III BIENAL DE NOVELA | Charla sobre las fronteras se convierte en un discurso del machismo sobre el feminismo

Nicolás Melini, un escritor español, lanzó una furibunda crítica sobre el feminismo en la charla que moderó acerca de las fronteras invisibles, con Mónica Lavín, David Toscana y Rodrigo Blanco, en la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, en Guadalajara.

Guadalajara, Jalisco, 29 de mayo (MaremotoM).- El español Nicolás Melini tiene 50 años. No lo conocíamos aquí, al parecer es escritor y cineasta y ha dirigido sin mucho éxito y con argumentos muy rebuscados la mesa “Las fronteras invisibles de nuestras literaturas”.

Estuvieron Mónica Lavín, David Toscana y Rodrigo Blanco, tres escritores que hacían lo impropio para mantenerse erguidos ante las barbaridades que decía Melini, entre ellas, casi al final de la charla, hablar sobre “la frontera” del feminismo.

“Cuando una futbolista decide ganar igual que su colega varón está afectando al capitalismo, pone a la mujer por sobre el valor económico. El feminismo se está convirtiendo en capitalismo”, dijo Melini, cuando ya me iba de su conversación, mientras Mónica Lavín trataba de contestar que “la literatura borra las diferencias entre hombres y mujeres”.

No sé qué pasó después. ¿Debería haberme quedado hasta el final? En estas cosas la sociedad es recontramachista, no importa si es la Bienal Mario Vargas Llosa o un cumpleaños de 15 cuando son ellas las que se emperifollan para que ellos las saquen a bailar. Hablar del feminismo como una religión, hablar del feminismo como algo que me saca a mí de la jugada (cuando yo soy un escritor español que nadie me conoce pero debería ser conocido y recontraconocido como el mismísimo señor Mario Vargas Llosa), hablar del feminismo como una corriente de pensamiento que se iguala al cristianismo es también evidenciar un machismo a ultranza, desde donde yo digo lo que pienso, total no hay personas -¿qué decir?: ni mujeres hay- que me discutan en forma cabal.

Los estudiantes fueron a la Bienal Mario Vargas Llosa. Foto: Bernardo De Niz

Por educación o por no querer meterse de lleno en temas “jodidos”, Nicolás Melini armó una batalla contra el feminismo en una Bienal acusada de machista, donde hoy, efectivamente, faltaron mujeres que defendieran su posición.

El feminismo y el machismo es un tema que se habla de él cuando hay posiciones que puedan defenderse, cuando no es patriarcado, es plantarse solo como un vociferador o como un hombre capaz de ganar una batalla, frente a una guerra feroz donde ayer, precisamente, el Congreso reinició en Argentina el debate para legalizar el aborto.

El feminismo no es una frontera, como dijo Nicolás Melini, es una puerta abierta a hacer un mundo mejor, más justo, más humanos y tal vez, eso sí, “menos capitalista”.

¿CÓMO ES LA FRONTERA PARA LOS OTROS ESCRITORES?

Para Mónica Lavín, que fuera candidata a este premio con su novela Cuando te hablen de amor, la frontera es geográfica y para ella los libros “viajaban sobre el agua”, hablando precisamente de esos materiales que mandaban de España a México, cuando también llegaban las cartas de su abuela a su abuelo, “previamente registradas, porque la censura durante la dictadura de Francisco Franco era una frontera y siempre había una transgresión, la escritura”, dijo.

Se refirió también a la frontera con los Estados Unidos, de la que guarda una muñeca que su padre le trajo desde allá, “lo primero que tuve desde aquella frontera, del otro lado”.

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Inauguración de la III Bienal de literatura Mario Vargas Llosa, Guadalajara, Jalisco, México a 27 de Mayo del 2019. ( © Susana Rodríguez)

“Después entendí que esa frontera la podría franquear con cartas. Estamos hablando de pre-Internet, pre-globalización y yo mandé mi carta a una revista y recibí 70 cartas de niñas. Establecimos una amistad que franqueaba y borraba la frontera con los Estados Unidos”, expresó en el primer día de actividades de la III Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, quien asistió a esta conversación, sentado en primera fila, junto a Gonzalo Celorio, Blas Vargas Llosa (su hijo y participante también de estas mesas), Mayra González Olvera (editora de Alfaguara), Rosa Beltrán y la directora de la Feria Internacional del Libro, Marisol Schulz, quien agradeció a todos los asistentes, pero en particular a los muchos estudiantes de diferentes partes de la República, entre otros.

LA LITERATURA NO TIENE FRONTERAS

“Ser escritor es sentir esto fascinante de no tener fronteras”, dijo David Toscana.

“Cuando en México nos hablan de fronteras se nos viene a la mente estos 3000 kilómetros que compartimos con los Estados Unidos. La palabra frontera era un sustantivo que se convirtió en adjetivo: se hablaba de la línea frontera”, dijo el autor de la premiada Olegaroy.

“El pueblo de Nogales tenía la calle Internacional, de un lado era mexicano y del otro estadounidense. Por supuesto que no hacía falta ni visa ni pasaporte ni jurar que no quería matar al presidente gringo para pasar al otro lado. Poco a poco se empiezan a generar las diferencias económicas, políticas, que mucha gente piensa en hacer visibles las fronteras y hasta cierto punto impenetrables o penetrables después de una investigación sobre la documentación”, agregó.

Mucha gente en las conversaciones. Guadalajara, Jalisco, México a 27 de Mayo del 2019. ( © Susana Rodríguez)

“Como creadores pensamos en la novela, compuesta de palabras y las palabras no tienen una frontera humana. Es imposible que una novela sea lo que es y sin embargo: es. Por uno de estos milagros y por eso creo que la palabra es fascinante es porque no hay fronteras en la literatura”, remarcó.

OBLIGADO A REFLEXIONAR SOBRE LA FRONTERA Y LA MIGRACIÓN

Rodrigo Blanco es venezolano. Candidato final -junto a otros cuatro escritores- de la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa, con su novela The Night, que aspira al premio dotado con 100.000 dólares.

“Por las circunstancias de mi vida me he visto obligado a reflexionar sobre las palabras que antes no tenían presencia como venezolano. He pensado en la frontera, en la migración, en el desarraigo, en la adaptación. Venezuela, en su etapa democrática, fue un país que se caracterizó por ser un país receptor de inmigrantes y se enriqueció totalmente con oleadas de inmigrantes”, dijo.

“En los últimos años se ha generado un proceso de migración inédito para nosotros y hemos tenido que replantear como si fuéramos un solo ser nuestra propia identidad. Nos hemos obligado a tener que salir de nuestras fronteras territoriales y de nuestras fronteras mentales para experimentar el mundo de una manera que como colectivo no lo habíamos experimentado”.

“La frontera se termina cargando de una connotación negativa, pero yo pienso que no debe de tener esa connotación negativa. Creo en aquello que decía Chesterton: Las fronteras unen”, expresó.

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