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Condena para la violencia contra las mujeres

Una preocupación fundamental que se visibilizó durante la pandemia por el COVID-19, fue el alarmante aumento de las denuncias de violencia de pareja íntima y de la violencia intrafamiliar hacia niños y adolescentes, debido a que las restricciones de movilidad dejaron a las personas sobrevivientes atrapadas con sus agresores.

Ciudad de México, 6 de diciembre (MaremotoM).- El 25 de noviembre se conmemora el “Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres”, al tiempo que comienzan los “16 Días de Activismo en contra de la Violencia de Género” que culminan el 10 de diciembre con el “Día de los Derechos Humanos”.

En el marco de estos importantes días de conmemoración, el Sub-Grupo de Trabajo de Protección para Atención a la Violencia de Género coordinado de manera conjunta por la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en México, hacemos un llamado a todos los actores relevantes y a la población en general a poner fin a la violencia contra las niñas, las adolescentes y las mujeres, considerando el impacto diferenciado y los riesgos específicos que enfrentan, particularmente cuando son refugiadas, solicitantes de asilo, migrantes y desplazadas.

Pese a los crecientes y relevantes esfuerzos y compromisos en la lucha contra la violencia de género en últimos años, ONU Mujeres ha destacado que ésta sigue siendo la afectación de derechos humanos más generalizada en el mundo; lamentablemente, desde hace más de una década se ha mantenido la estimación de que una de cada tres mujeres han experimentado violencia de género, y de manera más reciente se ha calculado que a nivel mundial una niña, adolescente o mujer muere asesinada por alguien de su propia familia cada 11 minutos.1 En el caso de México nos enfrentamos a cifras abrumadoras ligadas al feminicidio, al día son asesinadas 12 mujeres en nuestro país.

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OIM México / Alejandro Cartagena

Una preocupación fundamental que se visibilizó durante la pandemia por el COVID-19, fue el alarmante aumento de las denuncias de violencia de pareja íntima y de la violencia intrafamiliar hacia niños y adolescentes, debido a que las restricciones de movilidad dejaron a las personas sobrevivientes atrapadas con sus agresores.

En este contexto ya de por sí complejo, las niñas, adolescentes y mujeres en contextos de movilidad humana experimentan riesgos diferenciados y exacerbados de vivir violencia sexual y de género, al encontrarse alejadas de redes de apoyo que normalmente podrían tener en sus países y comunidades de origen y al enfrentarse a relaciones de poder desiguales que se agudizan.

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En particular, las niñas, adolescentes y mujeres solicitantes de asilo, refugiadas, migrantes y desplazadas, enfrentan riesgos elevados de violencia sexual, violencia de pareja íntima, venta e intercambio de sexo como mecanismo de supervivencia y trata con fines de explotación sexual, entre otros.

Por otra parte, los conflictos, la violencia política, el cambio climático, los desplazamientos forzados, la desigualdad social, la inseguridad alimentaria, la urbanización desmedida y la digitalización están creando desigualdades profundas y mayores injusticias y de opresiones sistémicas que contribuyen al aumento de la violencia basada en género, incluidas las prácticas nocivas de género como el matrimonio o uniones infantiles, tempranas o forzadas, la división de género del trabajo, que se invisibilizan por considerarse socialmente aceptadas.

La creciente evidencia revela que, en tiempos de crisis o emergencias, el número de niñas y adolescentes unidas de manera temprana y forzosa aumenta considerablemente, a la vez que se quedan sin apoyos o son víctimas de consecuencias fatales, debido a las deficiencias en los servicios de protección. Asimismo, las necesidades de salud sexual y reproductiva se pasan por alto con facilidad; sin embargo, estas necesidades continúan presentes y se acentúan en situaciones de emergencias humanitarias.

Para afrontar estos riesgos y retos, resulta fundamental el trabajo conjunto, multisectorial y transversal dirigido tanto a la prevención y la mitigación como a la respuesta de violencia de género. Es clave que participen todas las instituciones de Estado mexicano, así como las organizaciones de la sociedad civil, la iniciativa privada, las instituciones de desarrollo, y la población en su conjunto para lograr respuestas articuladas, integrales, profundas y duraderas a fin de lograr una transformación plena y respuestas suficientes a la violencia de género, asegurando que no se queda nadie atrás, incluyendo las mujeres, jóvenes y niñas solicitantes, refugiadas, migrantes y desplazadas en toda su diversidad. Es clave, también, que todas las personas nos hagamos cargo de esta tarea desde nuestros diferentes sectores y posibilidades, que cada persona se convierta en un activista contra la violencia de género, porque su continuidad resulta inaceptable.

Desde el Sub-Grupo, las diversas instancias y organizaciones participantes nos comprometemos a seguir trabajando a favor de la erradicación de la violencia de género, así como velar por respuestas de calidad para las personas sobrevivientes de esta violencia que atendemos todos los días, y nos unimos – estos 16 días, y siempre – en contra de la violencia de género.

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