Diarios y revistas

Compre su periódico con Tello

Tijuana, 16 de junio (MaremotoM).- Al final de la Avenida Internacional de Tijuana, metros antes de la entrada a la Vía Rápida, aguarda Tello. En los tiempos en que un semáforo se interponía frente a la entrada a la Vía Rápida, Tello fue un próspero microempresario, pez en las turbulentas aguas donde yacían cientos de carros detenidos que compraban sus periódicos. Tello es el voceador más famoso de Tijuana y por mucho el más creativo.

“Compre su periódico con Tello. Los chistes son gratis”, puede leerse en una cartulina.

Uno de los enigmas que encierra cada mañana esta ciudad, es tratar de adivinar con qué sombrero saldrá a trabajar Tello. Su colección parece ser infinita.  Mi favorito es uno de langosta con enormes tenazas. Puro estilo Puerto Nuevo. También tiene uno de alce y otro de bufón entre otros tantos. Si vives en Tijuana y circulas por esa avenida que corre paralela a la barda fronteriza, te sugiero que vayas con Tello, le compres un periódico y si puedes, te tomes una foto con él. Algún día no muy lejano lo vas a extrañar y le hablarás a tus hijos de él o de los personajes como él que podías ver en algunos cruceros de la ciudad y que ahora no ves más. A tu hijo, o acaso a tu nieto, le dirás que en “tus tiempos” (uhh, cómo ha llovido desde entonces) las noticias del día eran presentadas en un papel. “¿Te imaginas hijo? En un papel, un papelote donde amontonaban fotos y textos”. Le contarás que la ciudad estaba llena de personas que se dedicaban a venderte esos papeles con noticias, que algunos como Tello utilizaban creativos disfraces para atraer clientes y a tu nieto le parecerá algo tan lejano y curioso como el concepto de los trovadores medievales que iban de aldea en aldea recitando romanceros en los que daban cuenta de las hazañas de los héroes en las Cruzadas. Tello es el representante de un mundo al que le estamos diciendo adiós en forma mucho más acelerada de lo que en un principio pensamos.

Este sui generis voceador, cuyos originales sombreros hacen sombra a la nariz de payaso, enfrenta una serie de obstáculos que han afectado sus ingresos en los últimos años. El problema más notorio para él, es que en la Avenida Internacional ya no hay semáforo. El caos vial no pasó a la historia, pero los carros ya no se detienen por completo y Tello se la ve algo complicada para poder ofrecer su periódico. Aún así, ni el ánimo ni la creatividad decaen. Con chistes actualizados y sombreros en permanente renovación, Tello apuesta a que los carros puedan a medias orillarse a la derecha, pero la operación trae consigo un riesgo y volverse a incorporar a la avenida es asunto de suicidas. Pese a todo, el voceador y su sombrero de langosta siguen ahí.

Te puede interesar:  Nacho Vegas presenta "El Don de la Ternura"

El de Tello, como el mío, es un oficio en proceso de irremediable extinción. La prensa impresa muere. Voceadores y reporteros somos animales acorralados cuyo ecosistema es cada vez más hostil. Si bien la desaparición del semáforo acarreó varios clavos al ataúd, lo cierto es que en los últimos años Tello ya había ido perdiendo clientes. Todos esos apurados tijuanenses de estrés en el rostro y radio en la mano, corren a sus oficinas para prender sus computadoras y enterarse en las ediciones electrónicas de los periódicos sobre la caída del peso frente al dólar, las bajas en la guerra contra el narco y los nuevos impuestos aprobados por nuestros diputados, noticias que a medias ya masticaron con algo de café cuando consultaron su blackberry mientras desayunaban en casa. La portada del periódico que Tello alza en su brazo ya no les dice nada nuevo, pero hay algo que los impulsa a seguir comprando esos papeles con tinta que acabarán en el cesto de basura antes del anochecer. El de Tello parece un gremio de otra época y sin embargo cientos de familias sobreviven y han sobrevivido gracias la venta de periódicos. Claro, en un mundo donde el credo de vida es lo práctico y lo cómodo, cuesta trabajo imaginar a cientos de personas aguardando en la helada madrugada afuera de las prensas la salida de toneladas de papeles atiborrados de tinta. El ritual se repite cada madrugada del año por generaciones y generaciones, pues el de voceador es un oficio familiar que las más de las veces se hereda de padres a hijos.

Podríamos agregar también que las portadas mostradas en lo alto por el brazo de Tello son cada día más desoladoras y no únicamente por los niveles “tarantinescos” del gore criminal, sino por el absurdo medieval de las políticas fiscales. En muchas de las portadas mostradas por Tello, referentes a caídas de incomprensibles puntos porcentuales en la bolsa de valores, quiebras, bancarrotas y recesión creciente, se escribe en mensaje subliminal el próximo e inminente final de su oficio y el mío. Sí, el periodismo impreso estaría de cualquier forma irremediablemente condenado, pero la recesión económica de 2008 y 2009 ha acelerado su muerte. Muchos periódicos de Estados Unidos no pudieron sobrevivir al bache financiero y otros tantos quedaron heridos de muerte. Con todo y contra todo, Tello sigue ahí. Los periódicos se venden menos, es cierto, pero no es tiempo de rendirse. La vida muerde duro y Tello, guerrero de las calles, sabe bien que es preciso pelear la contra cada mañana, aunque la batalla esté en apariencia de antemano perdida.

Comments are closed.