

Pero su belleza ya me la conozco, y sé que quien la visita jamás la olvida. Pero para mí, de entre todas las invisibles se parece más a Tecla, esa ciudad, a decir de Marco Polo, que poco se ve “detrás de las empalizadas de tablas, los abrigos de arpillera, los andamios, las armazones metálicas, los puentes de madera colgados de cables sostenidos por caballeros, las escaleras de apoyo, los esqueletos de alambre”, pero que a la pregunta de ¿por qué es tan larga su construcción? La respuesta es fácil: porque es tan bella que no se quiere terminar para que no empiece su destrucción. Así pues, aprovecho la ocasión para presentarles este espacio al que he titulado “Cartas desde Tecla”, en el que hablaré de Zacatecas y de todas las historias que esconden sus rincones de cantera. Bienvenidos.

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