Las bibliotecas

Cómo se deshace uno de una biblioteca valiosa

Desgraciadamente -pensé- hay dos razones principales por las cuales aparece de pronto una biblioteca tan excelsa: La ruina y la muerte. Es muy triste saber que cada que aparece un tesoro bibliográfico generalmente va ligado a un suceso trágico o penoso. En medio de esa melancolía elegí 45 libros.

Ciudad de México, 6 de febrero (MaremotoM).- Hace unos cayó una biblioteca fantástica en Portales y, aunque cada libro costaba un ojo de la cara, compré algunos ejemplares. Escogí entre unos dos mil libros los que consideré más significativos, más interesantes o más cercanos a mis intereses. Fue verdaderamente difícil porque esa biblioteca no tenía desperdicio. Cada volumen parecía estar escogido con un propósito. Lo primero que pensé fue porqué alguien se deshace de una biblioteca tan hermosa, que a todas luces duró años en adquirirla y que es el rostro material de un inmenso esfuerzo intelectual. Pocas veces había visto una selección de libros tan delicada. Desgraciadamente -pensé- hay dos razones principales por las cuales aparece de pronto una biblioteca tan excelsa: La ruina y la muerte. Es muy triste saber que cada que aparece un tesoro bibliográfico generalmente va ligado a un suceso trágico o penoso. En medio de esa melancolía elegí 45 libros.

Al llegar a mi casa y revisar cada volumen adquirido, me di cuenta de que el dueño de esa biblioteca es o era un conocido porque descubrí las marcas de compañeros del Callejón Condesa y la mía propia en los precios de los libros que normalmente se le ponen en la primera página con lápiz en la  esquina superior derecha.

Este libro M se lo vendió -pensé. Y esta letra es mía… ¿Quién era el dueño de esa biblioteca que nos compraba libros en el Callejón Condesa? ¿Estará bien? ¿Seguirá vivo?. Pero lo que me conmovió profundamente fue encontrar dos libros que F le había vendido.

Era un magnífico librero del callejón Condesa que venía de uno de los barrios más pesados de la Gustavo A. Madero: Casas Alemán. Aprendió el oficio y profundizó en él porque amaba los libros. A F. lo iban a visitar bibliófilos de todas clases y con distintos intereses porque F. siempre tenía la mejor selección de libros del Callejón Condesa. Lo mismo atendía estudiantes, que amas de casa, oficinistas, burócratas o intelectuales.

Cuando llegaban a visitarlo algún doctor en filosofía o en literatura, F se desenvolvía con una naturalidad sorprendente y a menudo sostenía conversaciones largas con sus clientes que a veces eran sus amigos. En ocasiones lo vi hacerla de terapeuta con personas que estaban perdidas en el limbo de la Galaxia Gutemberg. Siempre tenía palabras sabias para consolar los corazones de sus clientes que a menudo llegaban compungidos o de plano deprimidos. Cuando hablaba de literatura, argumentaba desde una apasionada intuición y eso fascinaba a los doctores que estaban aburridos de la rigidez de la academia y encontraban en él un interlocutor auténtico y sus conversaciones duraban horas. Era un maestro de la carrilla y nadie se salvaba de su negro humor que emergía de la profundidad del barrio mezclado con una erudición silvestre: “Antes eras el ecoloco y ahora eres el maestro limpio” le dijo cierto día a un librero que se había bañado ese día y se había rapado la mata… Todos nos cagábamos de risa siempre con las crueles bromas de F.o a veces nos tocaba la carrilla.

Te puede interesar:  La cultura andina nunca ha muerto: Rafael Dumett, autor de El espía del Inca
Las bibliotecas
F era muy querido en el Callejón Condesa. Foto: Cortesía

Nos tocó junto con F ver crecer durante más de 20 años muchas generaciones de lectores de jóvenes que ya no lo son y que ahora son doctores o padres de familia o desempleados, pero que siguen frecuentando al callejón para adquirir sus libros.

El martes que compré esos libros mi tarde se llenó de nostalgia por el recuerdo de F. Lamentablemente él y yo nos habíamos distanciado y nos retiramos el habla antes de que falleciera. Nos conocimos desde los 20 años y no nos dimos tiempo para una reconciliación antes de su muerte.

Si uno pregunta por F en el mundo de los libreros de esta ciudad seguro aparecerán muchos recuerdos chidos, profundos, densos. Él fue de los libreros del Callejón Condesa que hizo de ese espacio un lugar donde encontrabas los mejores libros y que ahora peligra por la embestida de la piratería y la pobreza bibliográfica que esto implica.

El libro Filosofía antigua, misterios y magia, de Peter Kingsley, editado por Atalanta y seleccionado por el Conde de Siruela que compré en Portales y que tenía la letra de F. fue como un espejo que me hizo ver cómo  mi soberbia a menudo me aleja de las personas que quiero. Sin personajes como F el Callejón Condesa no sería lo que es a pesar de todo: Un pasaje donde puedes encontrar los mejores libros a buen precio.  

Comments are closed.