Hugo Gola

Constelación Hugo Gola

El taller de Hugo Gola. Dos atisbos memoriosos de Moira Bailey y Juan José de Giovannini publicado por E1 Ediciones es una interesante aproximación de lo que sucede en un taller literario. Más allá de la didáctica, los talleres son puntos de encuentro, reuniones en las que se evade la noción moderna de aprendizaje para buscar los descubrimientos inesperados.

Ciudad de México, 15 de septiembre (MaremotoM).- Los talleres literarios en México han dejado una huella. Juan José Arreola, Augusto Monterroso o Eusebio Ruvalcaba son algunos nombres que formaron a escritores de diferentes generaciones.

A esta genealogía debería añadirse el que impartió, en diferentes sedes, el poeta argentino radicado por mucho tiempo en México Hugo Gola (1927-2015). A través de los años este taller dialogó con otros proyectos como las revistas Poesía y Poética y El Poeta y su Trabajo. Además, fue caldo de cultivo de futuras editoriales como Mangos de Hacha o Mula Blanca. Mucha de la poesía y de sus reflexiones escritas en México en las últimas décadas son deudoras directas o indirectas del taller de Gola.

El taller de Hugo Gola. Dos atisbos memoriosos de Moira Bailey y Juan José de Giovannini publicado por E1 Ediciones es una interesante aproximación de lo que sucede en un taller literario. Más allá de la didáctica, los talleres son puntos de encuentro, reuniones en las que se evade la noción moderna de aprendizaje para buscar los descubrimientos inesperados.

Moira Bailey en su texto “Ese constante goteo” reconstruye la memoria del taller a partir de su formación como estudiante universitaria. Una de las aportaciones más interesantes de este recuerdo es la labor de Gola como intermediario de otros poetas y de otras tradiciones. Una de las más constantes y perdurables fue la poética oriental. La mirada que se privilegia es la del asombro ante los eventos mínimos pero milagrosos de la vida. A través de esa apuesta, que viene de China y Japón, Hugo Gola supo destilar la poesía norteamericana del siglo XX y llevarla al encuentro de los nuevos creadores

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Juan José de Giovannini escribe en “Hugo Gola, el narrador” la versión de un poeta como contador de historias. Una idea interesante es mirar al poeta argentino como los filósofos griegos que enseñaban en la plaza pública a través de la palabra y el ejemplo. A través de la experiencia de Giovannini podemos acercarnos, aunque sea brevemente, a Gola protagonizando un magisterio que trascendía el aula para llegar a la plática uno a uno. El taller, como quizás sepan muchos, empieza justamente cuando termina la sesión y entran en juego elementos como la bebida y la comida. Eliminados los límites entre maestro y alumno se pueden entender las últimas lecciones. Hay, en las memorias de los discípulos, un espíritu de continuidad. Quizás por eso podemos pensar en el taller de Hugo Gola como una obra en proceso, conformada por revistas, editoriales, testimonios, influencias, fotografías y revelaciones que surgen con el paso del tiempo.

El taller de Hugo Gola es un título que apuesta a la memoria y a las diferentes formas de acercarse a ella. Vale la pena acercarse a estos testimonios para entender los caminos misteriosos y siempre sugerentes que, muchas veces, toma la enseñanza literaria.

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