Claudia Piñeiro

¿Cómo no voy a escribir novela negra si en mi país mataron a tantas mujeres en lo que va del año?: Claudia Piñeiro

Como en Las viudas de los jueves, en Elena sabe y en Una suerte pequeña, Claudia Piñeiro ahonda con maestría en los lazos familiares, en los prejuicios sociales y en las ideologías e instituciones que marcan los mundos privados. Esas son sus obsesiones. Una mujer además activista que finalmente es feliz porque la ley por el aborto ha salido en Argentina.

Ciudad de México, 17 de febrero (MaremotoM).- Esta es una de las novelas más entrañables de Claudia Piñeiro, autora argentina que ha ganado el Premio Clarín de Novela, el Sor Juana Inés de la Cruz y Pepe Carvalho de BCNegra, entre otros galardones.

Fundamentalmente porque nos hace cuestionarnos hasta la lágrima, todas nuestras creencias, las creencias que además han intentado poner en nuestras cabecitas y por ende esa soledad de la que habla siempre Woody Allen: “No podemos engañarnos, la vida no tiene sentido”.

Decir eso evitaría tantos sufrimientos, tantas idas y vueltas por prejuicios, sinrazones, incomunicaciones, las apariencias siempre obviando esa verdad esencial por la que todos deberíamos hacer un contacto con el otro.

Claudia Piñeiro
Esas son sus obsesiones: Catedrales. Foto: Ministerio de Cultura de Argentina Cortesía

Catedrales, una historia valiente sobre los secretos familiares, el fanatismo y la presión social ejercida sobre la mujer, cuenta la historia de una mujer abandonada, con el cuerpo descuartizado y quemado, en un baldío.

La adolescente murió sin culpables. Su familia, merced a su muerte, formal y católica, se fue resquebrajando. Pero, pasado ese largo tiempo, la verdad oculta saldrá a la luz gracias al persistente amor del padre de la víctima.

Como en Las viudas de los jueves, en Elena sabe y en Una suerte pequeña, Claudia Piñeiro ahonda con maestría en los lazos familiares, en los prejuicios sociales y en las ideologías e instituciones que marcan los mundos privados. Esas son sus obsesiones. Una mujer además activista que finalmente es feliz porque la ley por el aborto ha salido en Argentina.

–Siento que Catedrales es una novela entrañable, que fuiste hacia todas tus obsesiones hasta el final

–Creo que me interesa la pregunta como la planteaste, como ir al final de los temas que ya estaban de una manera más brutal. A veces algunos periodistas dicen: ahora aparece este tema, pero en realidad son temas que vienen dando vueltas. La hipocresía, las apariencias, el lugar de la mujer y en ese sentido la imposibilidad de hacerse un aborto en condiciones seguras, el feminicidio. En esta novela hay un ir un poco más allá y abrir la discusión a otros actores, que podría ser la iglesia.

–Me pasa que cuando uno tiene un tema trata de encontrar un libro que lo refleje. ¿Para ti ha sido El reino, de Emmanuel Carrére?

–El reino lo trabajé mucho el año pasado. Pero en 2009 yo escribí una serie para Netflix que se llamó precisamente El reino. Le íbamos a cambiar el nombre porque tiene el mismo nombre que el libro, pero me dijeron que podía quedar. Lo escribí con Marcelo Piñeyro, el director y guionista. Eso me sirvió muchísimo para trabajar con la religión evangélica, que está teniendo mucha influencia en Latinoamérica. El reino de Carrére es muy interesante y también lo que cuenta él como proceso y también los inicios del cristianismo.

Claudia Piñeiro
Catedrales, de Alfaguara. Foto: Cortesía

–A mí me apasionó El reino, es más interesante lo que le pasa a él que los inicios del catolicismo como dices tú. ¿Por qué la iglesia lucha en contra del aborto y no lucha por la planificación familiar?

–La verdad es que todo el manejo de la iglesia en torno a la sexualidad de la mujer, en torno al cuerpo para la procreación, es algo que tenemos que discutir y erradicar. Cualquier mujer tiene derecho a decidir su propia vida y si hay una mujer católica que decide que lo que los hombres determinan, es su derecho, es válido, pero no para todas las mujeres, en todas las naciones. La iglesia ha querido decidir por todas. Yo me pregunto por qué. Es como si tuvieran ese último baluarte y no lo quieren entregar nunca. Cuando hacíamos la lucha por el aborto en Argentina sufrimos mucho la presión de la iglesia. Y además, teniendo el Papa argentino, cualquier cosa que él dijera se iba a escuchar mucho más en nuestro país. El Papa dijo cosas como el aborto es un genocidio de guante blanco o quienes practican aborto son sicarios. Por suerte la ley salió y lo que pasó en Argentina es algo que se va a replicar en el resto de Latinoamérica. El movimiento feminista, que no entiende de fronteras, va a seguir por otros países y eso le preocupa a la iglesia. La iglesia es una institución patriarcal, no es que Jesús bajó y dijo tal cosa, sino que son las interpretaciones de los hombres que manejan el poder dentro de la iglesia.

–El tema del aborto en una familia muy pobre tiene que ver con la vida o la muerte

–Ese es el tema que nosotros intentábamos explicar cuando íbamos a hablar con diputados o senadores. La injusticia que una mujer rica pueda acceder a un aborto en condiciones de salud y la mujer pobre no.

–¿Por qué las mujeres conservadoras practican el aborto dentro de casa y afuera se oponen?

–La hipocresía es un tema que me interesa y se repite en mis novelas. Eso es como un sello de determinado tipo de familia. Me parece que ese tema lo trata John Irving en su novela Príncipes de Mayne, reyes de Nueva Inglaterra y en la película Las normas de la casa de la sidra. Había un orfanato donde el médico atiende a mujeres pobres que van a tener sus hijos y no los pueden criar. Mientras tanto, los mecenas del orfanato mandan a sus hijas a abortar. Este médico se empieza a plantear por las mujeres pobres que las obliga a ser madre y las ricas que mantienen el orfanato se practican abortos. ¿Cómo es eso? Esa disyuntiva la literatura las plantea muy bien.

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Claudia Piñeiro
La novela no tiene tanto que ver con lo policial sino con las relaciones que se dan a partir de un crimen, asesinato o muerte. En este caso arranca con una persona descuartizada y quemada, presuntamente asesinada. Foto: Ministerio de Cultura de Argentina Cortesía

–¿Qué sentido tiene para ti la familia normal?

–Como dice León Tolstói en Ana Karenina, todas las familias felices se parecen y las infelices lo son de una manera particular. La literatura en general se ocupa más de las familias particulares, hay ciertas instituciones que debe ser discutida. Esta cosa de que todo es dentro de la familia, si es familia hay que tolerarlo, la novela Catedrales trabaja sobre el discutir estos absolutos. La familia es un grupo de elementos circulando alrededor de un centro y algunos se relacionan entre ellos. Se les pide a las personas que respete a una institución con personas que no son respetables. La educación sexual integral a lo que se oponen tanto instituciones conservadoras como Con mis hijos no. Los delitos sexuales a niños se cometen dentro de la misma familia. Por supuesto que es lindo compartir cosas en familia si tu familia funciona bien, tienes que tener derecho a separarte, a armar tu propia historia, relacionarte con quien te interesa de ese grupo y con quien no te interese no.

–¿Por qué Lía se escapa en Catedrales?

–Hay personajes literarios que para poder construir su identidad necesitan alejarse. Hay que romper para poder ser uno mismo. Lo que le pasó a la familia Sardá, donde Ana, la hermana menor aparece descuartizada en un campo baldío, es tan doloroso que Lía lo único que hace es irse. Cada vez le resulta más difícil volver. De alguna manera elige ella Santiago de Compostela, para reafirmar su decisión. Reconoce que es atea y lo confirma en una ciudad atravesada por la religión. Rinde examen día a día en el lugar donde eligió vivir.

–¿Cómo se te ocurrió la novela? Contaste que viste una foto de una chica frente a un altar…

–En realidad lo que yo decía es que aparecen imágenes en mi cabeza y la imagen que me aparecía es esa chica que buscaba reparo donde no lo encontraba. Esas imágenes tienen la categoría de los sueños. La de una niña que buscaba un reparo que no encontraba.

–La muerte de Ana es sumamente dolorosa y se repite a cada minuto. Una pregunta que se plantea Catedrales y frente a cualquier feminicidio es que nadie ha podido evitar esa muerte…

–Por eso elegí contar esta historia en tantas voces. Para llegar a la verdad cada una de las personas que hablan tenían que hacer como una introspección y ver de qué manera uno estuvo involucrado en el asunto. Uno tiene que tomar conciencia de qué responsabilidad tiene, pues sino esto no lo resolvemos más. Una sociedad en la que vivimos y siguen pasando estas cosas, demuestra que no hay resortes del Estado que evite la muerte. Los policías que trabajaban con el asesino de Úrsula (un crimen que acaba de pasar en Buenos Aires) ¿no sabían lo que iba a pasar? Cuando fueron los amigos de Úrsula a protestar frente a la comisaría, ellos salieron a dispararles. Ahí hay toda una cuestión enquistada de proteger a los que pertenecen al cuerpo. En Argentina, cinco mujeres de 10 que fueron asesinadas por un feminicida, el victimario fue alguien que pertenecía a fuerzas de seguridad. Tienes un arma y tienes poder. No tengo dudas de que no son casos aislados de un feminicida que mata a una mujer, sino de que la mata porque entienden que pertenecen a una sociedad en donde te mandan la foto de una mujer desnuda por whatsapp y nos reímos y cuanto más violentado es ese cuerpo, más nos reímos.

–Has ganado el Premio Pepe Carvalho, algo que no se le da normalmente a una mujer

–Cuando fui a recibir el premio y tuve que dar el discurso dije que ¿Cómo no voy a escribir novela negra si en mi país mataron a tantas mujeres en lo que va del año? Recuerdo que yo había preparado el discurso y había puesto una cantidad de mujeres. Cuando repasaba el discurso tuve que corregir esa cantidad. Cuando lo leí, tuve que corregirla otra vez. En el 2021, en Argentina, mataron a una mujer cada 20 horas. Entonces, la novela negra, que está tan pegada a lo que pasa en una sociedad, es casi imposible que no dé cuenta de estos crímenes. No sirve de nada las preguntas de quién la mató y por qué. Las preguntas son otras. Quizás si haces esas preguntas te estás confundiendo. Lo que tienes que preguntar es qué pasó, por qué llegó a eso, qué resortes no saltaron, la novela negra corre sus límites para incorporar estos tipos de crímenes.

–¿Cómo está la literatura argentina?

–La literatura argentina está para mí en un momento extraordinario. Muchos escritores haciendo cosas buenísimas y muchas escritoras logrando reconocimientos internacionales. Camila Sosa Villada con el Sor Juana por Las malas. Antes lo había ganado María Gaínza. Mariana Enríquez, Selva Almada, Ariana Harwickz, Gabriela Cabezón Cámara, la producción literaria argentina está pasando por un momento muy bueno, porque hay mucho para contar y hay un lenguaje para contar un mundo que nos está explotando por todos lados.

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