Diego Olavarría

Centroamérica es una región que sorprendentemente respira y vive una frecuencia similar a México: Diego Olavarría

“La mirada de la literatura mexicana tanto viajera como novelística, siempre ha estado dirigida hacia el Norte. Hemos ignorado lo que ha sucedido en el sur y la literatura mexicana del siglo XX tiene un corte muy urbano, nunca sucedían en Oaxaca o en lugares muy rurales. En el caso de Centroamérica hay un nuevo interés, desde Emiliano Monge a Balam Rodrigo y lo estamos viendo, definitivamente”, agrega.

Ciudad de México, 29 de junio (MaremotoM).- Honduras o el canto del gallo (Turner) me dio la misma sensación de cuando leí Fiesta en la madriguera (Anagrama), de Juan Pablo Villalobos. Un niño que narra el horror de los migrantes, del narcotráfico, de la violencia.

Diego Olavarría, nacido en México, en 1980, explica que su libro (que ha causado una gran aceptación en la literatura) trae también tres planos narrativos, más allá de la voz del infante.

Por un lado, el trópico como Edén. Segundo, la crónica de viaje que ya adulto hace el narrador, alter ego del autor, a esos territorios, azotados por la violencia, la pobreza y el abandono. Tristes trópicos. Y tercero, el incisivo análisis histórico, político y social que explica en profundidad las razones de la devastación de un país, entregado al narco, la codicia empresarial y el autoritarismo del poder. El trópico como fracaso civilizatorio.

Diego Olavarría
Honduras o el canto del gallo, editado por Turner. Foto: Cortesía

Es importante volver como volvíamos en los 60 a Centroamérica, porque es la raíz de los graves conflictos que asuelan a Latinoamérica. En ese sentido, si bien tiene sus grandes obras el mirar hacia el norte del país, es precisamente el sur como destino posible, lo que comprueba nuestro fracaso. Y este libro lo marca. Volvemos también a sentir el asesinato de Roque Dalton, la desilusión y a veces la desorientación en un mundo cada vez más complejo.

“He leído Fiesta en la madriguera, pero esa novela es decididamente de ficción y el mío está anclado en la realidad y en ese sentido comparte la voz infantil, pero al mismo tiempo se diferencia. Un libro es un texto que está vivo y que está sujeto a las interpretaciones diversas. El lector lo puede leer como una novela y eso me parece fascinante”, dice Diego Olavarría en entrevista.

“Lo que quería hacer es borrar las fronteras del ensayo y de la crónica y por qué no entrar en un terreno novelístico o de poesía”, agrega.

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El libro marca la gran responsabilidad de los Estados Unidos, sobre todo en la historia de Honduras, donde ha tenido “un lugar preponderante”.

“Las empresas de frutas marcaron una forma de hacer capitalismo en Centroamérica, muy feudal, muy violenta y en los ’90 vino una horda de pandilleros desde Estados Unidos a Honduras. No es que tenga algo en contra de los Estados Unidos, simplemente al ser un país tan poderoso, nos está afectando todo el tiempo. Si Honduras manda a migrantes allí, los para en seco en la frontera, a pesar de la ley. Si manda Estados Unidos criminales a Centroamérica, Honduras no puede hacer nada. Está ese desequilibrio de poder constante es tremendo”, afirma.

“La situación que vive Centroamérica y Latinoamérica en general en el último siglo es muy complicada y se complica cada día mucho más. Si miramos hacia Asia vemos que hay países que les ha ido mucho mejor, la China, la India, son países en ascenso. Nuestros países están en la media tabla”, agrega.

Diego Olavarría
Su obra de crónica, entre la autobiografía y la exploración de las realidades sociales, Honduras o el canto del gallo fue galardonada con el Premio Bellas Artes de Crónica Literaria Carlos Montemayor 2020. Foto: Cortesía

En Asia la cultura propia ha triunfado, en Latinoamérica el triunfo cultural es Estados Unidos. “En América Latina tal vez por ser sociedades más jóvenes no tienen una identidad tan profunda, como otros países de Europa o de Asia. Llegué a Honduras por un vínculo personal que tenía que ver con una historia de vida y volví de adulto para responder preguntas personales y de memoria, pero una de las cosas que me llaman de Centroamérica es la similitud cultural que hay con México. Centroamérica es una región que sorprendentemente respira y vive una frecuencia similar a México, no solo habla la misma lengua, sino que tiene la misma educación sentimental, el cine, la televisión, se come parecido, se vive con las mismas preocupaciones”, afirma.

“La mirada de la literatura mexicana tanto viajera como novelística, siempre ha estado dirigida hacia el Norte. Hemos ignorado lo que ha sucedido en el sur y la literatura mexicana del siglo XX tiene un corte muy urbano, nunca sucedían en Oaxaca o en lugares muy rurales. En el caso de Centroamérica hay un nuevo interés, desde Emiliano Monge a Balam Rodrigo y lo estamos viendo, definitivamente”, agrega.

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