Los Punsetes

¿Coldplay? ¡Nah! Los Punsetes

Los Punsetes tenían programado venir a México en el 2020, para presentar su nuevo disco, Aniquilación, pero se pospuso por la maldita pandemia. Una razón más para tomar el riesgo y estar ahí, escuchando, en vivo, sus canciones a principios de abril. Aquí una opinión de mierda sobre ellos.

Ciudad de México, 2 de mayo (MaremotoM).- La otra noche tuve la suerte de conocer a la agrupación española Los Punsetes. Pude acreditarme de última hora para asistir a su presentación del 1 de abril, sucedida en el C3 Stage, un espacio que tiene varios foros para conciertos, el cual está muy cerca de la muy concurrida avenida Chapultepec, acá en Guadalajara.

Sus rolas pospunk-pop son como patadas dadas en el trasero con un tenis sucio y viejo, que al principio dan risa pero al final duelen. Éstas son cantadas por una mujer que en el escenario sólo mira hacia en frente y a veces pestañea, aunque da la impresión que quiere reventar a tope con la gente que baila con sus canciones (tal como la vemos saltar en el video de la melodía “Opinión de mierda”, unos segundos), pero ella se sostiene, tenaz, en su insensible e inexpresivo personaje. Vaya eso no es nuevo, lo viene haciendo desde hace casi 20 años, ella ya ha contado, que le han dado de besos e incluso aventado monedas, para luego gritarle, como si fuera mimo: «Ahora… ¡Baila!».

Aquí Ariadna Paniagua sí baila, unos segundos, al menos.

Su inmovilidad en el concierto, me recordó a la artista serbia Marina Abramovic, aquella mujer que estuvo durante seis horas, frente al público, sin moverse, para el performance «Rhythm O» realizado en 1974, en la galería Studio Morra de Nápoles, en Italia. «Soy un objeto. Me hago responsable de todo lo que pueda suceder en este espacio de tiempo. Seis horas. De 20 a 2hs», les dijo la artista de 28 años de edad en esa ocasión, en la que vivió y sufrió de todo durante ese experimento. Los asistentes iniciaron usando, sobre el cuerpo de Abramovic, flores, plumas, perfume, vino, pan, uvas, entre otros «objetos de placer», como ella misma los definió; luego, con un poco más de confianza y tiempo, viendo que la artista no oponía resistencia, pasaron a tomar los «objetos de destrucción», como cuchillos, tijeras, barras de hierro, hojas de afeitar y hasta una pistola cargada que se la pusieron en la mano apuntando hacia su cuerpo.

Fueron 72 objetos los que estuvieron puestos en una mesa, para ser utilizados a como les diera en gana a los ahí presentes. Cuenta Abramovic que hasta canas le salieron después de ese infame pero artístico momento. («El perturbador experimento de una artista que llevó al público a mostrar su peor cara»; Infobae, Claudia Peiró).

 

A diferencia de Marina Abramovic, aquí la artista protagonista en el concierto, sí esparcía, al menos, sus gotículas de saliva al público, lo normal cuando alguien canta, así que seguro éstas caían en las lindas caritas de la pequeña y extravagante burguesía que se deleitaba con cada una de sus canciones de cierta ferocidad domesticada.

En esta ocasión ella parece, esa impresión me da, ser una muñeca de porcelana con ropajes de campesina europea, pero montada en unas botas brillantes con pesadas plataformas que rompían con cierta postura ñoña, coasimonjil, de un recato iluminado pero ridículo.

Ella estaba rodeada de cuatro músicos hombres que portaban ropas convencionales, ellos eran Jorge García, en la guitarra, Chema González, en la batería, Manuel Sánchez, mejor conocido como Anntona, en la guitarra, y Luis, así, a secas, en el bajo, cabe aclarar que todos son exenials, es decir, forman parte de esa microgeneración que nacimos a finales de los años setenta e inicios de los ochenta del siglo pasado y que tuvimos una infancia analógica y una vida adulta digital, lo cual se nota claramente en Los Punsetes. Lo han dicho más de una vez, que todos nacieron en 1978, menos uno (y un servidor, quien escribe esto, también nació en 1978, así que la conexión con esta banda es mucho más profunda aún). Se entiende pues, porque la estrella más brillante en la banda es Ariadna, Ariadna Paniagua.

Leo además que a Los Punsetes les gustan Los Ramones. Explica Ariadna al respecto: “Me marcó de este grupo la inmediatez y la eficacia de sus canciones, la voz de Joey, sus canciones me ponen de buen humor y duran muy poco”, advierte. Luego profundiza: “Siempre me quedo con ganas de más, creo que esto es bueno. Me gusta que en sus directos te sueltan todo del tirón. Tocar con las piernas abiertas y en plan “me da igual todo”, ese pelo de primera comunión y camiseta cuatro tallas menor, con la chupa, me han ganado desde el primer día”.

A diferencia de lo vivido por Marina Abramovic, de que su público huyera cuando ella comenzó a moverse después de seis horas paralizada, Ariadna Paniagua al bajar del escenario se nota relajada y expresiva con sus seguidores, que ya la esperaban ansiosos para hacerse una selfie. Yo intenté hacer lo mismo, sobre todo para poder conversar de manera espontánea un par de minutos con ella, pero fue imposible, sus fanáticos no la soltarlon un minuto a ninguno del grupo.

A propósito de Abramovic que fue maltratada y acariciada por la gente, en ese performance de los años setenta, recordé la melodía «Seres humanos» de Los Punsetes, que dice: «Así son los seres humanos/ Materia blanda, materia blanda/ Ya sabes, todos son iguales/ Huesos y grasa y un 70% de agua/ Y manos que construyen cosas/ Y manos que también destruyen/ Y una boca que dibuja palabras/ Y un cerebro en el que nacen ideas extrañas/ Extrañas ideas como el amor».

Luego de mirar parte del concierto, ahí, desde una esquina de la amplia terraza, como intentando mantener la sana distancia, me puse el cubrebocas y me dispuse a atravesar la muchedumbre y estar frente al escenario para hacer unas fotos. Y es que Los Punsetes tenían programado venir a México en el 2020, para presentar su nuevo disco, «Aniquilación», pero se pospuso por la maldita pandemia. Una razón más para tomar el riesgo y estar ahí, escuchando, en vivo, sus canciones y sus opiniones de mierda.

Observo entonces al grupo desde la lente de una cámara, pero sobre todo miro detenidamente a la cantante, es tal vez mi heterosexualidad la que hizo que me concentrara más en ella que en el resto del grupo, que son hombres convencionales además, o tal vez es mi curiosidad por encontrar el botón que pudiera desactivar esa posición vencida de la cantante, que me tenía un tanto intrigado, pues es cierto, es fascinante su expresión contenida y encorvada, más en tiempos de un feminismo rabioso y explosivo. Entiendo que Ariadna es virulenta e incendiaria en sus letras, que es puntillosa, graciosa y sin barroquismos, cada palabra es un dardo sin abanderar ninguna causa sino más bien criticar cualquier tipo de dogma, me hizo recordar la última línea del soneto de Sor Juana Este que ves, que me aprendí en la secundaria, en la clase de Moral: «es cadáver, es polvo, es muerte, [es pop], es nada». Recordé de nuevo a Abramovic, cuando los fotógrafos la rodeaban, como esperando que la artista en algún momento dijera que esto es una broma y vamos a destruir el mundo. Un coitos interruptus maravilloso.

Luego de mirar parte del concierto, ahí, desde una esquina de la amplia terraza, como intentando mantener la sana distancia, me puse el cubrebocas y me dispuse a atravesar la muchedumbre y estar frente al escenario para hacer unas fotos. Y es que Los Punsetes tenían programado venir a México en el 2020, para presentar su nuevo disco, «Aniquilación», pero se pospuso por la maldita pandemia. Una razón más para tomar el riesgo y estar ahí, escuchando, en vivo, sus canciones y sus opiniones de mierda.

Así que registro el rostro de Ariadna cubierto por un gorro horroroso, voy con la lente a sus dedos con anillos, luego miro sus uñas pintadas de colores, al final sus botas brillantes. Por cierto, todo su vestuario es creación suya, pues además de cantar, Ariadna, se dedica al diseño de modas con su marca Suparimpei Lolita. Nunca repite ropaje en sus presentaciones, y como ya sabemos, en la pandemia cerraron los foros para tocar, tiene varios que realizó durante la cuarentena y que no ha estrenado (no incluyo fotos aquí porque la cámara no era mía, e historias a parte, su dueña, que fungía como fotógrafa, después de ese concierto me bloqueó del whats y adiós a mis hermosos encuadres, o sea una ridícula canción de Los Punsetes podría ser todo esto, «¿y tu celular?», «Pos retacado de fotos, ¡carajos, qué mala suerte!»).

Los Punsetes, nombre que llevan en homenaje a ese hombre que le interesó  la neurociencia, la felicidad y el amor, su compatriota Eduard Punset, quien ya murió, y quien dijo que: «ninguna de tus neuronas sabe quién eres… ni le importa» y que «las células encargadas del pensamiento no tienen conciencia de sí mismas», arman sus tocadas sin grandes afanes, hacen lo que deben hacer y se retiran, si el público aplaude pues se joden, es lo que es y no hay más. Es pues como el tema de las neuronas de Punset, repito, que ninguna de ellas sabe quién eres, y además ni le importa.

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Como pocos estos cuatro exenials —y un millenial—, que tocaban en ese lugar con nombre de examen de sangre, que mide la actividad de una proteína, son fieles representantes perfectos de estos tiempos. Con sus canciones honestas y directas pudimos celebrar el anuncio de los noticiarios del «¡adiós a los cubrebocas!», aunque ni los mismas personas del sector salud saben dónde estamos parados en estos momentos. «Es incierta y no sorprende que nuestros pacientes no sepan cómo comportarse en este periodo transicional si los mismos profesionales de la salud estamos confundidos», señala la infectóloga Armelle Pérez-Cortés Villalobos en una nota que leo antes del concierto, luego explica que: «Durante dos años en forma obsesiva veíamos en las noticias cómo aumentaban los casos de la enfermedad en los diferentes países, posteriormente dábamos seguimiento a los avances y retrasos en la vacunación alrededor del mundo; estas noticias han terminado, lo que vemos ahora en los medios de comunicación es confuso: por un lado, guerra en diferentes regiones, en las que claramente la pandemia está muy lejos de ser una prioridad y por otro lado vemos cómo la gran mayoría de los eventos masivos políticos y de entretenimiento se ha reanudado, imágenes de grandes grupos de personas incluso ya sin mascarillas y sin ningún recordatorio de cómo fue nuestra vida en el año 2020».

¡Al carajo el cubrebocas!

Para mí es el primer concierto al que asisto después de dos años de pandemia, vaya que he ido a fiestas y a velorios que parecen fiestas, como el del escritor contracultural Carlos Martínez Rentería sucedido el 7 de febrero, me he metido a la sala de cine y he viajado a otras ciudades por cubrir festivales cinematográficos y presentaciones de libros, ¿pero conciertos…? ¿El de la cantante Jaramar a inicios de marzo? Eso fue un recital muy formal, todos estuvieron muy bien portados, yo confieso que hasta me quedé, con un cubrebocas puesto, un par de minutos relajado escuchando las melodías sefarditas de esa ya veterana artista, adoptada por Guadalajara, coincidentemente, el año en que los integrantes de Los Punsetes y también éste quien escribe, llegamos al mundo, en 1978.

Pues qué rápido volvimos a tragar mierda de los otros y los otros de la nuestra, qué hermoso que otra vez nos escupamos en la cara millones de gotículas de saliva de gente extraña y conocida sin el riesgo de enfermarse. Volverá la gripe maldita pronto, una y otra vez. Ojalá que no, pero mientras qué belleza escuchar opiniones de mierda en vivo y sin cubrebocas.

Ariadna canta en una canción, escrita aparentemente durante la pandemia, pues se estrenó en 2021, llamada «Todo el mundo quiere hacerte daño». La melodía entona lo siguiente y es maravillosa. «Te la están colando con el 5G/ viene un chip disuelto en las vacunas», además «el mundo no es como tú lo ves» y por si fuera poco «El hombre nunca ha puesto un pie en la luna», que «a ver si te das cuenta de una vez, y sales a investigar por Internet», porque «el poder se sirve del engaño» y es que «todo el mundo quiere hacerte daño», o pregúntenle al antivacunas Miguel Bosé. Es, insisto, una canción de nuestros tiempos, que nos expresa sin filtros, cómo la humanidad de pronto se hizo vieja más temprano, y no por vieja más sabia, sino parece que todo lo contrario, la decrepitud temprana y tosigosa.

Pero hay otra rola mucho más adecuada para este 2022, y que también pudimos escuchar aquella noche, se llama: «Viva», aunque ésta es prepandémica, parece más pospandémica en tiempos de invasión a Ucrania por parte del oso Putín. Ésta dice: «Viva la tristeza, viva el dolor/ viva lo que siento cuando estamos los dos/ viva la ansiedad y viva el miedo/ viva lo que siento cada vez que te veo/ viva el terrorismo, viva la guerra/ viva tener todo y echarlo por tierra/ viva el presidente, viva el gobierno/ gracias a vosotros van a ser eternos». Y el estribillo con entusiasmo resume: «Viva, viva, viva/ lo poco que nos queda/ sálvese quien pueda/ y a la mierda con esta mierda».

Y como si esta canción del 2017, supiera de lo que vivimos en en esta «nueva normalidad» en el 2022, se enuncia que: «Viva la injusticia que arrasa este mundo/ viva lo que siento cuando estamos juntos/ viva la violencia, viva la ira / viva tu mirada llena de mentiras/ viva la oficina, viva el trabajo/ de solo pensarlo, me vengo a bajo/ viva la miseria, viva la muerte/ viva cada hora que paso sin verte».

«Quiero morir en la discoteca lleno de maricas»

Fue paradójico ver a la gente moverse con otra rola de Los Punsetes, en este «regreso» a los eventos multitudinarios después del encierro por dos años. «Quiero morir en una discoteca llena de maricas/ Quiero morir bebiendo vino a morro de una barrica/ Quiero morir en el preciso instante en que lo diga una chica/ Quiero una muerte tonta de esas que nadie se explica/ Y pasaría a formar parte de un ingente colectivo/ Gente que ya no trabaja en laborables ni en festivos/ Y olvidaría las cosas que me han hecho daño/ Gente que no se controla y se comporta de un modo extraño/ Quiero morir en las garras de un ser omnipotente/ Quiero morir con los brazos abiertos de cuerpo presente/ Quiero morir en una conferencia frente a un ponente/ Quiero cantar canciones guarras en brazos de la muerte/ Se supone que la vida no es tan estridente/ Mamá está equivocada y los libros mienten».

Los Punsetes
¡Vivan Los Punsetes!

Con esa canción Los Punsetes terminaron su concierto, después de hora y media de tocar, abandonaron sus instrumentos que se distorcionaban y que se fueron mezclando con la música que pusieron los del recinto. Parece que esto ha vuelto a la normalidad, eso no está mal, aunque todo esté hecho una mierda. Nada está mejor, pero podemos reír un poco de nuestra mediocridad humana y sin cubrebocas. ¿Cómo será el siguiente disco de Los Punsetes si todo lo que cantan pareciera estar escrito durante una pandemia?

La canción que no recuerdo haber escuchado en el concierto fue la de «Shiseido», que aquí dejo como palabras casi finales, de este momento de senectud prematura para nosotros los «jóvenes» inmersos en un covidario. «Qué tipo de viejo vas a ser/ Qué final vas a tener/ Vas a dar asco/ Vas a dar risa/ Vas a ir al campo/ Vas a ir a misa/ Vas a portarte como un payaso/ Para intentar que te hagan caso,/ ¿o no?/ Elige el viejo que quieres ser de mayor/ Porque esa será tu única elección (…)/ Tú sabes que hay un viejo en tu interior/ Luchando por hacеrse con el control/ Tú erеs muy chungo y él/ No va a ser mejor/ Tú eres mala persona/ Y él va a ser todavía más cabrón/ Y él va a ser todavía más cabrón./ Más cabrón/ Más cabrón».

¿Coldplay? ¡Nah! Los Punsetes

 

A finales de marzo vino a México la banda de canciones alegres llamada Coldplay, ofrecieron conciertos igual que Los Punsetes en Monterrey, luego en Guadalajara y en la Ciudad de México. En su paso por la capital del estado de Jalisco, sorprendió a muchos escuchar a Chris Martin cantar «Rayando el sol» junto a Fher de Maná. El Estadio Akron, estalló en euforia esa noche del 29 de marzo. «¡Rayando el sol/ desesperación/ es más fácil llegar al sol que a tu corazón», se oyó al unísono al público y los artistas cantar. «¡Rompamos las cadenas, que ya acabó esta pandemia!». Bueno, pues cada quien decide como regresar a las andadas. Yo sin muchas esperanzas regresé con Los Punsetes, que no me imagino invitando a los de Maná. Por cierto, la banda telonera tocó un rock psicodélico. «Desde las alcantarillas de Guadalajara», expresó el guitarrista de la agrupación con un ritmo poderoso, su nombre Los Delgallo (nombre que es una mezcla entre el apellido de los músicos Delgado y el gallo de mariguana que les gusta fumar a cada rato). Su música instrumental sorprende a los asistentes, media hora después tuvieron que dejar el escenario para dar espacio a la banda madrileña tan esperada.

Luego del concierto cuando poco a poco el lugar se fue vaciando, la fiesta siguió en otro lugar. Un servidor se subió a una camioneta, la cual me llevó a pasar la noche entre amigos y Los Delgallo. Nada más que hacer. Qué juro que no soy yo, fueron las circunstancias.

«¡A la mierda con esta mierda!», pensé y dije: «¡Salud!»

Fuente: Revista Los cínicos / Original aquí.

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