Cristina Rivera Garza

“Conforme avanza la violencia en México, El mal de la taiga alcanza la realidad”: Cristina Rivera Garza

Volver a leer la novela El mal de la taiga (ahora por Literatura Random House) es retornar al tiempo del futuro. Entendemos muchas más cosas de la que entendimos hace unos cuantos años cuando fue publicada por Tusquets.

Ciudad de México, 17 de junio (MaremotoM).- Una ex detective vuelve, después de mucho tiempo y bastantes fracasos, a aceptar un caso: encontrar y traer de vuelta a una mujer que abandonó a su marido para huir con otro hombre hacia el interior de la taiga. Este marido traicionado está convencido, por un breve telegrama que recibió, que en realidad su segunda ex esposa quiere que él la encuentre. La ahora escritora de novelas negras contrata a un traductor para que se internen en ese bosque donde cosas extrañas suceden, donde la realidad se distorsiona y donde la traducción misma comienza a traicionar el sentido del lenguaje y de los sentidos.

Volver a leer la novela El mal de la taiga (ahora por Literatura Random House) es retornar al tiempo del futuro. Entendemos muchas más cosas de la que entendimos hace unos cuantos años cuando fue publicada por Tusquets.

El tema es que los escritores (siempre lo decimos) son precursores y siempre adivinan el futuro, lo que va a pasar mucho tiempo después. Tal vez sea algún mecanismo inconsciente, nunca piensan exactamente lo que dicen, pero cuando las novelas duran tantos años y ahora retorna como escrita por primera vez, hay que pensar que su autora, Cristina Rivera Garza, se ha ido consolidando como una de nuestras más sólidas escritoras.

En la entrevista le pregunto si sabe que hay una tradición que emerge de ella, sobre todo en estas nuevas escritoras como Mariana Enríquez, como Fernanda Melchor, autoras que además del horror pintan todo lo que pasa alrededor. Además de explorar la realidad, se someten también a la fantasía literaria con gusto y mano ancha.

Cristina Rivera Garza
Reedición de una de las mejores novelas de Cristina Rivera Garza. Foto: Literatura Random House

Cristina evade un poco la respuesta pero da muchos elogios para estas nuevas escritoras que la hacen sentir menos sola y que hoy están dando lo mejor que hay que leer en Latinoamérica.

–Leer ahora El mal de la taiga me proporciona diferentes sensaciones

–Bueno, creo que esa es las cosas maravillosas que hacen la traducción, la reedición, aunque se trate del mismo texto arriba a un mundo que es distinto y se enfrenta a ojos y a tradiciones de lecturas que también son distintas. En ese sentido nos estamos enfrentando a un texto radicalmente transformado por un tiempo, por el espacio y en el caso de la traducción por la lengua también.

–Los escritores son como visionarios. Ahora vemos el capitalismo, con todos sus efectos, mucho más de cuando sacaste la novela por primera vez

–Una de las cuestiones que me interesaba mucho acerca de los personajes que están en este bosque, que es un poco encantado de los cuentos, pero también el bosque de la rapiña y el bosque donde hay signos del fin del mundo, era poner sobre nuestra mesa de discusiones este bosque del capital. Con sus consecuencias más arteras y más visibles. Creo que tienes razón, no es que no existiera antes, creo que conforme avanza la violencia en México, mientras avanzan las consecuencias tremendas de esas contradicciones, el libro que tenía cuestiones simbólicas, alcanza la realidad. En ese sentido, es triste y está bien al mismo tiempo.

–Pensaba un poco en esa tradición, que siempre hablas de eso, me doy cuenta ahora de lo que significa poner a una detective

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–Sí, claro. Una de las cosas que me ha parecido más interesante y hablo aquí de la traducción al inglés que se produjo el año pasado, cuando un libro se pone ante distintos ojos produce otros efectos de lectura. El libro ahora es finalista de un concurso muy especial, el Shirley Jackson, que se da para los libros de horror, de suspenso psicológico y de lo fantástico oscuro y yo recuerdo que cuando el libro salió en el 2011, eso no era entendido que se asociara directamente a El mal de la taiga. Siento que ahora, después de discusiones que se han dado de literatura con L mayúscula, con géneros y subgéneros literarios, permite una lectura más compleja, mas armada hacia escrituras distópicas, hacia ficciones especulativas acerca del futuro y lo mismo sucede en el caso de la detective mujer. Creo que las discusiones están álgidas no solo en México sino en otros lados de Latinoamérica, sobre el #metoo, el lugar del feminismo, nos permiten ver por qué es relevante incluir esta otra visión dentro de las otras que ya existen el mundo.

–Me pareció que esta podría ser una serie distópica

–Ojalá fuera así. La historia da para más, he estado visitando y revisitando el tema. La curiosidad de la detective, su atención al detalle, se me hace un personaje rico, que ha aparecido en muchos libros y es probable que empiece otra vez a aparecer.

–En la contraportada dice la ahora escritora de novelas negras, siempre hablamos de esto

–Mira, cuando uno está escribiendo tiene control sobre su texto, pero no tiene control sobre los otros textos. Ahora con el concurso Shirley Jackson, donde El mal de la taiga es considerada una novela de horror, me sorprende gratamente, veo que el que esté abierta a tantas interpretaciones, habla de una estructura novelística que lo está permitiendo, puede actualizarse, puede sobrevivir, puede estar en varios presentes.

–Las autoras más jóvenes, como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, ¿se enmarcan dentro de la tradición que tú has impuesto?

–Son parte de una literatura maravillosa, energética, que le están dando un montón de vueltas de tuerca a lo que se hacía antes, que nos están enseñando cosas hacia el futuro: Mariana Enríquez, Liliana Colanzi, Fernanda Melchor, hay un montón de escritoras a las que tenemos que ponerles atención y que están haciendo lo que les da la gana con el lenguaje, algo que me entusiasma mucho.

–¿Tú no estás con una especie de tradición que has formado?

–Bueno, me ha interesado mucho estar pensando sobre maneras colectivas de producir escrituras, con sus comunidades de producción y de distribución, he estado pensando y escribiendo sobre la necesidad de ser aventureros y de explorar tan radicalmente como podamos nuestros instrumentos, de cuestionarlos tanto como podamos, si eso forma parte de alguna tradición de la que soy parte yo encantadísima.

–¿La taiga es para ir o para quedarse?

–Para pasar por ahí. ¿Cuando nos estamos alejando, cuando realmente lo estamos haciendo, podemos reportar algo desde ese mundo extraño al que llegamos? ¿Cuando nos vamos es posible del todo regresar? Creo que esas son como las grandes cuestiones que se plantea el texto. Las respuestas van a venir de acuerdo a las energías y a las intenciones que traigan los lectores.

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